lunes, 2 de junio de 2014

Los mitómanos

Los mitos fueron creados por la humanidad para explicar diversos fenómenos naturales. Nuestra cultura occidental abreva de los mitos griegos primordialmente. En el habla cotidiana empleamos referencias o alusiones a esta mitología (no siempre estamos conscientes de ello). Como ejemplos de lo anterior tenemos "la manzana de la discordia", "el talón de Aquiles", etc.

Para este ejercicio se preguntó a los asistentes (aclaro que los trabajos aquí presentados corresponden a distintas sesiones con diferentes públicos) si conocían mitos. Quienes tenían conocimiento de ellos, los compartieron. El conductor volvió a preguntar, ahora: "¿conocen el mito de Eco?" Éste es un mito relativamente conocido. Alguien lo cuenta, y si hace falta, se complementa. También puede buscarse un libro del tema y leer alguna en particular, que tenga vínculo con el ejercicio.

Una vez que se sociabilizó el mito de Eco, se forman equipos (si el grupo es muy numeroso), o de manera individual (para grupos pequeños) y a cada uno se le asigna la creación de un mito. Los ejercicios que aquí se comparten son ilustrativos de lo anterior.

Mito del bostezo
En el año 919 antes de Buda, existían los dioses Nana y Aburrición, hijos de Morfeo. Dichos dioses todo el tiempo se la pasaban haciendo cosas  muy dispares, pero que a la vez los unía. Ella cantaba y cantaba sin detenerse ni un momento; él, por su parte, rondaba por todo el monte sin encontrar actividad alguna que lo hiciera feliz. Todos los días eran así, largos, repetitivos, pero lindos para ellos. Un día, Aburrición puso atención a los cánticos de su mujer, fue entonces que quedó maravillado. No sabía cómo reaccionar ante tal acto y fue entonces cuando abrió la boca. Tomó mucho aire y le lloraron los ojos. De ese acto de amor nació Bostezo, su único hijo, el cual seguía el ejemplo de sus padres y lo difundía por todos lados, sin que esa fuera su intención. En cada lugar que pisaba, una persona deseaba tocarlo y al hacerlo repetía la misma acción de Aburrición: abrir la boca, tomar aire y lagrimear. Bostezo adquiría para sí todo ese aire y aquellas gotas de agua, eran una gran reliquia humana. ¡Era su fuente de humanidad eterna!, fue a través de esos suspiros y aquellas lágrimas que él pudo permanecer en el lugar que deseara cuando él lo quisiera, ya fuera en el mundo de los dioses o en el de los hombres.
Gabriela Ortiz Luévano

Mito del estornudo
En el reino de los griegos se reunían a celebrar los dones que la vida les ofrecía, aunado a las enfermedades. En el gran salón se halagaba a la salud, la belleza, la alegría; pero también existían las enfermedades, las personas no muy agraciadas pero que poseían otros dones como la danza, el arte de cantar, declamar, narrar, etc., y se encontraban recitando cuando a uno de ellos les rozó una pluma la nariz, y se les presentó un estornudo que aún era desconocido para ellos.
Elvia Luévano Pinedo


Mito del tic nervioso
Hace algún tiempo caminaba por el bosque un ser muy conocido por los habitantes de la aldea. Dicho personaje no tenía nombre y estaba dotado de una altura considerable, robusto, ojos grandes. Cada que caminaba parecía que temblaba, y obviamente la gente temía.

Cierta ocasión en la fiesta de la aldea, estando todos sentados en la mesa disfrutando de los platillos que especialmente preparaban los habitantes, se escuchó a lo lejos que se acercaba el "sin nombre". Todos quedaron asombrados al ver que éste entraba a la aldea hasta estar frente a ellos.

Quedó parado frente a ellos y cuando apenas iba a decir palabra, se posó una catarina en su ojo, y al mismo tiempo guiñó el ojo saliendo de su boca la palabra tic.
Rocío Parga Anaya

Mito del hipo
Que era un dios llamado Hipo, el cual tenía el don de saber cuando una persona miente. Así las personas llevaban hacia el dios Hipo a las personas de las cuales había duda de que dijeran la verdad. Hipo les decía: -empieza a hablar, ¿cuál es la duda? Hacía hablar a la persona y si ésta empezaba a tener hipo, quería decir que estaba mintiendo.
María Isabel de la Cruz Alaníz
Jaime Ramírez
Adrián Ávila
(Cárceles distritales)
Mito de la flatulencia

Al nacer Flato, todos y cada uno de los dioses le obsequiaron una esencia. Al paso de Flato las flores se abrían, el mar se agitaba, los animales se tranquilizaban, y los dioses se deleitaban. Un dios, el Frijol Negro de apellido Epazote sintió celos, utilizó su poder de transformarse en néctar de huele-de-noche. Flato probó de esa flor, en ese instante le gruñeron los intestinos como matraca desengrasada, y se le inflamó el cajón de los garbanzos como globo de cantoya, y tiró tremendo suspiro venenoso que toda manifestación de vida, a la redonda, sintió ofendido el olfato y a partir de ese día, todos se la hacen de pedo. "El pedo es de quien lo trabaja".
César Rincón (Familia Garabato)
Mario Adrián Magadán B. (Sala de Lectura "Tierra Cobriza")
Martha A. Ramírez J. (Sala de Lectura "Alas de Mariposa").

Mito de llanto berrinchudo de un infante
Una vez tomada Troya, las troyanas y sus hijos corrieron a esconderse en las catacumbas para no ser asesinados por los aqueos.

Según datos de un testigo ocular que, según los informes, tenía un panorama envidiable de los acontecimientos, las mujeres imploraron a Poseidón por la vida de sus pequeños, mismos que se encontraban al borde del llanto por tan horrorizante matanza, digna de película de Quentin Tarantino.

Poseidón conmovido por las peticiones de tan poderosas troyanas, se convirtió en un sinnúmero de espacios vacíos de todo aire o partícula conocida. Y se metió en la garganta de los niños y niñas para sofocar su llanto.

Desde entonces, cuando los niños rabian, inmediatamente experimentan un estado de "privación catatónica", que no se les quita hasta recibir el consabido zape desprivatizador, mitológicamente conocido como El golpe de Poseidón.
Esperanza Gaytán Castillo
Marisol Alcalá Flores
Andrés Briseño Hernández

Mito de la indiferencia
Hubo una vez en tiempos de la antigua Roma, una mujer de belleza inigualable: tez morena, cabello largo y negro como el ébano, sus ojos verdes como las esmeraldas, cuerpo como labrado por las manos de los dioses. Pietra nunca se había dado cuenta de su belleza, hasta que las palabras se usaron para endulzar el oído.

Ella, siendo una mujer muy buena, cambió totalmente, ahora era mala... Los dioses al ver ese cambio, la convirtieron en transparente a los ojos de los demás. Siendo víctima, entonces, de la indiferencia.
José Manuel Esquivel de la Riva
Susana García Martínez
Ana Laura Gaeta Maravilla
Margarita H. Saucedo Cervantes

Mito del eructo
Erudiano era un viejo que se encargaba de despreciar y desprestigiar la Coca Cola, por lo cual el dios Coca Cola decidió castigarle: que deseara tomar una y lo logró. Al terminar la primera comenzó a eructar sin descanso.
Laura Elena García S.
Alfonso Sifuentes Hernández
Mito del hipo
Hipótilo siempre quiso tener una forma de asustar a sus amigos, y los disfraces no le llamaban la atención. Se ponía a pensar en una y otra manera de hacerlo. Finalmente después de tanto tomar vino, esa tarde comenzó a darle una especie de tos. El asunto del susto de pronto se olvidó. La tos continuó. Se dice que estaba gordo y no se le quitaba día tras día, hasta que una noche, saliendo a caminar, unos amigos que tenía, al ver que daba la vuelta tan de noche, decidieron asustarlo. Lo cual originó que con eso la tos se le quitara. Sin embargo, al pasar los días se dio cuenta que sus amigos le redujeron su nombre a Hipo.
Damián Casas


Una variante, implementada con menores de once años, fue que imaginaran y escribieran el origen de aquellas actividades que les son atractivas o de fenómenos naturales:

Mito de la charrería
¿Cómo se creó la charrería?
Que unos dioses se reunieron para ver qué creaban, porque ellos decían que cuando se mueran o los maten, no iban a tener actividades deportivas el mundo. Así que los dioses encontraron un animal muy raro que no habían visto nunca y resulta que investigaron y ese animal se llama un caballo y así se iban subiendo y así iban encontrando más y le daban clases a los otros aztecas.
Jacqueline Adame C. (9 años).

Mito de los eclipses
Los eclipses se inventaron cuando el Universos empezó a girar y el Sol tapó a la Luna o la Luna tapó al Sol y eso no pasa de vez en cuando o frecuentemente. Los eclipses son fenómenos naturales. Cuando hay eclipse de Sol debe usarse lentes obscuros, porque los rayos ultravioleta te pueden dejar ciego. Se dice que dioses querían darle un paisaje al hombre como la luna roja o un círculo negro con rayos.
Noé Maximiliano Sánchez Pacheco.

Mito del maíz
Había una vez un pueblo que no tenía maíz y tres aventureros fueron en búsqueda de maíz, y en cuatro colinas, en la última montaña, encontraron un dios y les dijo. -yo soy un dios- y se rieron y les dijo -ahí yo puedo hacer maíz- y les pidió que creyeran en él.
Edgar Omar

Denuncia abierta a las campañas de lectura ante la PROFECO

Eduardo Campech Miranda
A quien corresponda:

Por este conducto quiero hacer de su conocimiento la siguiente relación de hechos, que me han llevado a un estado no considerado en mi panorama.

Primero: me formé como lector autónomo en toda la extensión de la palabra. No tuve la fortuna de contar con un mentor que guiara mis pasos por los senderos de la lectura. Porque este concepto era aplicable a aquello que podía leer sin tener que dar cuenta de nada a nadie. Y aún sigo ese trayecto.

Segundo: trabajar en la biblioteca pública, rodeado de libros, mediando actos de lectura, conversando de historias, autores, anécdotas, era sacarse la lotería. Empecé con la responsabilidad de atender Videoteca, fui pasando por Sala General, Sala de Consulta, e incluso, un año mi trabajo fue acomodar mochilas en el guardarropa (fue la época que más leí). Proyecté y diseñé el Departamento de Fomento a la Lectura de la Coordinación Estatal de Bibliotecas Públicas en Zacatecas, el cual encabezo desde sus inicios. La Dirección General de Bibliotecas Públicas del CONACULTA me ha distinguido al invitarme a ser parte de los festejos de Hans Christian Anderson en Dinamarca, y cursar el Diplomado en Promoción de Lectura bajo el sello de IBBY México. Además de publicarme en sus revistas, memorias de congresos y manuales de animación a la lectura.

Tercero: tuve el privilegio de acudir a una de las primeras capacitaciones del Programa Nacional Salas de Lectura en Morelia, Michoacán. En ese momento no tenía el convencimiento, la disposición, ni el compromiso con la lectura y su mundo. Así que no me integré al programa. Años después, quizá cuatro o cinco, teniendo la intención de joderme la vida, me mandaron a Jerez a una capacitación (ese fue todo el dato), debería de estar ahí al día siguiente. Me hicieron un favor, era un módulo de Salas de Lectura. Desde luego, me integré a sus filas. Participé en varios de los eventos auspiciados: Encuentros Nacionales, Coloquios, Revistas, Publicaciones. Sigo con mi Sala de Lectura. El Programa me abrió nuevos ángulos del acto lector.

Cuarto: he tenido el inmenso privilegio de compartir espacios de capacitación, como instructor, con mis maestros: Efraín Gutiérrez de la Isla, Carola Diez, Claudia Gaete, Alma Velasco, Gerardo Cirianni, Rubén Ávila Alonso, Rocío del Pilar Correa, entre muchos otros.

Quinto: nunca me titulé de la carrera que concluí: Economía. Sin embargo, he tenido oportunidad de impartir capacitaciones por casi todo el territorio zacatecano –incluyendo la UAZ-, en Aguascalientes, el Distrito Federal, y una charla en Pachuca. En un principio mucho de ese trabajo lo hacía gratis, por amor al arte. Después ya no. Las cuentas mensuales no se saldaban presentándome.

Sexto: veo en Facebook estados donde se describen ingratas situaciones similares a la mía (un reconocimiento y valoración del trabajo realizado en pro de la lectura, pero sólo de manera verbal). Trataré de explicarme con un ejemplo: meses atrás acudió a mí una maestra de un municipio cercano a la capital zacatecana. Me planteaba una problemática de lectura en su escuela. Le ofrecí, incluso le esbocé, un proyecto de capacitación de seis horas, destinado a treinta maestros. Todo iba bien hasta que le dije que serían tres mil pesos más IVA. La maestra salió despavorida. Una compañera que estaba presente me dijo que hubiera negociado el precio, pero yo respondí: “El costo es de cien pesos por maestro, ¿no vale eso mi trabajo?, es más ciento dieciséis, por el impuesto”.

Séptimo: si bien mi trayectoria en el rubro no es nada de otro mundo, tampoco creo que sea despreciable. Si un maestro gana más que yo, es porque a él lo avala un título académico que respalda el conocimiento. Si yo cobro por mis capacitaciones, es porque el trabajo que realizo (y los resultados derivados), también avalan mis conocimientos (adquiridos no en la escuela –siempre fui un pésimo estudiante-, sino en mis lecturas, conversaciones, en el registro y análisis de mis actividades). Porque me he interesado en profundizar en el fenómeno de la lectura, sí, de manera autodidacta, sí, y no en proponerme crear redes en ventas multinivel.

Octavo: intentando hacerme de unos ingresos extras, he enviado proyectos a diversas instituciones educativas nacionales. Hasta ahora las respuestas han sido negativas. Localmente no es bien visto que siendo trabajador de la Secretaría de Educación, cobre por mis servicios fuera de mi sede. De tal manera que es un campo que, toda vez que no cuento con un respaldo institucional académico, va siendo vedado.


Por todo ello y más, señores de la Procuraduría Federal del Consumidor, quiero decirles que leer no me ha hecho más feliz, ni mejor; que leo más de veinte minutos al día y no siempre es divertido, ni mucho menos un placer (sobre todo cuando llegan los recibos de luz, agua, hipoteca, etc.). Que esas campañas que enarbolan el paraíso de la lectura me han defraudado. Que estoy pensando seriamente en tirar la toalla de la promoción de la lectura y la formación de lectores, para dedicarme a cantar rimas sencillas, vulgares, agresivas, que le “lleguen a la gente”, y después me paguen miles de pesos, por invitar a leer.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, marzo 10 de 2014.

miércoles, 9 de abril de 2014

Leer es un placer

Eduardo Campech Miranda

Durante muchos años se ha enarbolado la consigna de que leer es un placer. Supongo que esa frase salió de alguna mente diestra en mercadotecnia. También supongo que surgió del esfuerzo por despojar de las connotaciones desagradables que se generaron en espacios escolares, y aún en los hogares, donde la lectura y el libro eran concebidos, y aplicados, como herramientas medievales de tortura.

Esa estrategia, la derivada de la frase inicial, propició que, en efecto, se incrementara un poco el número de personas que leen. Pero también trajo como consecuencia la repetición constante de la frase hasta la saciedad. Y las malas interpretaciones, desvirtuando con ello el propio acto lector.

En nuestra sociedad, consumista y occidentalizada en su peor versión, la noción de placer se asocia a situaciones de cierta facilidad: el placer de dormir, de descansar, de soñar, de comer. Desde luego que hay placeres que requieren de más esfuerzo: de viajar, de disfrutar placeres costosos, etc., ¿dónde se inscribe el placer de la lectura?, ¿en imaginar, en estar cómodo, en alejarse del mundo, en disfrutar la trama de una historia, el lenguaje de un poema, en ser identificado como lector?

Sin duda en cada una de las acciones enumeradas encontraremos placer según nuestros propósitos de lectura. No obstante, hay uno que es intrínseco a todos ellos: el placer de comprender lo que me dicen. Realizando una analogía pueril, pensemos en un chiste. Esos que contamos, compartimos y gozamos por primera vez están libres de doble sentido. Conforme crecemos le agregamos albur, malicia, humor negro. Si alguien llega a una edad en que se supone ya es “apto” para escuchar y no entiende la broma, el juego de palabras, el doble sentido, el chiste es despojado de su esencia y sentido.

Con lo anterior no intento decir que una lectura no debe ser explicada. Por el contrario, que el lector debe llegar a buscar apoyos, de cualquier índole, para profundizar en la comprensión y salvar la frontera de lo mero literal. Un ejercicio nada sencillo y muchas veces doloroso, por la manera como fue conducido, alejado del placer fácil, inmediato.

¿Tiene derecho el lector a experimentar ese placer? Sí. ¿Tiene derecho el lector-mediador a conformarse con ese nivel de comprensión y gozo? No. ¿Por qué? Sencillamente porque de el depende la forma como se formen nuevos lectores. Como este caso hay varios, muchos. Por eso es común encontrarse a promotores, mediadores, fundamentalistas de la lectura, etc., que en virtud de sus lecturas y la manera de expresarse demuestran que la lectura per se no produce al hombre culto que las campañas de formación de lectores nos quieren vender.


Quizá porque se conciba a la lectura como un acto solitario, quizá por la ermitaña actitud que asumimos algunos lectores, quizá, llanamente, por instalarse en un zona de confort (apoyándose en los derechos del lector, particularmente en el “Derecho a leer lo que sea”), los lectores aludidos no se acercan a otros lectores, a otros soportes que les clarifiquen ideas, conceptos, escenarios que aparecen en los libros. Quizá, bajo la protección del derecho citado, dejan de ejercer uno más amplio: el derecho a conocer.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 3 de marzo de 2014.

lunes, 7 de abril de 2014

La comprensión: un rompecabezas al que siempre se le agregan piezas.

Eduardo Campech Miranda

Cuando imparto algún taller de comprensión lectora casi siempre abordo el tema de la red de significados, cómo se construye, se entreteje, cómo se afinan los tejidos. Si hay alguien que me ha enseñado a descubrir y a intuir muchas de las situaciones de lectura, es mi hijo. Él, como conejillo de indias permanente, a través de conversaciones y de su paso por la educación básica, propicia en mí la reflexión. La semana pasada me corroboró la mencionada red, y aportó nuevos elementos para el análisis de la comprensión lectora.

Me explico. Leer, de alguna manera, es un diálogo, una conversación con otra persona. Es, por decirlo de algún modo, escucharla sin importar espacio ni tiempo. Alberto Manguel, en el apartado “La última página” de su maravilloso libro Una historia de la lectura, plantea que constantemente leemos. Lee el arquitecto la estructura que levanta, lee el amante el cuerpo de la amada, lee el astrólogo la posición estelar. Así, podemos derivar que cuando escuchamos una canción estamos leyendo.

Emiliano, mi hijo de catorce años, hacía su tarea de matemáticas con unos audífonos puestos. Yo volvía en sí después de una pequeña siesta y lo primero que me dijo fue: “¡Qué bonita canción!”. Pregunté a qué se refería y respondió que a “Cita con los ángeles de Silvio Rodríguez”. Una letra con metáforas e intertextualidades que no resulta del todo sencilla.

En un afán de no estropear su goce estético, evite indagar si había comprendido la letra. Pensaba hacerlo días después. No fue necesario porque al día siguiente él solo abordó el tema:
-Me he dado cuenta que cuando relaciono imágenes con algo, entiendo mejor.
-¿Cómo es eso?
-Sí, mira. Tengo la canción de “Cita con los ángeles en la computadora” y sólo entendía algunas cosas, como que habla de John Lennon e Hiroshima. Pero otras no. Entonces busqué en Youtube el video con imágenes y vi más cosas. Que hablaba de algo en Cuba, y en España. En Cuba alguien iba a caballo, pero no sé quién es. En España mataron a Federico, pero no sé cuál. De la bomba atómica dice que “y el ave negra abre la boca cuando atraviesan Hiroshima.
-¿Sabes qué quiere decir eso?
-Sí, que el avión pasó y tiró las bombas.
-Eso es una metáfora.

Seguimos camino a casa y llegando me mostró el video aludido. Aproveché para tratar de rescatar sus conocimientos previos. Le recordé sus clases de Historia: el Oscurantismo, la Edad Media, la Revolución Industrial, la Revolución Francesa, la Independencia de Estados Unidos. Le referí a conversaciones de mayores donde él estuvo presente: la tertulia donde se habló de José Martí y “La niña de Guatemala”; los talleres a los que me acompañó y se leyó El cartero de Neruda; el andamiaje realizado con “Las nanas de la cebolla” de Miguel Hernández.

Rescaté lo que ha presenciado: la película La lengua de las mariposas, el espectáculo Lamento y quejío. De éste último le dije que de los textos leídos, muchos eran de Federico García Lorca. Le pedí que relacionara canciones que escucha: “Violetas para Violeta” (con Joaquín Sabina); “Santiago de Chile” (con Los Bunkers). Finalmente, le referí un libro que leyó hace poco: El mundo de Sofía.


No expliqué mucho. Todo lo anterior fue a través de preguntas. La conclusión, a mi juicio, fue fantástica: cómo tuvimos que relacionar lo que escuchamos, vemos, conocemos, con lo que leemos. 

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 17 de febrero de 2014.

Los terroristas de la lectura

Eduardo Campech Miranda
La lectura es un diálogo entre un interlocutor presente en el acto mismo y uno que trascendió tiempo y espacio. Entre otros motivos, el hecho de no entender un texto implica un que no contamos con los mismos conocimientos que el autor, que desconocemos los términos, que no llegamos al texto con los referentes necesarios, por ello salimos ilesos de algunas lecturas. Esto lo sabe el lector, ese que lee regularmente, el que no se queda con la duda, el que concibe al texto como un reto, y al resolverlo encuentra el placer, el que piensa en su propio proceso.

Por lo anterior, la educación hacia la lectura trasciende la alfabetización. Leer es más que oralizar el código escrito. ¿No me cree? Tome un texto en danés, en noruego o en un idioma que sea muy lejano de nuestra cultura. Léalo bajo la premisa de que las palabras extranjeras que no conocemos su pronunciación, ésta se realice “como está escrita”. ¿Entendió algo?

Leer sin los elementos o bajo las circunstancias planteadas en el primer párrafo es una analogía del ejercicio anterior. Aún se trate de un texto en nuestro idioma materno. Es así como las dos situaciones que plantearé a continuación (ambas reales) son un atentado contra la lectura, la formación de lectores y el placer de leer. Son actos terroristas.

Hay una escuela primaria en Guadalupe, Zacatecas, donde una maestra de cuarto grado solicita lecturas bimestrales. La primera lectura es una hermosa novela de Luis Sepúlveda, Un viejo que leía novelas de amor (véase “La Gualdra” del 26 de septiembre de 2011). El título se encuentra dentro de los acervos del Programa Nacional de Lectura, pero está destinado para estudiantes de secundaria. Si bien la historia de Sepúlveda es una bella manera de mostrarnos cómo funciona la lectura, también es cierto que un niño promedio de nueve años, ignora muchos términos de la redacción, y muchas de las situaciones ahí narradas, incluyendo algunas de un leve toque erótico. La segunda lectura es otra obra juvenil: La ciudad de las bestias de Isabel Allende. 
El otro caso ha sido la lectura de la primera parte de la versión original de El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha a chicos de secundaria. Una de las dificultades para leer a los clásicos de la lengua viene dada por la oralidad. Cuando esos jóvenes se despiden para acudir a alguna fiesta, a jugar, a salir con los amigos, con la novia, el novio, a ninguno de ellos les preguntan: “¿a dónde os dirigís?”. Como tampoco encontrarán en el texto a don Quijote proponiendo a Sancho ser gobernador de una isla en los siguientes términos: “Te conviene gûey”.

En ambos casos la indicación fue imperativa: “léanlo” pero sin un contexto o informaciones previas que propicien un acercamiento más significativo al texto. De esta manera, obras tan bellas como la de Sepúlveda, agregan animadversiones gratuitas, por el hecho de no dar al incipiente lector las herramientas para sumergirse en el texto.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 10 de febrero de 2014.

Organizar la biblioteca de aula

Organizar implica una serie de procesos mentales y operativos que van desde la clasificación, la agrupación, el buscar elementos comunes, ya sea en la letra inicial del título, de la portada, del grosor y tamaño de la obra, es decir, de todos aquellos paratextos que acompañan al libro. Organizar algo que no se conoce resulta difícil, es por ello que planteamos primero echar un vistazo al acervo de biblioteca de aula.

Exploración libre

Una actividad fundamental en la organización de la biblioteca de aula será la Exploración Libre. Piense usted en su actuar cuando acude al mercado. La posibilidad de manipular, palpar y seleccionar el producto (fruta, verdura, legumbres, etc.), brinda la seguridad de realizar una buena elección. Siguiendo con la analogía, recuerde su estancia en un puesto de revistas y periódicos: toma la publicación que más llame la atención, la hojea (y ojea), si no hay algo que le interese coge otra, hasta que salta una palabra, una imagen que atrape su atención.
Eso mismo sucede durante la Exploración Libre. Hay una conexión fuera de condicionamientos donde el lector está en posibilidades de elegir, y ante la oportunidad de descubrir ventanas y puentes hacia los libros. Hay que considerar que esta actividad tiene como propósito familiarizar a los chicos con el acervo.
Modalidad “Feria del Libro”
Divida al grupo en cuatro equipos. Dos se dedicarán a ser “libreros”, y dos a ser “lectores”. Si los chicos no conocen, ni tienen noción de lo que es una feria del libro, este ejercicio les brindará la experiencia.
Los lectores buscarán libros en general (¿tiene libros de animales?, ¿algún libro para aprender los colores?, etc.); títulos en específico (¿tiene el libro Rafa el niño invisible?), o por autor.
A través de esta simulación, los alumnos explorarán el acervo, intentarán vender, convencer al lector, el cuál intentará que su necesidad y curiosidad queden satisfechas.
Modalidad “Libre”
Exponga los libros en una mesa. Deje que los chicos, por turnos o al mismo tiempo, acudan a ellos, los manipulen, los exploren, los (h)ojen. La consigna final será que elijan el libro que más les llamó la atención. Al final, en una plenaria, expresaran los motivos de su elección.
Bajo esta modalidad, se incentiva la expresión oral frente al grupo, se comparten los argumentos y permite identificar intereses de los niños. Esto último será importante toda vez que permitirá al docente contar con una “radiografía” de temas afines a su grupo, lo cual redundará en una mejor selección de títulos al momento de hacer actividades de promoción y mediación de la lectura.

Criterios de clasificación y organización de la biblioteca escolar

Por cuestiones de convencionalismos y espacio, las bibliotecas exhiben, primordialmente, el lomo de sus libros. Elemento sin duda importante, pero que aporta poca información al lector. Si pensamos en acercar a los alumnos a la palabra escrita, lo ideal será que ellos sean quienes definan cuál será el criterio que imperará.
De manera somera, podemos decir que hay dos tipos de clasificaciones: las convencionales y las no convencionales. Entenderemos las primeras como aquellas donde saltan a la vista características de los integrantes de un grupo. Por ejemplo: en su salón de clases no es necesario clasificar a los alumnos en hombres y mujeres para determinar a cuál género pertenece tal o cual estudiante.
En cambio, las clasificaciones no convencionales permiten identificar características no visibles en primera instancia. Si a su mismo grupo de alumnos les solicita que se agrupen entre quienes les guste la cebolla y a quienes no, tendremos un ejemplo de ello.
Las bibliotecas públicas, las bibliotecas universitarias tienen su propio sistema de clasificación. Las bibliotecas escolares también. En la página legal encontramos una reproducción de una ficha bibliográfica que integra, entre otros datos, la signatura topográfica (clasificación) del Sistema Decimal Dewey.
Dicho sistema, que es el mismo que utilizan las bibliotecas públicas de la Red Nacional de Bibliotecas del CONACULTA, divide el conocimiento humano en diez grandes áreas. De tal manera, que el criterio de clasificación es temático, la misma naturaleza y lógica de esta clasificación la hace muy operativa para la administración bibliográfica, pero no para la formación de lectores.
Por ello, dar la oportunidad que cada quince días, cada mes como máximo, un grupo de alumnos ordenen los libros como mejor les parezca, será una actividad fundamental en el descubrimiento del libro y la lectura.
Se recomienda que los criterios sean no convencionales. Tal vez en los primeros ejercicios se organice por grosor, color, tamaño, temática (derivada a partir de la portada o título), tamaño de letra, sin embargo, lo recomendable es que los chicos se arriesguen y se animen a inventar otras clasificaciones: libros que quiero leer con mi madre (o padre); libros que me gustaría tener en casa; libros que no me gustan; libros que me parecen feos, etc. Al final del acomodo, el grupo intentará identificar cuál fue el criterio de organización, por último, los participantes explicarán cómo y por qué se decidieron por ese criterio.
Si esta actividad se realiza periódicamente, los niños podrán ponderar la importancia de mantener organizada su biblioteca, de conocer los títulos que la componen y descubrir lo que los libros tienen para ellos.

viernes, 4 de abril de 2014

Un libro, una canción y su encuentro en un colectivo.


Eduardo Campech Miranda

Conocí, como muchos, la canción de “Las Batallas” en un disco compacto de Café Tacvba. Como a otros tantos que no habíamos leído la novela de José Emilio Pacheco, y como pasa con muchas canciones, me la sabía de memoria pero no la entendía.

Durante una capacitación de los talleres de Mis Vacaciones en la Biblioteca, Alma Leyrda Cárdenas nos develó el misterio de la letra de Café Tacvba. Ahí conocí la prosa de Pacheco. Antes había leído algunos de sus poemas.

Al año siguiente supe que la actividad la había aprendido de Claudia Gaete Balboa, entrañable amiga. A Claudia la volví a encontrar en capacitaciones de Salas de Lectura y en un diplomado ofrecido por iBBY México y años después en un diplomado que se ofertó en Zacatecas a docentes de Educación Básica. Y fue hasta esta última ocasión en que compartió cómo había relacionado e ideado el andamiaje de comprensión lectora con ambos textos.

Nos compartió que en un viaje en colectivo en el Distrito Federal, escuchó la canción –que ella misma sabía de memoria- y fue entonces que acababa de leer la novela. Ahí le llegó la iluminación: esa que se presenta cuando descubrimos intertextualidades. Fue así como se elaboró una actividad tan exitosa que, incluso, aparece en los libros de telesecundaria.

Pero más allá de la aportación de Claudia Gaete a la comprensión lectora, el andamiaje ha propiciado el acercamiento con la obra de José Emilio Pacheco. Los jóvenes y los adultos encuentran en ella una historia que propicia las evocaciones y las relaciones culturales. Recuerdo cómo en una ocasión, realizando la misma actividad de Gaete, una maestra se saboreó las tortas de nata, cómo la historia está tan bien construida que brinda la posibilidad de mostrar herramientas de comprensión lectora, cómo en unas cuantas páginas nos traslada a un México que sigue siendo el mismo: el de las promesas de equidad, justicia y modernidad. Pero por otro lado va abriendo paso a la globalización consumista.


Todas esas deudas sociales Pacheco las señaló en su poesía, he ahí el motivo por el que no amaba a su patria, y por el cual, ironizaba con una crítica mordaz la reunión de antiguos compañeros. Por esos sus palabras, con toda autoridad, al entonces candidato Peña Nieto: “Si no lee, no puede tener lenguaje y sin lenguaje no puede pensar en los problemas del país. Los límites del lenguaje son los límites del pensamiento.”

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 4 de febrero de 2014.

Imagen: Notimex.

miércoles, 2 de abril de 2014

Ese caleidoscopio que es la lectura


Eduardo Campech Miranda

La lectura, en el ámbito escolar, tiene frente a las matemáticas varias desventajas. La primera es de connotación histórica: aún en las civilizaciones más remotas encontramos sistemas numéricos y elaboración de conceptos tan abstractos como el cero maya. Si bien es cierto que también algunos pueblos tenían rudimentarios sistemas de escritura, no es sino hasta el siglo xx, en la década del cuarenta para mayor precisión, cuando aparecen las primeras teorías de la lectura.
Otra desventaja viene dada por la enseñanza y evaluación. El pensamiento lógico-matemático se apoya en imágenes y en objetos tangibles para su inicial desarrollo. Así, es común encontrar semillas, frutas, dibujos (y aún los dedos de las manos) para calcular las operaciones aritméticas básicas (sumar y restar). La lógica lineal que impera en el razonamiento matemático (dos más dos, siempre han sido, son y serán, cuatro; hoy, hace un siglo, dentro de doscientos años) hace posible y evaluable una operación aritmética o algebraica.
Si confrontamos a la lectura con el escenario anterior encontramos, en un principio, que los soportes iconográficos son de gran utilidad en el dominio del código alfabético (relación imagen-palabra). No obstante, una vez que el incipiente lector logra, medianamente, decodificar se le deja solo y las imágenes mentales, en un principio homogéneas –en función de la imagen utilizada en la asociación con la palabra- se va diversificando, dando como resultado la creación de imágenes mentales, asociaciones, evocaciones, sentimientos, como lectores existan.
Por lo anterior, el saber cómo funciona la lectura ofrecerá los fundamentos cognitivos para el diseño, implementación y evaluación de actividades encaminadas, no sólo a la formación de lectores, sino a profundizar y mejorar la comprensión lectora. Pero también posibilita algo más profundo: la metacognición del proceso lector.
En torno a la lectura se han desarrollado una serie de mitos: “leer nos hace mejores”, Hitler fue un excelente lector; “las generaciones actuales leen menos que las anteriores”, falso, las generaciones de hoy leen lo mismo que nosotros, pero en distintos soportes y con distintos niveles de profundidad. Por otro lado, en la historia de la humanidad, los lectores nunca hemos sido mayoría. Isaac Asimov consigna que durante la peste negra que azotó a Europa en el medievo, un lugar que aseguraba la supervivencia eran los monasterios. Fue tan común hacerse pasar por monje que se determinó utilizar el siguiente mecanismo para desenmascarar a los impostores: se tomaba un libro y se le pedía que leyera.
Desde luego que esa lectura se realizaba en voz alta, que era la práctica social de la época. Cuenta San Agustín, en sus Confesiones, que se santiguó cuando, al ingresar a la biblioteca, observó y testificó que San Ambrosio leía en silencio. Su reacción obedeció a que “nunca había visto a alguien en posición tan demoniaca”.
Ahora bien, otro mito más es el compararnos con otras naciones en cuanto a indicadores de lectura se refiere. Nuestro país tiene una gran tradición literaria y oral, o así lectora. Victor Hugo narra en Los Miserables la siguiente escena: “Jean Valjean se había propuesto enseñarle a leer [a la pequeña Cosette]. A veces, sin dejar de hacer deletrear a la niña, pensaba que era con la idea de hacer el mal que había aprendido a leer en presidio. Esta idea, actualmente, se ha convertido en la de enseñar a leer a la niña”.
En esta novela, publicada en 1862 y con una trama que se desarrolla en la primera en la primera mitad del siglo xix, Valjean aprendió a leer en prisión. ¿Alguien se imagina que eso mismo sucediera en nuestro país en aquella época? No. Nuestro territorio enfrentaba los proyectos de nación. Había situaciones que exigían mayor prioridad. Aunque en la segunda mitad decimonónica hubo diversos connacionales letrados y preocupados por la instrucción. He aquí otro de los hechos para argumentar que las comparaciones son injustas: la tradición lectora.
Leer, para muchos teóricos, es una transacción entre el lector y el libro, un proceso de constante construcción, por ello, de acuerdo a Ken Goodman:

(…) la lectura es un proceso constructivo, lo que lleva a dos condiciones:
*        Dos lectores jamás producirán el mismo significado para el mismo texto.
*        Ningún significado del lector concordará perfectamente con el significado del escritor.

A partir de lo anterior es donde toma relevancia la forma de preguntar. Siguiendo la inercia en la que fuimos formados la mayoría de los adultos (llámense docentes o padres de familia) apelamos a un tipo de preguntas. A aquellas que nos atormentan porque debemos recordar fechas, datos, lugares, personajes, y en las peores, objetos secundarios e intrascendentes para el texto o el argumento.
Esto impacta directamente en los niveles de comprensión lectora. Bajo las acciones descritas sólo se alcanzan los dos primeros (literal y literal profundo). Es así como se puede presentar un escenario paradójico: tener una población lectora pero con poca capacidad de análisis. La mayoría de los exámenes o instrumentos de evaluación estandarizados, los cuales están construidos por otro tipo de razonamientos y no sólo por localización de la información.
Una de las actividades que más abonan a una mejor comprensión lectora es el andamiaje. Llamado por algunos estudiosos “lectura compartida”, privilegia la creación de imágenes mentales. El mediador o moderador sólo debe ir encausando las respuestas de los participantes:

El concepto “andamiaje” (seaffolding) fue inventado por Brunner (1983, 1986) para explicar el proceso de Vigotsky (1978) sugirió había que emplear para ayudar a los alumnos alcanzar su nivel de desarrollo potencial.

(…) el profesor ayuda a los niños realizando lo que ellos no pueden hacer al principio, permiténdoles poco a poco hacerse cargo de partes del proceso de construcción textual a medida que van teniendo capacidad de hacerlo. El profesor controla el centro de atención, demuestra la tarea, la divide en parte, etc.”

Entre las estrategias para formar lectores y escritores sobresale la lectura en voz alta. Diversos estudios han demostrado las virtudes de este tipo de lectura: apuntala la seguridad del lector, enriquece su vocabulario, desarrolla la capacidad de atención y memorización, propicia trabajos mentales de síntesis y análisis, en fin, forma lectores. ¿Para qué formar lectores? Para formar ciudadanas y ciudadanos autónomos, con herramientas sólidas que enfrenten los retos cotidianos de la vida moderna, con capacidad de conformar una cosmovisión más elaborada. Bastantes teóricos coinciden: el mejor método para formar lectores es leer en voz alta.

Pero la lectura en voz alta no sólo tiene relación directa con el aprendizaje o los contenidos del área lingüística o literaria. Leer en voz alta es una manifestación de la oralidad. No de una oralidad mecanicista o programada, por decirlo de algún modo. Sino de una oralidad creadora, argumentativa, auténtica. Una oralidad plural e incluyente, tolerante y respetuosa. A diario hacemos uso de ella, pero no siempre asumimos la postura del receptor, no siempre sabemos escuchar. Una oralidad que se asuma como eficiente debe saber escuchar y hablar.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 20 de enero de 2014.

De sus fundaciones y nuevos hijos, los cuales no son ni Mundito ni Alejandro David, sino los otros. De experiencias personales

“Cada lector busca algo en el poema, y no es insólito que lo encuentre: ya lo lleva dentro.”
Octavio Paz


Al Dr. Veremundo Carrillo Trujillo, maestro al que admiro desde que lo conocí.

Hay figuras que determinaron el horizonte literario del Estado y su cultura, de la escuela que me ha formado, que dieron el cimiento para lograr por medio del logos y la elocuencia lo que muchos, de lo cual estoy segura, se jactan y enorgullecen de ser parte. La facultad de Letras para mi fue como un hogar, con sus altibajos porque venía de un lugar más chico, pero que me deslumbró, me llenó de ideas la cabeza, quizá no careciese de ellas, pero sí, del empuje exacto, necesario y transformador para llevarlas a proyectos, y realidades concretas.
El primer semestre transcurrió sin muchos cambios, como que iba y venía cada fin de semana de mi lugar de origen, llevaba nuevas historias, sucesos y anécdotas a mi familia; sin miedo al futuro, todo lo contrario, con más ambición de conocimiento. El tercer y cuarto semestre fueron -según mi familia- emblemáticos, ya no iba cada fin a casa, ya iba cada mes, porque mi visión había cambiado, se trastocaron los hilos de mi ambición; llevaba el segundo semestre de latín, materia que más que eso se convirtió en un ideal de vida, una ligera y determinante decisión, un proyecto para continuar, con un rumbo fijo, con maestros que me enamoraron de lo que eran las lenguas clásicas; Es ahí donde comienza mi terca y puntual idea de hacer mi tesis de traducción de latín o algo referente al latín, porque era un gusto que quería darme, porque no había obstáculos, ni barreras que pudiesen conmigo. Y en ese terco ideal sigo, hasta que llegue a la culminación de esa hambre de conocimiento, que espero no sea pronto.
Hablemos de lo importante, ¿por qué les cuento esto? Es fácil, delimitemos, no conocía mucho de cultura y talleres, los encontré, me quedé prendada de las mil actividades que se podían realizar en Zacatecas, tan pequeño geográficamente (hablando de la capital) y tan grande en diversidad cultural.
Visité uno, dos, tres, no sé cuántos diplomados de Lenguas clásicas, impartidos por el Dr. Alberto Pérez Pereida en latín, y el Dr. José García en griego, realizados por la AZECME; visité los talleres sobre “Literatura latinoamericana del Siglo XX, primera y segunda parte: novela y poesía respectivamente” impartidos por el Dr. Veremundo, en los cuales conocí a gente impresionante, que van desde el maestro Juan Bernardo Flores Gaeta, hasta la inolvidable Rosita Caloca, y tantos y tantos que podría mencionar y nunca termianría, tanto a aquéllos que pertenecían al área de humanidades como a los que no tenían nada que ver con ésta, únicamente el deseo de adentrase en ese mundo, que solían ser contadores, médicos, abogados, profesores, la mayoría –personas con mucha experiencia sobre sus hombros- hubo quien me dijo, eres joven, y creo que es la primera vez que veo gente como tú en los talleres del Dr. Veremundo, así era, fue mi primer contacto con su mundo, el estar tan cerca de personas como ellos, y ver la admiración y respeto, hasta el punto en que ves el por qué y dices, “más vale tarde que nunca” también es cierto que ya había visitado la unidad; sin embargo para conocer a una persona, no basta con un seminario, el verdadero contacto se da, al menos en mi persona, cuando logras llegar tocar fibras tan sensibles: el llanto que transmite llanto, el aprecio que transmite confianza y sobre todo el sentimiento de humanidad que el Dr. Veremundo lograba dejar en los asistentes al diplomado.
Veremundo Carrillo Trujillo, ser de naturaleza en continuo contraste, dice –Juan Antonio caldera Rodríguez- en el prólogo a su Obra poética 1953-2003- “poeta de tiernas finezas y de entrañables imágenes […] poeta de un mundo que por cercano al nuestro nos pertenece en lo medular y en lo discreto […] Seductor poeta, y poeta de claridades, su obra atrae por su acuidad y su diafanidad.”[1]
El poeta humanista nunca desmaya y sigue su lucha, después de la fundación de la facultad de humanidades, junto con la Dra. Diana Margarita Arauz Mercado, el Dr. Luis Felipe Jiménez Jiménez, el Dr. Alberto Pérez Pereida, y la Dra. María José Sánchez Usón da vida a un nuevo proyecto, la Asociación Zacatecana de Estudios Clásicos y Medievales (AZECME, 2007 quien “pretende ser un punto de encuentro, reunión y reflexión sobre las diferentes facetas de la cultura antigua en general”[2]) presentado un entusiasmado apoyo y renovación a los estudios clásicos, abandonados y arrinconados; sin muchas miras y ambiciones con anterioridad. Esta asociación a permitido incursionar en nuevos talleres, nuevas visiones, adentrando e interesando a la juventud, especialmente a aquellos que pertenecemos a las humanidades.
Veremundo, un ser humanista por naturaleza:
Al leer su obra poética me encontré con un poema que plasma algunas imágenes interesantes, al ya haber conocido un poco de su vida, de su mundo, y sobre todo del cómo fue su construcción personal, desde teólogo hasta humanista (mundano)- entiéndase esto- desde el punto de vista de los dos amores en los cuales incursionó y han estado presentes sobre todo en su obra poética: el amor divino y el terrenal.

Escuchad: soy un hombre.


¿Rubio? ¿Negro? ¿Moreno?
¿De oblicua mirada?
¿De color de la Carne de Verbo?

Soy un hombre: sabed.
Os tendrá que punzar mi secreto:
Hay un hondo alarido de siglos
En mi herido silencio.

Soy un hombre de plaza y de teatro,
De prisa y bostezo.
Soy un hombre de puño cerrado y danzar epiléptico.

Reconcentro, cronómetro en mano,
mi poder, mi fastidio, mi ensueño,
y lo lanzo a girar por el cosmos
y en la luna lo estrello.

Solivianto y aplaudo,
Amenazo y miento…
Y entorpecen mi sabia campaña
El amor y el miedo.

A Dios va mi grito
De ansia o de desprecio.
Y en mi grito va Dios, complaciente:
Estallido y Eco.

Soy un hombre ridículo y sabio,
Poderoso y enfermo.
Por mis venas discurre mi siglo
Frívolo, trágico, espléndido.

Soy un taumaturgo,
soy un paralítico y ciego.
Me tiro a la charca,
Repto, corro, vuelo.
¿Qué os importa el color
de mi epidermis o mi pensamiento?
Mi conflicto es de amor:
¡Soy un hombre! ¡Sabedlo!

Os exijo amor
Para mi espíritu y para mi cuerpo…
Porque habéis de saber que mi carne que mi carne es hermana
De la Carne del Verbo.[3]









Cada palabra dibujada, matizada y sobre todo reflejada en su poesía, cada verso, cada estrofa, cada poema es una parte de la esencia de Veremundo como poeta y como hombre.
Sería redundante decir, y expresar todos y cada uno de los logros y acciones que han llevado al maestro, amigo y señor Veremundo a ser lo que es, creo que eso ya todos lo sabemos, y por ello estamos aquí, por lo que sólo me resta decir, ¡Gracias Maestro!










                                                                                  Sara Margarita Esparza Ramírez



[1] Carrillo, Trujillos, Veremundo, Obra poética 1953-2003, IZC, FECAZ; CEDH; H.A.Z, UAZ, Zacatecas, 2003. p. 9
[2] http://www.azecme.org/
[3] Carrillo, Op. Cit. P. 96

jueves, 27 de marzo de 2014

Soñar estando despiertos

Eduardo Campech Miranda

Decir que los adolescentes y jóvenes no leen, es una perogrullada. Una verdad que justifica, y oculta, una problemática más de fondo. Señalar que un sector (incluida la población mexicana) no lee, es, por un lado, desacreditar el trabajo constante de mediadores y promotores de lectura (formados y líricos). Pero, volviendo a la primera aseveración, exhibe alguna deficiencia en la práctica docente.

Me explicaré: durante esta primera semana de clases, atendí a un grupo de telesecundaria. Fue una atención breve y concisa. Una de las maestras planteaba, en términos de reproche, la poca o nula actitud de los jóvenes hacia la lectura. Exponía los argumentos tantas veces escuchado por este servidor: “Los muchachos no quiere leer, no les interesa. Por más que los pongo a hacerlo, no les inculco ese gusto.”

Tomé un libro, el primero que tuve al alcance de la mano, y lo entregué a la maestra. Solicité me hiciera una demostración de cómo acostumbra a indicar que los chicos lean. Cogió el ejemplar, lo mostró a los alumnos y les dijo: “Abran su libro en la página x, pongan atención a títulos, subtítulos e ideas principales.” Nada más erróneo y poco productivo para formar lectores que el anterior ritual, reproducido miles de veces desde hace décadas.

Le comenté que es necesario conocer con antelación el texto. ¿Para qué?, para crear vínculos y conexiones con los posibles lectores. Tomé Querido Diego, te abraza Quiela, y sin hacer referencia al libro, pregunté a las señoritas quién tenía novio. Ninguna. Entonces les pedí que imaginaran que hay un joven que les gusta. La vida les brindó la fortuna de vivir con él. Tuvieron un hijo, pero murió. Él tuvo que irse y ella le escribía cartas. Él no contestaba. Ella siguió escribiendo durante varios años. Mucho tiempo después se encuentran, ¿qué le dirían?

Las caras de expectación aparecieron en los rostros de las adolescentes. Y ahora sí, poniendo al libro como centro de su atención, dije: Pues ese hombre era Diego Rivera, el pintor. La mujer, Angelina Beloff, su esposa en Francia, y esa historia está en este librito. ¿Quieren saber qué pasó? Las voces, al unísono, respondieron afirmativamente. Pues tendrán que leer el libro para saberlo. ¿Quién quiere leerlo? Las manos comenzaron a levantarse.

Crear puentes, conexiones, nexos entre las historias de vida y las historias literarias, generar expectativas, preparar atmósferas, son recursos más eficientes y atractivos para formar lectores. En los libros hay algo más importante que leer para aprobar una evaluación, entregar un reporte de lectura, apostar por actos que no siempre son bien entendidos (ideas principales, propósitos, etc.).


Si el objetivo de la maestra es formar lectores, insisto, va por el camino más corto pero en sentido contrario. Usando los recursos mencionados, y más, los lectores potenciales descubrirán que en un poema hay una frase que expresa un sentir pero que ellos no supieron darle palabras; que en un personaje hay rasgos que son comunes, que es posible soñar estando despiertos.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 13 de enero de 2014.

miércoles, 19 de marzo de 2014

Manual del sepulturero

La actividad consiste en leer la primera parte de la novela de Markus Zusak, La ladrona de libros, hasta el momento en que Liesel coge el primer libro: Manual del sepulturero. ¿Cómo será este manual?, ¿cuál será su índice, su contenido? Se solicita a los participantes que respondan las preguntas anteriores. Una vez que surgen algunas respuestas, se invita a que redacten una introducción y un índice para esta obra. A continuación, algunos ejemplos:

Introducción

Este libro te ayudará a enterrar cadáveres, cómo hacer los sepulcros, cómo saber cuánto se debe escarbar y cómo hacer las mejores tumbas sin mucho esfuerzo, fácil y económico, con el cual no sólo enterrarás si no que también te vas a entretener haciendo las tumbas y hacer agujeros de forma divertida. Además de ayudarte sobre este oficio, donde pocas personas les gusta este trabajo como a ti.

Índice

1. Herramientas.............................................................1
2. La forma de usar las herramientas...............................5
3. Los agujeros..............................................................13
4. El acomodo del ataúd.................................................29
5. El entierro..................................................................40
6. Las lápidas.................................................................42
7. El cuidado de las lápidas.............................................50
Omar Fernando Navarro Muro

Introducción

Para empezar la sepultura es un arte, entonces ante ese ámbito se hizo este manual para sepultureros. Así que se verá cómo enterrar a los muertos y los hoyos, cómo hacerlos.

Índice

Capítulo I...........................................................................La pala y su uso.
Capítulo II..........................................................................El hoyo y el tamaño.
Capítulo III.........................................................................Cómo agarrar al muerto.
Capítulo IV.........................................................................Cómo ponerlo.
Capítulo V..........................................................................Cómo enterrarlo.
Diego Iván Saucedo Berumen

Introducción

Este libro te hablará, contará y te explicará todo lo que necesitas saber sobre un sepulturero, desde su vida hasta lo que nunca sabrás.

Cuando lo empieces a leer no podrás parar y cuando terminéis de leerlo no lo volverás a leer y lo odiarás. Así que vos decide lo que quieres.

¿Quieres leerlo?

Pues empieza y podrás ser un verdadero sepulturero y empieza a crear y hacerte un verdadero sepulturero.

¡Bienvenido!

Índice

CAPÍTULO                                                                PÁGINA
1. Herramientas.................................................................1
2. Cómo utilizarlas.............................................................3
3. La vida..........................................................................6
4. Cómo se utiliza en la ceremonia.....................................10
5. Las dificultades............................................................. 15
Eduardo Emiliano Campech Correa

Introducción

Este libro se trata de lo que ha visto, olido y sentido la muerte, y otro de un sepulturero necesitando una pala para cavar las tumbas.

Índice

Capítulo I: Herramientas.
Se trata de la muerte, hablando de nosotros, donde nos dice "Soy justa, así que no tengan miedo".

Capítulo II:
Es de un avión estrellado durante la Segunda Guerra Mundial.

Capítulo III: 
La ladrona de libros robaba libros para ser feliz con ellos, hasta llegar a la casa del gobernador viendo que tenía una gran biblioteca.

Capítulo IV:
Los muertos que se lleva la muerte.
Miguel Salvador Gutiérrez Reyes

Introducción

Este libro trata de mucho terror muy interesante. Tiene tristeza y hay una muerte que percibe los eclipses cuando una persona muere. 

Una niña se roba libros y va buscando frases y busca la felicidad con las frases.

Índice

Capítulo 1: Herramientas.
Capítulo 2: Con esas herramientas se cava la tumba con una pala.
Capítulo 3: Se cavan antes de que se vayan las personas, ya para tener todo listo.
Capítulo 4: Aunque las personas o quieren que lo entierren porque sienten un sentimiento por él.
Capítulo 5: Es lo correcto, a veces las personas quisieran ir a la tumba con ellos.
Alexis Arturo Briseño Candelas

En los ejercicios anteriores, al margen de seguir la indicación inicial, se puede observar la familiaridad entre el asistente y la lectura. Los primeros ejemplos, además de la disposición a jugar con la escritura, una noción más afianzada de lo que es una Introducción y un Índice. Los dos últimos casos se circunscriben a desarrollar el argumento de la historia original. 

La actividad está pensada para realizarse con chicos de doce años en adelante. Sirve como apoyo para conocer los paratextos.