viernes, 19 de septiembre de 2014

¡Feliz Día del Bibliotecario!

Eduardo Campech Miranda

Ayer 20 de julio se celebró el Día del Bibliotecario en nuestro país. Es altamente probable que haya pasado desapercibido para el grueso de la población. No hubo pronunciamientos gubernamentales. No, al menos en el territorio estatal. Tampoco hay felicitaciones en racimo. Ayer fue el Día del Bibliotecario, y peor aún, no todos los bibliotecarios se enteraron.

Lo anterior responde, entre otras causas, a la invisibilidad de la profesión. Me refiero, primordialmente, a los bibliotecarios públicos. Ignoro por completo el ámbito de aquellos colegas que se formaron en una universidad.

La mayoría de las veces el personal bibliotecario llega de manera azarosa a su cargo: es premio y castigo de las campañas electorales, compromiso de familia o amistad, sucursal de Siberia en México. Ciudadanos que, como lo he dicho en otras ocasiones, la primera vez que pisaron una biblioteca fue para solicitar trabajo o asumir un cargo.

Dentro de ese universo se destacan aquellos que se identifican con su labor. Esos que descubrieron que su materia prima son los libros y la lectura, y su razón de ser, la sociedad. Esos que ante la carencia de material, le brindan opciones al usuario. Porque justo es decir que también hay de esos.

¿Cómo puede el bibliotecario despojarse de esa invisibilidad? En primer lugar, asumirse como bibliotecario y no como cuidador de libros. No basta con organizar, acomodar, alinear el material bibliográfico. No es suficiente con dar, en mano, el libro a quien lo solicita. Y es lamentable un “no sé” o “no lo tenemos”. Hay que brindar opciones, hay que sumergirse en los libros. Bibliotecario que se aburre en su trabajo, no sirve.

En segundo lugar debe proyectar su trabajo más allá de los muros de la biblioteca. Estos espacios son concebidos como una extensión de la escuela. Debe ser capaz de mostrar por qué es importante su trabajo para el ama de casa, el mecánico, la cocinera, el taxista. Al realizar lo anterior, está diciendo a la sociedad: “cualquiera puede cuidar los libros, pero no cualquiera puede acercarte a la información.”

Es así, por lo descrito en el párrafo anterior, que el bibliotecario no puede ser inmune a las transformaciones que sacuden a nuestra sociedad. Es decir, debe aprender a manejar las nuevas tecnologías, informarse a través de ellas, desarrollar el criterio de selección de fuentes electrónicas, vincular éstas con los libros, complementarlos.

Existen bibliotecarios que se precian de contar con diez o más años de experiencia, sin embargo, su práctica es la misma desde que iniciaron. Otros, en cambio, se preparan, se forman, indagan, para su crecimiento personal y profesional. Leen, lee tan bien, que su sentido crítico se agudiza y cuestionan. Mal asunto, a los señoritingos del poder no les gusta que los sometan a juicios. Todo lo que hacen están bien y es por nuestro bienestar. Entonces el bibliotecario se expresa, propone, y firma su próxima salida de la biblioteca.


Felicidades, pues, a todos aquellos bibliotecarios que se enorgullecen de serlo, y que día a día, lo demuestran con su trabajo.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, julio 21 de 2014.

Mis Vacaciones en la Biblioteca 2014

Eduardo Campech Miranda

Como cada verano las bibliotecas públicas del país abren de par en par sus puertas, y sus libros, a la espera de miles de pequeños dispuestos a pasar momentos divertidos con los libros. Esta es la coyuntura para que aquellas bibliotecas que se quejan amargamente por la falta de asistentes, entablen una nueva dinámica de interrrelaciones.

Es así que la Biblioteca Pública Central Estatal “Mauricio Magdaleno” ofrece una variada oferta de actividades, buscando generar diálogos significativos en torno a los libros y la lectura, dentro de los espacios de los talleres, pero también en los hogares. En este marco se podrán encontrar espacios para personas desde los cuatro años de edad. A continuación brindo una pequeña descripción de cada taller, dependiendo del rango de edad:

En el turno matutino, para los preescolares, de cuatro a seis años: “Detrás de la puerta”, buscará que algunos de los principales temores de los niños afloren en este taller, no para tratarlos, sino para desmitificarlos y suavizar sus efectos nocivos; “Leamos juntos para escucharnos más”, proporciona herramientas mediante experiencias vivenciales de orientación a los padres de familia, abuelos, tíos o cualquier adulto a cargo de un niño o incluso joven, para que sean mejores acompañantes de los chicos en su actividad lectora; “Lo maravilloso del Universo”, hará un viaje a través de la imaginación, donde aterrizarán en la Luna, las estrellas y el Sol; “Carrusel de palabras”, brinda a los niños pequeños actividades y juegos vinculados a lecturas y juegos de palabras y “Pomparricas de colores”, busca contribuir a que los niños encuentren opciones para expresarse y comunicarse mejor, así como desarrollar sus habilidades para ser capaces de dar soluciones creativas a los retos y problemas de su entorno.

De seis a diez años: “Inteligencia emocional”, el objetivo del taller es conocer y aprender a identificar las distintas emociones en uno mismo y en los demás, así como estrategias para gestionarlas, es decir, la regulación emocional, todo ello desde una temprana edad. De siete a diez años: “Rincón de la imaginaria”, es un taller donde la palabra se vuelve creadora, exploradora, vehículo de libertad. A través de juegos los asistentes crearán y leerán adivinanzas, trabalenguas, caligramas, acrósticos, inventarán palabras, reescribirán cuentos, inventarán títulos. De nueve a doce años: “Tradiciones, leyendas y personajes de Zacatecas”, en este taller busca rescatar, y difundir, entre los pequeños asistentes las tradiciones de la capital zacatecana. Además de brindar información de los personajes emblemáticos de la entidad y emocionarlos con las leyendas populares y “Dibujo y pintura”, aprenderán lo básico del dibujo, desde ejercicios musculares hasta dibujos con sombras y perspectiva.

Para los mayores de once años la oferta también es variada: “Cortázar. Factoría de minificción”, propone la creación de textos breves y la lectura del cronopio mayor; “Los hombres del centenario”, difunde la obra de tres escritores que cumplen cien años: Octavio Paz, Efraín Huerta y Adolfo Bioy Casares; “CreArte” propone cinco procesos creativos muy interesantes. El fin es presentar algunas maneras de aprender a ver con otros ojos nuestro entorno, nuestro propio ser; escuchar historias, asimilarlas, sentirlas, analizarlas y evocar, imaginar, visualizar... Y después de ello tener la libertad para crear. Y para los mayores de doce años: “Computación”, dirigido a aquellos que ya tienen nociones del tema y buscan conocer más. “Macramé”, el arte de hacer nudos con hilo cáñamo; “Tejido”, donde se vinculan el arte del gancho, la lectura y la conversación.

En el turno vespertino, “Macramé”, para todas las edades; “Pintura al óleo sobre tela”, para niños de siete a doce años, aquí se enseñará al niño la combinación de los colores primarios y los neutros, para esto ello tendrán una paleta de colores en la cual harán mezclas que en muchas ocasiones parecen complicadas pero la imaginación será su mejor herramienta, y “Guitarra Básica” para mayores de doce años, quienes conjugando la teoría y la práctica, alcanzarán hacia la tercera semana interpretar melodías en Sol y Do.


Las inscripciones serán del 14 al 18 de julio, iniciando las actividades el 21 de julio, para concluir el 8 de agosto. Todos los talleres tienen cupo limitado a veinticinco asistentes y son completamente gratuitos. El único requisito es prestarse en las instalaciones de la biblioteca con una copia del acta de nacimiento del participante. Los menores de edad deberán ser inscritos por un adulto. Mayores informes y dudas al 9240562 y en la página de Facebook: Fomento a la Lectura. Coordinación Estatal de Bibliotecas Zacatecas.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, julio 14 de 2014.

jueves, 18 de septiembre de 2014

Y si Adelita se fuera con otro: el taller II


Eduardo Campech Miranda

En la cuarta sesión recuperamos el tiempo y las actividades pendientes del día anterior. Iniciamos eligiendo un corrido por asistente. Luego dibujarían algo alusivo. Varios de los participantes manifestaron su poca destreza al dibujar, por ello se les brindó la opción de copiar un dibujo de algún libro. Así lo hicieron, y con él se dispusieron a diseñar títeres planos, elemento fundamental de las sombras chinescas. Para cerrar el encuentro se proyectaron unas imágenes de las épocas porfiristas y revolucionarias, y otras más del Archivo Casasola. Este día un nuevo integrante llevó una guitarra y dos de los asistentes quisieron compartir la interpretación de corridos, cantados y recitados.

El viernes se abordó someramente la figura de José Guadalupe Posada. Se mostraron algunos libros que tratan de la vida y obra del hidrocálido. Con material económico (charolas de unicel, pintura vinílica, lápiz, hojas y una prensa para hacer tortillas) se elaboraron grabados con temas de corridos. La variedad hizo presencia: desde los corridos revolucionarios (“La persecución de Villa”, hasta “Camelia la texana”. La participación fue entusiasta.

Para el último día se les pidió que llevaran impresos los temas que se les habían hecho llegar vía electrónica. Así, de una selección de veintidós corridos (mismos que también se les obsequió), ellos escogieron cuáles deseaban cantar. La sala Hermanos de Santiago fue testigo de cómo “La Adelita”, “La toma de Zacatecas”, “La rielera”, “El caballo blanco”, “La cárcel de Cananea”, “Rosita Alvírez” (con el toque de humor de El Piporro), “La cucaracha” inundaron el ambiente, al grado de llamar la atención de una pareja de turistas. Para cerrar, cada asistente escribió un corrido a partir de palabras derivadas de un juego de lotería.

La experiencia fue rica. El observar la compenetración que se alcanza en un grupo heterogéneo (había abogadas, ingenieros, maestras, amas de casa, estudiantes universitarias, estudiantes de secundaria) cuando se persigue un fin común.


Y si Adelita se fuera con otro, es sólo uno de las decenas de talleres que se pueden ofrecer en distintos espacios de lectura (bibliotecas, casas de cultura, salas de lectura), y con ello posibilitar la accesibilidad que refiere Judith Kalman.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 30 de junio de 2014.

Y si Adelita se fuera con otro: el taller I


Eduardo Campech Miranda

Hace ya varios años que el equipo de asesores de la Subdirección de Fomento a la Lectura, de la Dirección General de Bibliotecas, del conaculta, realiza año con año una serie de actividades de Animación a la Lectura las cuales se publican y distribuyen como manuales. Si bien el propósito inmediato de estos materiales es dotar al bibliotecario de una guía para la realización de los talleres de verano (y de conmemoraciones específicas: día de muertos, Navidad, etc.) y con ello generar una serie de actividades que propicien la formación de lectores (entendiéndose que esta labor lleva implícita una periodicidad y recurrencia), éste se pierde en la temporalidad. Es decir, pocas son las bibliotecas públicas que rescatan propuestas de años anteriores para ofrecer talleres en la actualidad.

Del baúl de esos recuerdos es como recuperé un taller diseñado por la siempre creativa Rocío del Pilar Corra: Y si Adelita se fuera con otro. Seis sesiones que abordan en tema del corrido mexicano como pretexto para generar curiosidad y deseos de leer más del tema, o de los temas periféricos. Es así como en el marco de la celebración del Centenario de la Toma de Zacatecas impartí ese taller.

La experiencia fue sumamente rica puesto que Correa supo conjugar distintas manifestaciones artísticas (música, literatura, fotografía, plástica) con la historia. El eje rector fue la lectura. No de una obra completa, la intención era dejar sembrada la semilla en cada uno de los asistentes, para que posteriormente acudan a la biblioteca, librería o sala de lectura de su preferencia y concluyan el texto. Las sesiones, seis, fueron variadas en actividades y materiales. A continuación presentaré una reseña de ellas:

Primera sesión: Se realizó una introducción del taller. Por equipos investigaron los antecedentes líricos e históricos del corrido y la influencia y penetración que ha tenido en nuestras vidas. Asimismo escuchamos la música de un corrido de la época de independencia (“Corrido de Valerio Trujano”). Y realizaron un ejercicio de escritura de un corrido. El segundo día, con un círculo de lectura como estrategia, conocimos un poco más de la vida de Francisco I. Madero. Los asistentes se sorprendieron con algunos datos de la vida de este personaje: su afición por el espiritismo, el terremoto que azotó a la Ciudad de México el día de su entrada triunfal, que la “I” de su nombre es una abreviación de Ignacio, no de Indalecio, y el paso del cometa Halley por la tierra en 1910. Después leímos los corridos dedicados a Madero y comparamos las versiones.


La tercera sesión abordamos los corridos villistas y zapatistas. El grupo se dividió en tres equipos, dos de ellos investigarían las vidas del Caudillo del Sur y del Centauro del Norte, el tercero, el episodio de la Toma de Zacatecas. La segunda parte de la actividad no la realizamos. La presencia de un invitado inesperado (Pepe Aguilar) generó mucha expectación entre los asistentes. Así que en la cuarta sesión retomaríamos lo que quedó pendiente (de igual manera, la próxima colaboración continuará esta reseña).

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, junio 23 de 2014.

El mundo hundido por un balón


Eduardo Campech Miranda

En 1986 contaba yo con catorce fabulosos años. Mi padre y mis tíos me contaban de la fiesta que fue la edición de 1970 de la Copa Mundial de Futbol. En esa edad poco me importaban los problemas nacionales, y menos aún los libros. La vida era cumplir en la secundaria y jugar futbol. Todo el tiempo, todo el día, a todas horas.

Jugaba en las fuerzas básicas de los Coyotes del Neza. Ahí tuve como compañeros a dos chicos que serían jugadores profesionales años después: Joaquín Moreno (campeón con Cruz Azul) y Armando Polanco (quien militó en las filas del Argenta zacatecano). El resto no pasamos del sector amateur. Como integrantes del club, cada quince días ingresábamos al estadio y realizábamos la labor de baloneros (esos chicos que están al pendiente de entregar el esférico lo más pronto posible), y en el medio tiempo éramos protagonistas de un minipartido.

El estadio, que entonces tomó el nombre de Neza 86 y dejó el de José López Portillo, sería sede del Mundial de México. Ingenuos, pensamos que nuestra labor en los partidos disputados en el inmueble seguiría intacta. No contábamos con que los hijos de los directivos tenían reservación. Decía que el estadio estaba en una zona muy marginal. Las casas estaban construidas de láminas, cartones, madera. En muchas de ellas se podían ver criaderos de cerdos en los patios.

Hacia mediados de mayo de ese año, como por arte de magia, el escenario cambió: calles pavimentadas, todas (sí, dije todas) las casas aledañas contaban con una fachada colorida, construida con tabiques y cemento. No idénticas, pero sí con un diseño en común. El Dios FIFA había pasado por Neza.

Eduardo Galeano, en su libro El futbol a sol y sombra, describe cómo era el mundo en ese entonces: Duvalier escapaba de Haití, lo mismo hacía Ferdinand Marcos en Filipinas; nuestro planeta recibía la visita del Halley; en Japón se suicidaban veintitrés jóvenes emulando a una cantante; un terremoto sacudía a El Salvador; Chernobyl quemaba su cielo (Sabina dixit). Felipe González asumía la cabeza de la OTAN; morían Olof Palme, Henry Moore, Simone de Beauvoir, Jean Genet, Juan Rulfo, Jorge Luis Borges y Mauricio Magdaleno.


Decían que el mundo estaba unido por un balón. No, el mundo es un balón cuyos dueños no nos dejan jugar a una gran mayoría. Sólo somos espectadores de los encuentros (en las canchas, en los estadios, en los congresos). Al pasar el tiempo, y previo inventario, como aficionado (no fanático) me doy cuenta que el lema del mundial 86, sigue teniendo vigencia, sólo es cuestión de cambiar un verbo: El mundo hundido por un balón.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 16 de junio de 2014.

lunes, 15 de septiembre de 2014

Carta a un joven promotor de lectura


Eduardo Campech Miranda


Estimado joven:

A pesar de que no tener el gusto de conocerte, sé de tu entusiasmo por la formación de lectores y la promoción de la lectura. No te llamo mediador porque es una acción (al margen de lo que algunos teóricos argumentan), que a mi juicio, tiene en la misma práctica la capacidad de vincular de manera significativa al individuo y al libro. El promotor también tiene ese propósito, pero no siempre lo consigue. Ejemplos de lo anterior los encontramos en aquellos bibliotecarios, maestros y padres de familia que consiguen, con sus prácticas y buenos deseos, vacunar contra la lectura.

Primero, te sugiero (todas mis apreciaciones son sugerencias), que la energía, el empeño y el panorama optimista que te planteas al iniciar esta labor, continúe constantemente. Pero también, que mantengas los pies sobre la tierra. No, de ninguna manera vas a tener ochenta asistentes a cada uno de tus actos de lectura que planees. Recuerda: los estás invitando a leer, no les estás regalando cerveza u otro objeto. Ni mucho menos eres una personalidad que convoca con sólo su nombre (o figura).

Y he aquí donde la necedad (bien encaminada) te redituará frutos. Piensa, primero, para qué quieres que la gente lea. Una vez que respondas a esta pregunta, pero no una respuesta fácil, inmediata, de esas que todos conocemos y que tanto enarbolan las personas que no leen. ¿Por qué es importante esto? Porque así tendrás oportunidad de ofrecer algo concreto, y no sólo una abstracción.

Utiliza lo anterior como pretexto, como campaña de mercadotecnia. No te desanimes si en las primeras ocasiones va una o ninguna persona. Sin que mi intención sea emular a Og Mandino, Alfonso Lara Castilla, José Cruz o cualquier otro autor de superación personal, te aconsejo: analiza la situación, modifica si es necesario y persevera. La lectura no es de multitudes. La atención personalizada le brindará a tu prospecto de lector la confianza para dialogar y revalorar sus apreciaciones. De ello dependerá algo fundamental: el reconocimiento del otro.

Lee, pero lee con gusto, con curiosidad, con una actitud de diálogo y reto ante el libro. Exígete como lector. Busca apoyo en lectores más avanzados (no estamos obligados a saberlo todo). Nutre tus lecturas con conversaciones significativas, con otras manifestaciones culturales, con la experiencia de vida (tuya y de otros). Haz de la lectura un reto, y de ese reto, un placer.

Y, principalmente, muestra lo que la lectura ha hecho en ti: mejorado tu lenguaje (ya no digas “íbanos”, “estábanos”); mejora tu ortografía y tu redacción, escribe, escribe también mucho, pero mantén un ojo crítico. Las grandes obras no se hicieron sin borrador.


Finalmente, mantén siempre una buena disposición al aprendizaje. Si piensas que lo sabes todo, o que sólo la gente con gran fama te va a dejar algún conocimiento, Si piensas que lo sabes todo, deja a la lectura en paz, y prepara tu funeral.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, junio 9 de 2014.

jueves, 10 de julio de 2014

Sol de mi antojo

Eduardo Campech Miranda

Hace trece años, la editorial Plaza & Janes publicó una maravilloso libro: Sol de mi antojo: Antología poética del erotismo gay. La selección y el prólogo estuvieron a cargo de Víctor Manuel Mendiola. El título de la obra surge de un maravilloso, y divertido, soneto de Salvador Novo:

Pienso mi amor, en ti todas las horas
del insomnio tenaz en que me abrazo;
quiero tus ojos, busco tu regazo
y escucho tus palabras seductoras.

Digo tu nombre en sílabas sonoras,
oigo el marcial acento de tu paso,
te abro mi pecho –y el falaz abrazo
humedece en mis ojos las auroras.

Está mi lecho lánguido y sombrío
Porque me faltas tú, sol de mi antojo,
ángel por cuyo beso desvarío.

Miro la vida con mortal enojo;
y todo esto me pasa, dueño mío,
porque hace una semana que no cojo.


Sol de mi antojo devela, por un lado, la vertiente humorosa de Novo que poco o nada se explota en la formación de lectores, y mucho menos en la escuela. El lector experimentado, el aficionado de la poesía seguro no se sentirá sorprendido, e incluso podría considerar que hacen falta más nombres, o que hay autores de más. Pero así son las antologías.

Las distintas maneras de abordar el erotismo gay, las voces diversas, enriquecen y dan colorido al cuerpo del libro: figuras audaces, para su época, de la intimidad lésbica: “y en medio de los muslos enlazados,/dos rosas de capullos inviolados/destilan y confunden sus esencias” (“El beso de Safo”, de Efrén Rebolledo); admiración, anhelo y deseo de la mujer hacia la mujer: “Su monte de Venus…/un inmenso clavel negro./Yo quisiera leer los pechos de Magaly/y encontrar a Dios entre sus piernas.” (“Los pechos de Magaly”, de Silvia Tomasa Rivera); “Estamos juntas./Sé que estamos fundidas en la misma/imagen, voz y caricia.” (“La mirada”, de Reyna Barrera).

También encontramos la urgente necesidad de estar lejos de las miradas indiscretas (nuestra sociedad, tan partidaria de la doble moral, se escandaliza): “Que se cierre esa puerta/que no me deja estar a solas con tus besos.” (“Recinto”, de Carlos Pellicer); la urgencia del otro: “Si cada uno dijera en un momento dado,/en sólo una palabra, lo que piensa/las cinco letras del deseo formarían una enorme cicatriz luminosa,/una constelación más antigua, más viva aún que las otras.” (“Nocturno de Los Ángeles”, de Xavier Villaurrutia); la entrega incondicional: “Cuando sientas que estás en el límite/de los ribetes y orillas de esta vida;/cuando la coreografía de las cortinas/haga saber que se te escapa el aliento;/cuando escriba yo el último cuando…/Ahí estaré, perro feroz y callado felino/-de perfil-,/atento a tu llamado.” (“Cuando el mundo invisible rodee…”, de Uriel Martínez).

Junto con el citado texto de Novo, encontramos otros del mismo autor, y con el mismo sentido del humor:

Nos volvemos a ver. Año tras año
soñé con encontrarte en mi camino,
¡Sol de mis ojos, luz de mi camino!
¿No quisieras, mi bien, tomar un baño?

Nos encontramos uno al otro extraño:
Gordo tú, flaco yo -¡mundo mezquino!-
Y me complace ver -¡oh, desatino!-
que hay cosas que no cambian de tamaño.

Te quiero como antaño te quería:
con pasión, con dolor, con amargura,
cual si este siglo hubiese sido un día.

Quiero corresponder a tu ternura:
Levanta tu barriga, vida mía,
que me voy a quitar la dentadura.

Sol de mi antojo es un texto para iniciar a los jóvenes en la poesía, pero más importante aún, para formar seres humanos incluyentes y tolerantes.


Mendiola, Víctor Manuel (sel. y prol.): Sol de mi antojo. Antología poética de erotismo gay, México, Plaza & Janés, 2001, 257 p.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, mayo 19 de 2014.

martes, 1 de julio de 2014

Y en medio de nosotros, la paráfrasis como comprensión

Eduardo Campech Miranda
En alguna otra colaboración mencioné el uso y apoyo de las imágenes para la adquisición de destrezas, habilidades y conocimientos. Intentaré resumir aquella colaboración: Asumiendo e identificando de antemano que estamos frente a dos formas de pensamiento distintas, los apoyos visuales son una herramienta tanto para la adquisición de la lectoescritura como del pensamiento lógico matemático. Los libros álbum (esos de gran formato, donde las hermosas y coloridas ilustraciones ocupan mayor espacio que el texto) y los “palitos”, “manzanas”, “frijolitos”, etc., en el aprendizaje de las operaciones aritméticas básicas son de uso constante en la formación académica.

Poco a poco estos apoyos van dejando lugar a las operaciones mentales. Sin embargo, pese a las diferencias implícitas en cada una de las actividades, en ocasiones se cree que un método de evaluación es válido para una y otra. Como ejemplo de lo anterior pongo el aprendizaje y memorización de las tablas de multiplicar. Se aprenden, regularmente, en forma mecánica, repitiendo el sonsonete: “dos-por-una-dos, dos-por-dos-cuatro…”, y cuando preguntamos ¿por qué ocho por ocho es sesenta y cuatro?, no es extraño que no respondan de inmediato. La escuela ha enseñado que lo importante es el resultado, al margen de cómo se obtenga.

Ese mismo ejercicio de memorización aparece, no pocas veces, en las evaluaciones de comprensión lectora. ¿Cuántas ocasiones nos vimos en la necesidad de retener, incluso la puntuación, para presentar un examen? O en su caso, nos solicitaron explicar el texto “con nuestras propias palabras”, pero ¿ello asegura que se comprendió lo leído? Veamos el siguiente ejemplo y juzgue usted.

Lea con atención el siguiente texto. Posteriormente explíquelo con sus propias palabras, por escrito.
Que trata de la condición y ejercicio del famoso y valiente hidalgo don Quijote de la Mancha (fragmento)[1]
En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor. Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres parte de su hacienda. El resto de ella concluían sayo de velarte, calzas de velludo para las fiestas, con sus pantunflos de lo mismo, y los días de entresemana se honraba con su vellorí de lo más fino. Tenía en su casa una ama que pasaba de los cuarenta y una sobrina que no llegaba a los veinte, y un mozo de campo y plaza que así ensillaba el rocín como tomaba la podadera. Frisaba la edad de nuestro hidalgo con los cincuenta años. Era de complexión recia, seco de carnes, enjuto de rostro, gran madrugador y amigo de la caza. Quieren decir que tenía el sobrenombre de «Quijada», o «Quesada», que en esto hay alguna diferencia en los autores que de este caso escriben, aunque por conjeturas verisímiles se deja entender que se llamaba «Quijana». Pero esto importa poco a nuestro cuento: basta que en la narración de él no se salga un punto de verdad.

De antemano sé que el texto es complicado en función de que utiliza un lenguaje distinto a nuestra oralidad y, por otro lado, nos enfrentamos a una serie de palabras desconocidas. Sin embargo, para cuestiones ilustrativas, es de gran utilidad.

Realizando este ejercicio con promotores de lectura y docentes, he encontrado las siguientes respuestas:

“Habla de un señor que era un soñador y luchaba por la justicia. Vivía en La Mancha.” [1]
“Un hombre vive en un lugar que no se nombra. Tenía una hacienda, una sirvienta de más de cuarenta años, una sobrina menor de veinte, un mozo. Tenía cincuenta años y era conocido como “Quijada” o “Quesada”. [2]

“Habla de un hombre que tenía un caballo flaco, un galgo. Vivía en una hacienda, gustaba comer y vestir bien, tenía una sobrina, un ama de llaves, un sirviente.” [3]

“Un señor vivía en un lugar de La Mancha, usaba lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y tenía un galgo corredor. Comía más carne de vaca que de carnero. Usaba pantunflas. En su hacienda, vivían con él, una ama, una sobrina y un mozo. Cazaba y madrugaba. Le apodaban Quesada o Quijada.” [4]

Analicemos las paráfrasis anteriores. En la número [1], lejos de realizar una paráfrasis, se está haciendo uso de los referentes que se tienen en torno a la obra. Cabe apuntar que además de que el fragmento tenía la nota al pie, citando la obra original, es harto conocido el comienzo: “En un lugar de La Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme…”, así como, en términos generales, el argumento. Ninguna parte del fragmento proporcionado nos lleva a la idea de “era un soñador y luchaba por la justicia”. Ahí, son los referentes quienes asumen la preponderancia.
En [2] y [3], encontramos situaciones similares entre sí. Ambas hacen mención de un hombre. En [2] menciona su edad, pero en [3] su aspecto físico. También ambos casos enlistan a las personas con las que vivía este hombre, y ambos escritos comparten con [4] el error de entender la palabra “hacienda” como “finca agrícola” y no como “bienes que uno tiene”.

No es necesario hacer un análisis minucioso para darnos cuenta que [1], [2] y [3], muestran una extremada síntesis, en comparación con [4], sin que lo anterior sea un criterio para determinar que ésta última es la más acertada. Veamos el último caso.

Como en la consigna no se prohibía volver al texto, es claro que hay un intento por parafrasear el texto original, no obstante, existen elemento para identificar una clara transcripción: la secuencia en el mismo orden que están citados en el texto original, e incluso, repite la estructura gramatical: “una ama”.

Ahora tratemos de analizar en dónde reside la complejidad del ejercicio. Por principio de cuentas nos enfrentamos a un texto con una oralidad distinta a la nuestra, un texto con palabras que han entrado en desuso y, otro tanto, desconocidas. Sin embargo, con un poco de detenimiento podremos encontrar una estructura jerárquica y organizativa al interior del texto.

Dividamos el texto en oraciones. La primera de ellas: “En un lugar de la Mancha, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho tiempo que vivía un hidalgo de los de lanza en astillero, adarga antigua, rocín flaco y galgo corredor.” Aquí estamos ante la presentación de un personaje, hasta ahora indeterminado, a reserva de su género masculino y su edad adulta (el llamarlo “hidalgo”, así lo informa). Después, la descripción de ese hidalgo nos lleva a la imagen de un caballero, lo anterior por dos razones: en primer lugar el conocimiento que ocupa en el imaginario colectivo el aspecto del caballero de la triste figura (aún sin leer El Quijote una gran cantidad de mexicanos lo reconocen en obras plásticas y cinematográficas), además de asociar la representación del famoso Rocinante con las palabras “rocín flaco”; en segundo lugar, palabras como lanza refuerzan la imagen y no hacen posible que el lector atento deduzca que “adarga” es un elemento de la indumentaria caballeresca.

La segunda oración también brinda pistas al lector: “Una olla de algo más vaca que carnero, salpicón las más noches, duelos y quebrantos los sábados, lantejas los viernes, algún palomino de añadidura los domingos, consumían las tres parte de su hacienda.” Saltan a la vista conceptos del campo semántico alimentico o culinario: “olla”, “vaca”, “carnero”, “salpicón”, “lantejas”. Quizá las dos últimas palabras generen más dificultad que las primeras. No todo el mundo conoce el platillo del “salpicón”, y no todos relacionarán “lantejas” con “lentejas”. Sin embargo, hay dos conceptos más: “palomino”, que aunque de fácil asociación con “palomo”, dada la dieta mexicana convencional queda un tanto fuera de los conocimientos previos del grueso de la población; el segundo es “duelos y quebrantos”, aquí me detendré un poco más.
En diversos talleres, con el mismo número de públicos, al trabajar este fragmento, me detengo y pregunto, ¿a qué se refiere “duelos y quebrantos”? Las respuestas van de lo más absurdo a lo más ingenioso, desde luego, los referentes entran en juego. Es así como “duelos y quebrantos”, es “una lamentación por la quiebra de la hacienda” (recuérdese que en la segunda parte de esta colaboración se hacía mención de las acepciones de “hacienda”); “se sentía triste porque no conseguía la justicia” (¿recuerdan la paráfrasis [1]?) y, finalmente, hace años, en un ejercicio lúdico con jóvenes preparatorianos, una jovencita dijo que “se sentía triste porque no lo dejaban ir al antro”.

“Duelos y quebrantos”, si el lector pone atención a la estructura y campo semántico en que se insertan estas palabras, podría inferir que se trata de algo relacionado a la comida, a un platillo. De lo contrario, sucederá lo que citábamos en la tercera parte de este artículo. Duelos y quebrantos es algo similar a lo que hoy conocemos como huevos con tocino (desde luego tendrá sus particularidades).

Paráfrasis como las señaladas poco o nada muestran que se presente un proceso de comprensión lectora. La respuesta es relativamente sencilla: porque no observamos un esfuerzo por jerarquizar, organizar, clasificar, analizar, sintetizar la estructura del párrafo. El cual permitiría una comprensión más profunda.

Como opción, considerando lo anterior y sin que sea la única interpretación valida, propongo la siguiente paráfrasis:

En cierta región de Europa (puede precisarse que en España), vivía un caballero, de los de armadura, lanza y caballo. Tenía una dieta muy predecible cada semana, en la cual gastaba un tercio de sus bienes. Su guardarropa se conformaba con vestidos para los días de fiesta y los días comunes. Su casa la habitaban él, su sobrina y dos sirvientes (una mujer madura y un hombre joven). Este caballero de cincuenta años, de hábitos madrugadores, complexión delgada, gustaba de la cacería. Le apodaban Quijada o Quezada, aunque hay quienes dicen que se llamaba “Quijana”. Eso es lo de menos, lo importante es no mentir en lo que se narrará.

Insisto, el ejemplo anterior, si bien puede ser susceptible de múltiples cuestionamientos, también sirve para ilustrar que la paráfrasis no implica una edición del texto original (cortar, pegar, cortar, copiar). Para llegar a un resultado así, es necesario mostrar, lo más gráficamente posible, al incipiente lector (entendiendo por éste, a aquel lector que no es capaz de regular su propio proceso) cómo es la disección de un texto.

El subrayar las ideas principales (ambigüedad recurrente, según Emilio Sánchez Miguel), no siempre es una práctica que posibilite la estructuración del texto. Principalmente cuando la premisa es errónea, como aquella de que la idea principal siempre está en la primera oración de cada párrafo. (?). El docente, o mediador, deben –primero aprender- y luego enseñar a sus discípulos a identificar ideas principales y secundarias; jerarquizarlas, establecer vínculos entre esas jerarquías, relaciones entre esas ideas. En resumen, se trata de enseñar el proceso de la lectura y no sólo la decodificación.

Me consta que lo anterior no es una tarea que se realice en la mayoría de las escuelas. Lo anterior no necesariamente es culpa de los maestros, si no del mismo diseño del sistema educativo. Por más reformas que se efectúen a los planes de estudio, mientras en las capacitaciones y actualizaciones no se contemple, y se entienda, a la lectura como un acto sociocultural, y por ende, histórico, los docentes no contarán con las herramientas para mejorar la comprensión lectora.



[1] Cervantes Saavedra, Miguel de: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, México, Real Academia Española-Alfaguara. 2005, pp. 27-28.


Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 24 y 31 de marzo, 7 y 28 de abril de 2014.

lunes, 2 de junio de 2014

Los mitómanos

Los mitos fueron creados por la humanidad para explicar diversos fenómenos naturales. Nuestra cultura occidental abreva de los mitos griegos primordialmente. En el habla cotidiana empleamos referencias o alusiones a esta mitología (no siempre estamos conscientes de ello). Como ejemplos de lo anterior tenemos "la manzana de la discordia", "el talón de Aquiles", etc.

Para este ejercicio se preguntó a los asistentes (aclaro que los trabajos aquí presentados corresponden a distintas sesiones con diferentes públicos) si conocían mitos. Quienes tenían conocimiento de ellos, los compartieron. El conductor volvió a preguntar, ahora: "¿conocen el mito de Eco?" Éste es un mito relativamente conocido. Alguien lo cuenta, y si hace falta, se complementa. También puede buscarse un libro del tema y leer alguna en particular, que tenga vínculo con el ejercicio.

Una vez que se sociabilizó el mito de Eco, se forman equipos (si el grupo es muy numeroso), o de manera individual (para grupos pequeños) y a cada uno se le asigna la creación de un mito. Los ejercicios que aquí se comparten son ilustrativos de lo anterior.

Mito del bostezo
En el año 919 antes de Buda, existían los dioses Nana y Aburrición, hijos de Morfeo. Dichos dioses todo el tiempo se la pasaban haciendo cosas  muy dispares, pero que a la vez los unía. Ella cantaba y cantaba sin detenerse ni un momento; él, por su parte, rondaba por todo el monte sin encontrar actividad alguna que lo hiciera feliz. Todos los días eran así, largos, repetitivos, pero lindos para ellos. Un día, Aburrición puso atención a los cánticos de su mujer, fue entonces que quedó maravillado. No sabía cómo reaccionar ante tal acto y fue entonces cuando abrió la boca. Tomó mucho aire y le lloraron los ojos. De ese acto de amor nació Bostezo, su único hijo, el cual seguía el ejemplo de sus padres y lo difundía por todos lados, sin que esa fuera su intención. En cada lugar que pisaba, una persona deseaba tocarlo y al hacerlo repetía la misma acción de Aburrición: abrir la boca, tomar aire y lagrimear. Bostezo adquiría para sí todo ese aire y aquellas gotas de agua, eran una gran reliquia humana. ¡Era su fuente de humanidad eterna!, fue a través de esos suspiros y aquellas lágrimas que él pudo permanecer en el lugar que deseara cuando él lo quisiera, ya fuera en el mundo de los dioses o en el de los hombres.
Gabriela Ortiz Luévano

Mito del estornudo
En el reino de los griegos se reunían a celebrar los dones que la vida les ofrecía, aunado a las enfermedades. En el gran salón se halagaba a la salud, la belleza, la alegría; pero también existían las enfermedades, las personas no muy agraciadas pero que poseían otros dones como la danza, el arte de cantar, declamar, narrar, etc., y se encontraban recitando cuando a uno de ellos les rozó una pluma la nariz, y se les presentó un estornudo que aún era desconocido para ellos.
Elvia Luévano Pinedo


Mito del tic nervioso
Hace algún tiempo caminaba por el bosque un ser muy conocido por los habitantes de la aldea. Dicho personaje no tenía nombre y estaba dotado de una altura considerable, robusto, ojos grandes. Cada que caminaba parecía que temblaba, y obviamente la gente temía.

Cierta ocasión en la fiesta de la aldea, estando todos sentados en la mesa disfrutando de los platillos que especialmente preparaban los habitantes, se escuchó a lo lejos que se acercaba el "sin nombre". Todos quedaron asombrados al ver que éste entraba a la aldea hasta estar frente a ellos.

Quedó parado frente a ellos y cuando apenas iba a decir palabra, se posó una catarina en su ojo, y al mismo tiempo guiñó el ojo saliendo de su boca la palabra tic.
Rocío Parga Anaya

Mito del hipo
Que era un dios llamado Hipo, el cual tenía el don de saber cuando una persona miente. Así las personas llevaban hacia el dios Hipo a las personas de las cuales había duda de que dijeran la verdad. Hipo les decía: -empieza a hablar, ¿cuál es la duda? Hacía hablar a la persona y si ésta empezaba a tener hipo, quería decir que estaba mintiendo.
María Isabel de la Cruz Alaníz
Jaime Ramírez
Adrián Ávila
(Cárceles distritales)
Mito de la flatulencia

Al nacer Flato, todos y cada uno de los dioses le obsequiaron una esencia. Al paso de Flato las flores se abrían, el mar se agitaba, los animales se tranquilizaban, y los dioses se deleitaban. Un dios, el Frijol Negro de apellido Epazote sintió celos, utilizó su poder de transformarse en néctar de huele-de-noche. Flato probó de esa flor, en ese instante le gruñeron los intestinos como matraca desengrasada, y se le inflamó el cajón de los garbanzos como globo de cantoya, y tiró tremendo suspiro venenoso que toda manifestación de vida, a la redonda, sintió ofendido el olfato y a partir de ese día, todos se la hacen de pedo. "El pedo es de quien lo trabaja".
César Rincón (Familia Garabato)
Mario Adrián Magadán B. (Sala de Lectura "Tierra Cobriza")
Martha A. Ramírez J. (Sala de Lectura "Alas de Mariposa").

Mito de llanto berrinchudo de un infante
Una vez tomada Troya, las troyanas y sus hijos corrieron a esconderse en las catacumbas para no ser asesinados por los aqueos.

Según datos de un testigo ocular que, según los informes, tenía un panorama envidiable de los acontecimientos, las mujeres imploraron a Poseidón por la vida de sus pequeños, mismos que se encontraban al borde del llanto por tan horrorizante matanza, digna de película de Quentin Tarantino.

Poseidón conmovido por las peticiones de tan poderosas troyanas, se convirtió en un sinnúmero de espacios vacíos de todo aire o partícula conocida. Y se metió en la garganta de los niños y niñas para sofocar su llanto.

Desde entonces, cuando los niños rabian, inmediatamente experimentan un estado de "privación catatónica", que no se les quita hasta recibir el consabido zape desprivatizador, mitológicamente conocido como El golpe de Poseidón.
Esperanza Gaytán Castillo
Marisol Alcalá Flores
Andrés Briseño Hernández

Mito de la indiferencia
Hubo una vez en tiempos de la antigua Roma, una mujer de belleza inigualable: tez morena, cabello largo y negro como el ébano, sus ojos verdes como las esmeraldas, cuerpo como labrado por las manos de los dioses. Pietra nunca se había dado cuenta de su belleza, hasta que las palabras se usaron para endulzar el oído.

Ella, siendo una mujer muy buena, cambió totalmente, ahora era mala... Los dioses al ver ese cambio, la convirtieron en transparente a los ojos de los demás. Siendo víctima, entonces, de la indiferencia.
José Manuel Esquivel de la Riva
Susana García Martínez
Ana Laura Gaeta Maravilla
Margarita H. Saucedo Cervantes

Mito del eructo
Erudiano era un viejo que se encargaba de despreciar y desprestigiar la Coca Cola, por lo cual el dios Coca Cola decidió castigarle: que deseara tomar una y lo logró. Al terminar la primera comenzó a eructar sin descanso.
Laura Elena García S.
Alfonso Sifuentes Hernández
Mito del hipo
Hipótilo siempre quiso tener una forma de asustar a sus amigos, y los disfraces no le llamaban la atención. Se ponía a pensar en una y otra manera de hacerlo. Finalmente después de tanto tomar vino, esa tarde comenzó a darle una especie de tos. El asunto del susto de pronto se olvidó. La tos continuó. Se dice que estaba gordo y no se le quitaba día tras día, hasta que una noche, saliendo a caminar, unos amigos que tenía, al ver que daba la vuelta tan de noche, decidieron asustarlo. Lo cual originó que con eso la tos se le quitara. Sin embargo, al pasar los días se dio cuenta que sus amigos le redujeron su nombre a Hipo.
Damián Casas


Una variante, implementada con menores de once años, fue que imaginaran y escribieran el origen de aquellas actividades que les son atractivas o de fenómenos naturales:

Mito de la charrería
¿Cómo se creó la charrería?
Que unos dioses se reunieron para ver qué creaban, porque ellos decían que cuando se mueran o los maten, no iban a tener actividades deportivas el mundo. Así que los dioses encontraron un animal muy raro que no habían visto nunca y resulta que investigaron y ese animal se llama un caballo y así se iban subiendo y así iban encontrando más y le daban clases a los otros aztecas.
Jacqueline Adame C. (9 años).

Mito de los eclipses
Los eclipses se inventaron cuando el Universos empezó a girar y el Sol tapó a la Luna o la Luna tapó al Sol y eso no pasa de vez en cuando o frecuentemente. Los eclipses son fenómenos naturales. Cuando hay eclipse de Sol debe usarse lentes obscuros, porque los rayos ultravioleta te pueden dejar ciego. Se dice que dioses querían darle un paisaje al hombre como la luna roja o un círculo negro con rayos.
Noé Maximiliano Sánchez Pacheco.

Mito del maíz
Había una vez un pueblo que no tenía maíz y tres aventureros fueron en búsqueda de maíz, y en cuatro colinas, en la última montaña, encontraron un dios y les dijo. -yo soy un dios- y se rieron y les dijo -ahí yo puedo hacer maíz- y les pidió que creyeran en él.
Edgar Omar

Denuncia abierta a las campañas de lectura ante la PROFECO

Eduardo Campech Miranda
A quien corresponda:

Por este conducto quiero hacer de su conocimiento la siguiente relación de hechos, que me han llevado a un estado no considerado en mi panorama.

Primero: me formé como lector autónomo en toda la extensión de la palabra. No tuve la fortuna de contar con un mentor que guiara mis pasos por los senderos de la lectura. Porque este concepto era aplicable a aquello que podía leer sin tener que dar cuenta de nada a nadie. Y aún sigo ese trayecto.

Segundo: trabajar en la biblioteca pública, rodeado de libros, mediando actos de lectura, conversando de historias, autores, anécdotas, era sacarse la lotería. Empecé con la responsabilidad de atender Videoteca, fui pasando por Sala General, Sala de Consulta, e incluso, un año mi trabajo fue acomodar mochilas en el guardarropa (fue la época que más leí). Proyecté y diseñé el Departamento de Fomento a la Lectura de la Coordinación Estatal de Bibliotecas Públicas en Zacatecas, el cual encabezo desde sus inicios. La Dirección General de Bibliotecas Públicas del CONACULTA me ha distinguido al invitarme a ser parte de los festejos de Hans Christian Anderson en Dinamarca, y cursar el Diplomado en Promoción de Lectura bajo el sello de IBBY México. Además de publicarme en sus revistas, memorias de congresos y manuales de animación a la lectura.

Tercero: tuve el privilegio de acudir a una de las primeras capacitaciones del Programa Nacional Salas de Lectura en Morelia, Michoacán. En ese momento no tenía el convencimiento, la disposición, ni el compromiso con la lectura y su mundo. Así que no me integré al programa. Años después, quizá cuatro o cinco, teniendo la intención de joderme la vida, me mandaron a Jerez a una capacitación (ese fue todo el dato), debería de estar ahí al día siguiente. Me hicieron un favor, era un módulo de Salas de Lectura. Desde luego, me integré a sus filas. Participé en varios de los eventos auspiciados: Encuentros Nacionales, Coloquios, Revistas, Publicaciones. Sigo con mi Sala de Lectura. El Programa me abrió nuevos ángulos del acto lector.

Cuarto: he tenido el inmenso privilegio de compartir espacios de capacitación, como instructor, con mis maestros: Efraín Gutiérrez de la Isla, Carola Diez, Claudia Gaete, Alma Velasco, Gerardo Cirianni, Rubén Ávila Alonso, Rocío del Pilar Correa, entre muchos otros.

Quinto: nunca me titulé de la carrera que concluí: Economía. Sin embargo, he tenido oportunidad de impartir capacitaciones por casi todo el territorio zacatecano –incluyendo la UAZ-, en Aguascalientes, el Distrito Federal, y una charla en Pachuca. En un principio mucho de ese trabajo lo hacía gratis, por amor al arte. Después ya no. Las cuentas mensuales no se saldaban presentándome.

Sexto: veo en Facebook estados donde se describen ingratas situaciones similares a la mía (un reconocimiento y valoración del trabajo realizado en pro de la lectura, pero sólo de manera verbal). Trataré de explicarme con un ejemplo: meses atrás acudió a mí una maestra de un municipio cercano a la capital zacatecana. Me planteaba una problemática de lectura en su escuela. Le ofrecí, incluso le esbocé, un proyecto de capacitación de seis horas, destinado a treinta maestros. Todo iba bien hasta que le dije que serían tres mil pesos más IVA. La maestra salió despavorida. Una compañera que estaba presente me dijo que hubiera negociado el precio, pero yo respondí: “El costo es de cien pesos por maestro, ¿no vale eso mi trabajo?, es más ciento dieciséis, por el impuesto”.

Séptimo: si bien mi trayectoria en el rubro no es nada de otro mundo, tampoco creo que sea despreciable. Si un maestro gana más que yo, es porque a él lo avala un título académico que respalda el conocimiento. Si yo cobro por mis capacitaciones, es porque el trabajo que realizo (y los resultados derivados), también avalan mis conocimientos (adquiridos no en la escuela –siempre fui un pésimo estudiante-, sino en mis lecturas, conversaciones, en el registro y análisis de mis actividades). Porque me he interesado en profundizar en el fenómeno de la lectura, sí, de manera autodidacta, sí, y no en proponerme crear redes en ventas multinivel.

Octavo: intentando hacerme de unos ingresos extras, he enviado proyectos a diversas instituciones educativas nacionales. Hasta ahora las respuestas han sido negativas. Localmente no es bien visto que siendo trabajador de la Secretaría de Educación, cobre por mis servicios fuera de mi sede. De tal manera que es un campo que, toda vez que no cuento con un respaldo institucional académico, va siendo vedado.


Por todo ello y más, señores de la Procuraduría Federal del Consumidor, quiero decirles que leer no me ha hecho más feliz, ni mejor; que leo más de veinte minutos al día y no siempre es divertido, ni mucho menos un placer (sobre todo cuando llegan los recibos de luz, agua, hipoteca, etc.). Que esas campañas que enarbolan el paraíso de la lectura me han defraudado. Que estoy pensando seriamente en tirar la toalla de la promoción de la lectura y la formación de lectores, para dedicarme a cantar rimas sencillas, vulgares, agresivas, que le “lleguen a la gente”, y después me paguen miles de pesos, por invitar a leer.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, marzo 10 de 2014.

miércoles, 9 de abril de 2014

Leer es un placer

Eduardo Campech Miranda

Durante muchos años se ha enarbolado la consigna de que leer es un placer. Supongo que esa frase salió de alguna mente diestra en mercadotecnia. También supongo que surgió del esfuerzo por despojar de las connotaciones desagradables que se generaron en espacios escolares, y aún en los hogares, donde la lectura y el libro eran concebidos, y aplicados, como herramientas medievales de tortura.

Esa estrategia, la derivada de la frase inicial, propició que, en efecto, se incrementara un poco el número de personas que leen. Pero también trajo como consecuencia la repetición constante de la frase hasta la saciedad. Y las malas interpretaciones, desvirtuando con ello el propio acto lector.

En nuestra sociedad, consumista y occidentalizada en su peor versión, la noción de placer se asocia a situaciones de cierta facilidad: el placer de dormir, de descansar, de soñar, de comer. Desde luego que hay placeres que requieren de más esfuerzo: de viajar, de disfrutar placeres costosos, etc., ¿dónde se inscribe el placer de la lectura?, ¿en imaginar, en estar cómodo, en alejarse del mundo, en disfrutar la trama de una historia, el lenguaje de un poema, en ser identificado como lector?

Sin duda en cada una de las acciones enumeradas encontraremos placer según nuestros propósitos de lectura. No obstante, hay uno que es intrínseco a todos ellos: el placer de comprender lo que me dicen. Realizando una analogía pueril, pensemos en un chiste. Esos que contamos, compartimos y gozamos por primera vez están libres de doble sentido. Conforme crecemos le agregamos albur, malicia, humor negro. Si alguien llega a una edad en que se supone ya es “apto” para escuchar y no entiende la broma, el juego de palabras, el doble sentido, el chiste es despojado de su esencia y sentido.

Con lo anterior no intento decir que una lectura no debe ser explicada. Por el contrario, que el lector debe llegar a buscar apoyos, de cualquier índole, para profundizar en la comprensión y salvar la frontera de lo mero literal. Un ejercicio nada sencillo y muchas veces doloroso, por la manera como fue conducido, alejado del placer fácil, inmediato.

¿Tiene derecho el lector a experimentar ese placer? Sí. ¿Tiene derecho el lector-mediador a conformarse con ese nivel de comprensión y gozo? No. ¿Por qué? Sencillamente porque de el depende la forma como se formen nuevos lectores. Como este caso hay varios, muchos. Por eso es común encontrarse a promotores, mediadores, fundamentalistas de la lectura, etc., que en virtud de sus lecturas y la manera de expresarse demuestran que la lectura per se no produce al hombre culto que las campañas de formación de lectores nos quieren vender.


Quizá porque se conciba a la lectura como un acto solitario, quizá por la ermitaña actitud que asumimos algunos lectores, quizá, llanamente, por instalarse en un zona de confort (apoyándose en los derechos del lector, particularmente en el “Derecho a leer lo que sea”), los lectores aludidos no se acercan a otros lectores, a otros soportes que les clarifiquen ideas, conceptos, escenarios que aparecen en los libros. Quizá, bajo la protección del derecho citado, dejan de ejercer uno más amplio: el derecho a conocer.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 3 de marzo de 2014.

lunes, 7 de abril de 2014

La comprensión: un rompecabezas al que siempre se le agregan piezas.

Eduardo Campech Miranda

Cuando imparto algún taller de comprensión lectora casi siempre abordo el tema de la red de significados, cómo se construye, se entreteje, cómo se afinan los tejidos. Si hay alguien que me ha enseñado a descubrir y a intuir muchas de las situaciones de lectura, es mi hijo. Él, como conejillo de indias permanente, a través de conversaciones y de su paso por la educación básica, propicia en mí la reflexión. La semana pasada me corroboró la mencionada red, y aportó nuevos elementos para el análisis de la comprensión lectora.

Me explico. Leer, de alguna manera, es un diálogo, una conversación con otra persona. Es, por decirlo de algún modo, escucharla sin importar espacio ni tiempo. Alberto Manguel, en el apartado “La última página” de su maravilloso libro Una historia de la lectura, plantea que constantemente leemos. Lee el arquitecto la estructura que levanta, lee el amante el cuerpo de la amada, lee el astrólogo la posición estelar. Así, podemos derivar que cuando escuchamos una canción estamos leyendo.

Emiliano, mi hijo de catorce años, hacía su tarea de matemáticas con unos audífonos puestos. Yo volvía en sí después de una pequeña siesta y lo primero que me dijo fue: “¡Qué bonita canción!”. Pregunté a qué se refería y respondió que a “Cita con los ángeles de Silvio Rodríguez”. Una letra con metáforas e intertextualidades que no resulta del todo sencilla.

En un afán de no estropear su goce estético, evite indagar si había comprendido la letra. Pensaba hacerlo días después. No fue necesario porque al día siguiente él solo abordó el tema:
-Me he dado cuenta que cuando relaciono imágenes con algo, entiendo mejor.
-¿Cómo es eso?
-Sí, mira. Tengo la canción de “Cita con los ángeles en la computadora” y sólo entendía algunas cosas, como que habla de John Lennon e Hiroshima. Pero otras no. Entonces busqué en Youtube el video con imágenes y vi más cosas. Que hablaba de algo en Cuba, y en España. En Cuba alguien iba a caballo, pero no sé quién es. En España mataron a Federico, pero no sé cuál. De la bomba atómica dice que “y el ave negra abre la boca cuando atraviesan Hiroshima.
-¿Sabes qué quiere decir eso?
-Sí, que el avión pasó y tiró las bombas.
-Eso es una metáfora.

Seguimos camino a casa y llegando me mostró el video aludido. Aproveché para tratar de rescatar sus conocimientos previos. Le recordé sus clases de Historia: el Oscurantismo, la Edad Media, la Revolución Industrial, la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos. Le referí a conversaciones de mayores donde él estuvo presente: la tertulia donde se habló de José Martí y “La niña de Guatemala”; los talleres a los que me acompañó y se leyó El cartero de Neruda; el andamiaje realizado con “Las nanas de la cebolla” de Miguel Hernández.

Rescaté lo que ha presenciado: la película La lengua de las mariposas, el espectáculo Lamento y quejío. De éste último le dije que de los textos leídos, muchos eran de Federico García Lorca. Le pedí que relacionara canciones que escucha: “Violetas para Violeta” (con Joaquín Sabina); “Santiago de Chile” (con Los Bunkers). Finalmente, le referí un libro que leyó hace poco: El mundo de Sofía.


No expliqué mucho. Todo lo anterior fue a través de preguntas. La conclusión, a mi juicio, fue fantástica: cómo tuvimos que relacionar lo que escuchamos, vemos, conocemos, con lo que leemos. 

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 17 de febrero de 2014.

Los terroristas de la lectura

Eduardo Campech Miranda
La lectura es un diálogo entre un interlocutor presente en el acto mismo y uno que trascendió tiempo y espacio. Entre otros motivos, el hecho de no entender un texto implica un que no contamos con los mismos conocimientos que el autor, que desconocemos los términos, que no llegamos al texto con los referentes necesarios, por ello salimos ilesos de algunas lecturas. Esto lo sabe el lector, ese que lee regularmente, el que no se queda con la duda, el que concibe al texto como un reto, y al resolverlo encuentra el placer, el que piensa en su propio proceso.

Por lo anterior, la educación hacia la lectura trasciende la alfabetización. Leer es más que oralizar el código escrito. ¿No me cree? Tome un texto en danés, en noruego o en un idioma que sea muy lejano de nuestra cultura. Léalo bajo la premisa de que las palabras extranjeras que no conocemos su pronunciación, ésta se realice “como está escrita”. ¿Entendió algo?

Leer sin los elementos o bajo las circunstancias planteadas en el primer párrafo es una analogía del ejercicio anterior. Aún se trate de un texto en nuestro idioma materno. Es así como las dos situaciones que plantearé a continuación (ambas reales) son un atentado contra la lectura, la formación de lectores y el placer de leer. Son actos terroristas.

Hay una escuela primaria en Guadalupe, Zacatecas, donde una maestra de cuarto grado solicita lecturas bimestrales. La primera lectura es una hermosa novela de Luis Sepúlveda, Un viejo que leía novelas de amor (véase “La Gualdra” del 26 de septiembre de 2011). El título se encuentra dentro de los acervos del Programa Nacional de Lectura, pero está destinado para estudiantes de secundaria. Si bien la historia de Sepúlveda es una bella manera de mostrarnos cómo funciona la lectura, también es cierto que un niño promedio de nueve años, ignora muchos términos de la redacción, y muchas de las situaciones ahí narradas, incluyendo algunas de un leve toque erótico. La segunda lectura es otra obra juvenil: La ciudad de las bestias de Isabel Allende. 
El otro caso ha sido la lectura de la primera parte de la versión original de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a chicos de secundaria. Una de las dificultades para leer a los clásicos de la lengua viene dada por la oralidad. Cuando esos jóvenes se despiden para acudir a alguna fiesta, a jugar, a salir con los amigos, con la novia, el novio, a ninguno de ellos les preguntan: “¿a dónde os dirigís?”. Como tampoco encontrarán en el texto a don Quijote proponiendo a Sancho ser gobernador de una isla en los siguientes términos: “Te conviene gûey”.

En ambos casos la indicación fue imperativa: “léanlo” pero sin un contexto o informaciones previas que propicien un acercamiento más significativo al texto. De esta manera, obras tan bellas como la de Sepúlveda, agregan animadversiones gratuitas, por el hecho de no dar al incipiente lector las herramientas para sumergirse en el texto.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 10 de febrero de 2014.

Organizar la biblioteca de aula

Organizar implica una serie de procesos mentales y operativos que van desde la clasificación, la agrupación, el buscar elementos comunes, ya sea en la letra inicial del título, de la portada, del grosor y tamaño de la obra, es decir, de todos aquellos paratextos que acompañan al libro. Organizar algo que no se conoce resulta difícil, es por ello que planteamos primero echar un vistazo al acervo de biblioteca de aula.

Exploración libre

Una actividad fundamental en la organización de la biblioteca de aula será la Exploración Libre. Piense usted en su actuar cuando acude al mercado. La posibilidad de manipular, palpar y seleccionar el producto (fruta, verdura, legumbres, etc.), brinda la seguridad de realizar una buena elección. Siguiendo con la analogía, recuerde su estancia en un puesto de revistas y periódicos: toma la publicación que más llame la atención, la hojea (y ojea), si no hay algo que le interese coge otra, hasta que salta una palabra, una imagen que atrape su atención.
Eso mismo sucede durante la Exploración Libre. Hay una conexión fuera de condicionamientos donde el lector está en posibilidades de elegir, y ante la oportunidad de descubrir ventanas y puentes hacia los libros. Hay que considerar que esta actividad tiene como propósito familiarizar a los chicos con el acervo.
Modalidad “Feria del Libro”
Divida al grupo en cuatro equipos. Dos se dedicarán a ser “libreros”, y dos a ser “lectores”. Si los chicos no conocen, ni tienen noción de lo que es una feria del libro, este ejercicio les brindará la experiencia.
Los lectores buscarán libros en general (¿tiene libros de animales?, ¿algún libro para aprender los colores?, etc.); títulos en específico (¿tiene el libro Rafa el niño invisible?), o por autor.
A través de esta simulación, los alumnos explorarán el acervo, intentarán vender, convencer al lector, el cuál intentará que su necesidad y curiosidad queden satisfechas.
Modalidad “Libre”
Exponga los libros en una mesa. Deje que los chicos, por turnos o al mismo tiempo, acudan a ellos, los manipulen, los exploren, los (h)ojen. La consigna final será que elijan el libro que más les llamó la atención. Al final, en una plenaria, expresaran los motivos de su elección.
Bajo esta modalidad, se incentiva la expresión oral frente al grupo, se comparten los argumentos y permite identificar intereses de los niños. Esto último será importante toda vez que permitirá al docente contar con una “radiografía” de temas afines a su grupo, lo cual redundará en una mejor selección de títulos al momento de hacer actividades de promoción y mediación de la lectura.

Criterios de clasificación y organización de la biblioteca escolar

Por cuestiones de convencionalismos y espacio, las bibliotecas exhiben, primordialmente, el lomo de sus libros. Elemento sin duda importante, pero que aporta poca información al lector. Si pensamos en acercar a los alumnos a la palabra escrita, lo ideal será que ellos sean quienes definan cuál será el criterio que imperará.
De manera somera, podemos decir que hay dos tipos de clasificaciones: las convencionales y las no convencionales. Entenderemos las primeras como aquellas donde saltan a la vista características de los integrantes de un grupo. Por ejemplo: en su salón de clases no es necesario clasificar a los alumnos en hombres y mujeres para determinar a cuál género pertenece tal o cual estudiante.
En cambio, las clasificaciones no convencionales permiten identificar características no visibles en primera instancia. Si a su mismo grupo de alumnos les solicita que se agrupen entre quienes les guste la cebolla y a quienes no, tendremos un ejemplo de ello.
Las bibliotecas públicas, las bibliotecas universitarias tienen su propio sistema de clasificación. Las bibliotecas escolares también. En la página legal encontramos una reproducción de una ficha bibliográfica que integra, entre otros datos, la signatura topográfica (clasificación) del Sistema Decimal Dewey.
Dicho sistema, que es el mismo que utilizan las bibliotecas públicas de la Red Nacional de Bibliotecas del CONACULTA, divide el conocimiento humano en diez grandes áreas. De tal manera, que el criterio de clasificación es temático, la misma naturaleza y lógica de esta clasificación la hace muy operativa para la administración bibliográfica, pero no para la formación de lectores.
Por ello, dar la oportunidad que cada quince días, cada mes como máximo, un grupo de alumnos ordenen los libros como mejor les parezca, será una actividad fundamental en el descubrimiento del libro y la lectura.
Se recomienda que los criterios sean no convencionales. Tal vez en los primeros ejercicios se organice por grosor, color, tamaño, temática (derivada a partir de la portada o título), tamaño de letra, sin embargo, lo recomendable es que los chicos se arriesguen y se animen a inventar otras clasificaciones: libros que quiero leer con mi madre (o padre); libros que me gustaría tener en casa; libros que no me gustan; libros que me parecen feos, etc. Al final del acomodo, el grupo intentará identificar cuál fue el criterio de organización, por último, los participantes explicarán cómo y por qué se decidieron por ese criterio.
Si esta actividad se realiza periódicamente, los niños podrán ponderar la importancia de mantener organizada su biblioteca, de conocer los títulos que la componen y descubrir lo que los libros tienen para ellos.