martes, 14 de febrero de 2012

Más y osaré, más que un extraño enemigo, un extraño canto


Eduardo Campech Miranda[i]

Aproximadamente desde noviembre del año pasado, he estado trabajando con un grupo de sexto grado de primaria. El objetivo primordial es prepararlos para presentar el examen de admisión a secundaria. Sin embargo, he decidido no desaprovechar la oportunidad para acercarlos a la lectura y a la palabra escrita.

Fue precisamente hace un par de semanas cuando estaba pensando en aplicarles un andamiaje. Una de las dificultades a que me enfrentaba era la diversidad, porque además del grupo de sexto, se han ido integrando chicos y chicas de tercero y de quinto grados de primaria y una señorita de primero de secundaria. ¿Qué texto podría usar para que fuera común a todos y sin que sea aburrido para unos y difícil para otros?

La elección recayó en el Himno Nacional Mexicano. Cada lunes, sin falta, salen a la plaza cívica a entonarlo con todo el fervor patriótico, impulsado desde las aulas. El ejercicio arrojó, sin proponérmelo, resultados sorprendentes.

La consigna fue: en la hoja que les di, escriban el Himno Nacional. Las pretextos aparecieron junto a las caras de sorpresa: “¿y si no me lo sé?, ¿y si no me cabe?” Por respuesta obtuvieron un “escribe lo que te sepas o lo que quepa.” Diez de ellos lo escribieron en verso, los ocho restantes lo hicieron en prosa.

De los primeros, cuatro no usaron signos de puntuación, tres hicieron uso o de un punto o una coma. El resto uso sólo puntos. Sólo una niña escribió signos de admiración. Del segundo grupo, únicamente dos niños usaron puntuación: uno, una coma y el otro un punto y aparte y puntos suspensivos.

Más allá de estas fallas, llamó mi atención lo que entienden, o creen entender, al entonar el himno. La modificación más recurrente, seguramente en la población en general, es “y retiemble en sus centros la Tierra…” Otro es “del acero aprestad”, uno más dentro de los de mayor frecuencia es “al sonor o rugir del cañón”, además de “un soldado en cada hijo de dios”. De manera individual, porque los anteriores fueron más colectivos, se presentaron errores como: “Siña opatria tus sienes de oliva”, “y retiemble sucentros la tierra”, “Ciño ¡patria! tus cienes de oliva”, entre otros.

El famoso “más si osare un extraño enemigo”, se cocina aparte. Lo mismo escribieron “Más y osaré un extraño enemigo”, “mas esore un extraño enemigo”, hasta el multicitado “masiosare un extraño enemigo”. Sin contar a dos niños que iniciaron escribiendo La marcha de Zacatecas.

El andamiaje pasó a segundo término. Tan sólo la escritura se llevó todo el tiempo de la actividad. Los resultados provocan las siguientes reflexiones: ¿realmente el conocimiento adquirido es significativo?, vaya, ¿les significa algo cantar cada semana el himno? Lo dudo, en la medida que no tienen noción de lo que repiten. Ese es el problema, se les entrena para repetir, para aprobar el examen inmediato, sin pensar en el examen de la vida. Masiosare no sólo es un extraño enemigo, el mismo himno es extraño, aunque les digan que es amigo.


[i] ecampech@yahoo.com.mx

Crónica de un fracaso anunciado


Eduardo Campech Miranda

La Secretaría de Educación Pública (sep) y el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (snte), siguen errando en la estrategia formar lectores. La modalidad asumida en este ciclo escolar, además de los absurdos estándares de lectura, es la elaboración de un plan para que los docentes de educación básica promuevan la lectura entre sus alumnos.

Como he mencionado en otras ocasiones, en este y otros espacios, mientras los mediadores no sean lectores, no experimenten en carne propia las delicias y sólo las torturas de la lectura, la posibilidad de que la escuela sea una gran formadora de lectores seguirá siendo una utopía. Además los resultados serán contraproducentes en la medida que se privilegie la, mal entendida, comprensión lectora, sobre el goce estético de la obra.

La lectura, como política pública y enfocada hacia el ámbito educativo, no deja de ser una mera simulación. A mi han llegado amigos y conocidos solicitando apoyo y asesoría tanto para la elaboración, como para implementar su proyecto. Obviamente, apelando a la buena voluntad del que esto escribe. Sin pudor afirmo que no hay ningún inconveniente con las amistades, para eso y más estamos. Mi bronca es con los otros.

El promotor de lectura, debe ser una figura profesional, no sólo de apoyo a la educación. Profesional en el ámbito académico, laboral y salarial. No entretenemos niños (aunque exista quien sí lo hace y muy bien), tampoco somos magos (no porque se les brinde una sesión a un grupo de estudiantes, leerán convencidos). El nivel y la calidad de nuestro trabajo están relacionados con una inversión que no se ve: compramos libros, nos esforzamos por acudir a capacitaciones, pasamos horas y horas leyendo (sí, pueden minimizar esta actividad, pero la realizamos por convicción y gusto). Y no existimos para las autoridades educativas, sino como alguien que hace algo “bonito”, en el mejor de los casos.

Los maestros no formarán lectores por decreto. Así como fueron un fracaso las convocatorias del 5º Congreso Nacional de Educación y el 3er. Encuentro Nacional de Padres de Familia y Maestros, concretamente en el rubro de la lectura. Quizá alguien de las huestes de Gordillo Morales lo niegue, pero si no fue un fracaso, ¿por qué se solicita al personal bibliotecario que funja como padre de familia y lleve una propuesta? Así, fracasará esta medida tan disparatada.

En Zacatecas, y en muchas partes del país, hay espacios públicos donde se promueve y fomenta la lectura y en los cuales el único apoyo es el espacio. Se olvidan de un pequeño detalle: el promotor de lectura también come, viste, calza, requiere vivienda, tiene familia y compra libros. En resumen, mientras el promotor de lectura siga al margen, profesionalmente, de los programas de lectura y se apele a su buena disposición, se seguirá desperdiciando un gran capital humano.

martes, 7 de febrero de 2012

El alma de la fotografía

El alma de la fotografía o la fotografía del alma

José Ángel Higuera Solano

Hace algunos años varias tribus no permitían que se les tomasen fotografías, creían que al imprimir su imagen parte de su alma se iba con ellas, actualmente no se si continúe esa creencia, sin embargo, en pleno siglo XXI yo estoy seguro  que aquello es realmente cierto, de alguna forma.
Las imágenes que captura, extrae o se adueña John Sevigny poseen parte del alma de sus dueños. He aquí, que como los poetas, los fotógrafos también se convierten en pequeños dioses al reproducir almas de sujetos de toda índole, y así como un dios, nos muestra en “El Muerto Pare el Santo”, parte de su creación.
Rostros con miradas perdidas o miradas que se adueñan de rostros ajenos, son algunas de las fotografías que podemos admirar en ésta obra. Ideas, sueños, frustraciones tamizan el blanco y negro del papel que se muestra como ventana a un mundo puntual de instantes, momentos varados en el tiempo.
Todos, de alguna forma, tenemos claro-oscuros en el alma, pensamientos sanos e insanos, la vida se rige por tonalidades que van del extremo claro que deslumbra, que enceguece, hasta el negro, la brutal ausencia del todo., por eso John ha decido presentarnos este pequeño universo en estas mismas tonalidades claro-oscuras, donde se vislumbran almas de igual forma.
Me gustaría conocer que piensa el autor al momento en que, el clic de la cámara, succiona como aspiradora la imagen, visón que se resiste a ser copiada. ¿Habrá alguna lucha entre ellos (fotógrafo e imagen)?, ¿un diálogo?, ¿una seducción?,  vallan ustedes a saber qué.
Mirar, observar, deleitar, ofuscar, meditar son verbos que se ejercitan cuando abrimos el libro de John, verbos que necesitan un sujeto, seamos parte de esta aventura que nos lleva más allá de la imagen.
Por qué digo “El alma de la fotografía” porque estoy seguro que, aún sin conocer a fondo a John Sevigny, podría afirmar que si algún día le obligasen a dejar la fotografía, él también perdería el alma.





 Zacatecas, Zacatecas a 02 de diciembre del 2010


Texto leído durante la inauguración de la exposición "La muerte pare al santo" de John Sevigny, en la Biblioteca Pública Central Estatal "Mauricio Magdaleno".

viernes, 3 de febrero de 2012

Las historietas y la formación lectora

Eduardo Campech Miranda


Estoy por concluir el maravilloso libro Historia de la lectura en el mundo occidental, dirigido por Roger Chartier y Guglielmo Cavallo. En el penúltimo ensayo, “Los nuevos lectores del siglo xx” de Martyn Lyons. Entre otras cosas muy interesantes, como la incorporación de más mujeres y niños a las prácticas de lectura, el autor hace una exposición de aquellos textos considerados poco valiosos o serios, pero de gran consumo. Trasladé esa situación a nuestro tiempo, encontrándome con similitudes y coincidencias dignas de aprovecharse. Además de dos encuentros que guardan una estrecha vinculación con lo que quiero exponer.

En alguna ocasión escuché a alguien decir que las historietas mexicanas no estaban siendo valoradas en su justa dimensión, ni en su aportación a los incipientes lectores. Por el contrario, son objeto de descalificación y minimización. Títulos como Lágrimas y risas, El libro vaquero, El libro semanal, El libro sentimental, El libro rojo, Memín Pinguín, Archie, Capulinita, La familia Burrón. A este material podemos agregar revistas del tipo de Contenido y Selecciones, las obras de Marcial Lafuente Estefanía y Corín Tellado. Todas ellas constituyen los acervos de una importante generación de mexicanos, en una época donde la circulación del libro era más complicada y costosa.

Entonces yo cursaba el primer semestre del Colegio de Bachilleres, la maestra Isabel Oliva, junto con el profesor Efraín Gutiérrez de la Isla, habían invitado a Bertha Michel para que nos leyera sus poemas y nos hablara de la lectura. Así lo hizo. Refirió que sus inicios en la lectura fueron las revistas Selecciones del Reader Digest. De ahí realizó un salto hacia la literatura. Quizá ella no recuerda la anécdota que acabo de mencionar. Pasaron los años y hace un par, nos volvimos a encontrar, ahora colaborando ambos desde nuestras instituciones en un proyecto de animación cultural (Gira Pirinola, iniciativa de la licenciada Luisa Hernández). Esta semana, tuvimos una entrevista más, con la finalidad de realizar otro proyecto interinstitucional.  Acompañada de Miguel García, ambos hablaron de sus lecturas, de su fascinación por la ciencia ficción y la literatura fantástica.

Al día siguiente, conversé con la señora Sandra Jiménez Loera. Madre de tres hijas lectoras. Le pregunté ¿cómo le hizo para que sus hijas leyeran? La respuesta fue sencilla: les leía por las noches antes de dormir, además de que en su casa siempre hubo una disciplina férrea. Y una buena dotación de los textos mencionados arriba. Ahí también hubo un tránsito gozoso hacia la literatura. En ambos casos, y en el estudio de Lyons, la literatura barata, de poca calidad, publicaciones desdeñadas académicamente, cumplieron una función trascendental en la formación de lectores: el ejercicio de la lectura como práctica cotidiana.

Hice un ejercicio de memoria, un viaje a mi infancia. Me encontré leyendo a escondidas El libro semanal, el sentimental era apto, quizá por ser tan lacrimoso y con mujeres menos sugestivas. Y desde luego, Capulinita, La familia Burrón, Memín Pinguín. Ahora estoy convencido que también esas lecturas me llevaron a la literatura.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas

viernes, 27 de enero de 2012

Estantería abierta… porque los tienes censurados, hay, hay, porque los tienes censurados.


Eduardo Campech Miranda
El que quiera ver más de cerca un libro deberá solicitarlo al bibliotecario, que se lo mostrará y, llegado el caso, le permitirá leerlo.

El enunciado anterior lo encontré leyendo el artículo “¿Hubo una revolución en la lectura a finales del siglo xviii?” de Reinhard Wittman, dentro del volumen Historia de la lectura en el mundo occidental, dirigido por Guglielmo Cavallo y Roger Chartier, y fue tomado de la Ordenanza ducal de bibliotecas de la ciudad Turingia de Gotha. De inmediato me recordó algunas cuestiones que se suscitan en algunas las bibliotecas públicas.

La más reciente, una entrada en algún blog de bibliotecas donde se reflexionaba en torno al papel de mediador del bibliotecario. En ocasiones este rol trasgrede algunas fronteras y se convierte en censura. Censura hacia libros, hacia páginas web, hacia comunidades y redes sociales, aún más hacia actividades o indumentaria al interior de la biblioteca.

Y desde luego, no sé si las más lamentable, la censura a los libros. El epígrafe hace referencia al sistema de estantería cerrada. Está claro que el bibliotecario era el intermediario entre el libro y el lector. Hoy las cosas han cambiado, al menos normativamente, y se usa la estantería abierta. En este marco se incrusta la siguiente anécdota sucedida en la Biblioteca Central Estatal “Mauricio Magdaleno”, de Zacatecas.

Cuando llegué a tierra zacatecana uno de mis primeros amigos, y lo somos hasta la fecha, cantaba constantemente una tonada que decía: “Yo no te agarro las chichis cabrona, porque las tienes aguadas, hay, hay, porque las tienes aguadas…” Le pregunté de dónde había sacado tal canción. Me respondió que era una que tocaban en las callejoneadas, pero sólo con música.

Siendo ya trabajador de la biblioteca mencionada, observé en cierta ocasión a un profesor que se desempeñaba como Jefe de Servicios Bibliotecarios. Había quitado de la estantería el libro de Lucía Reyes Gómez, Academia de Danza Folklorica. Conocimiento de la monografía, de la editorial acadeda. Cuando le pregunté la razón de tal acto, me comentó que porque tenía cosas que no deberían leer los niños.

La obra en cuestión contiene en uno de sus tomos aquella canción que alegremente cantaba mi amigo: “La mala palabra” (cuyo nombre original es “La cabrona”). Dicha pieza data de los años treinta del siglo xx, y se presume fue escrita en Villanueva, Zacatecas. En torno a la historia de la canción, Reyes Gómez apunta:

“La cabrona” en su origen no era una pieza bailable, era una pieza vulgar, arrabalera y descarada, que se cantaba principalmente en las cantinas y zonas de tolerancia, pues para la población del rumbo era una manera de divertirse, pues al escucharla se sentían eufóricos y gozaban.
Después fue censurada por la iglesia y la prohibieron, y optaron por llamarle “La mala palabra”…[1]

Los niños a los que se refería el maestro mencionado eran estudiantes de secundaria que deberían llevar la historia y la letra de la canción. Obviamente, la llevaron pero fueron los únicos que lo consiguieron. En los meses siguientes el libro estaría bajo resguardo del Jefe de Servicios Bibliotecarios.

¿Qué criterios deben predomina para acceder al material, que a juicio del bibliotecario es o no conveniente para el lector? Creo que el criterio de la interacción con éste, de la conversación, del acompañamiento. ¿El caso referido es producto de un vacío en el perfil del bibliotecario público? Si, pero de ese tema se hablará en otra ocasión.


[1] Reyes Gómez, Lucía: Academia de Danza Folklorica Mexicana. Conocimiento de la monografía, México, acadeda, 1990, p. 27.

jueves, 12 de enero de 2012

La niña del canal

LENAN, Thierry: La niña del canal, México, Fondo de Cultura Económica, 2001. 53 p. (A la orilla del viento; 135).

De un tiempo para acá Sara actúa de manera extraña: ha empezado a llegar tarde a clases, se cortó el cabello como si quisiera disfrazarse y verse fea, y su expresión se ha tornado triste. Su maestra lo ha notado y se pregunta qué le está sucediendo a Sara. ¿Habrá muerto alguien de su familia? ¿Habrán peleado sus padres? Quiere preguntarle, pero le parece que no debe hacerlo. Sin embargo, cada vez es más claro que Sara es víctima de un episodio muy doloroso del que no puede hablar.


  • ¿De qué trata el libro? De una niña llamada Sara, la cual sufre mucho pues sus padres no la entienden y no le ponen atención. Ella es muy callada y tímida, no expresa lo que siente y por eso sufre tanto pues se guarda todo hasta el punto de romper en llanto y desesperación. La única persona que ve especial a Sara es su maestra, quien sospecha o sabe por lo que Sara está pasando. Pero Sara es tan fría que no deja que su maestra o cualquier otra persona se le acerque. O tal vez sí pues su maestro la hace sentir especial por eso ella hace lo que el diga. En fin Sara pone o demuestra toda su tristeza en su pobre muñeca de plástico. Y Sara también le gusta el frío. ¿Con qué personaje me identifiqué? ¿Por qué? Con Sara. Tal vez porque como ella me guardo todo aunque jamás se note, a las dos nos gusto el frío y la soledad. ¿Te gustó el libro?  ¿Por qué? Sí, muchisimo. Creo que es una historia muy linda y deja una enseñanza. Brenda Aracely Campos Mora, 12 años, (6 de enero de 2012).
  • ¿De qué trata el libro? Habla sobre una niña llamada Sara, que se siente sola porque sus padres no le hacen caso. Y con una muñeca que compró le hace sentir lo mismo que ella. La maestra de Sara se dio cuenta que tenia problemas gracias a su actitud y decide ayudarla en la tarde, saliendo de la escuela, porque también tuvo problemas con sus calificaciones. La maestra empieza a recordar con Sara su infancia, como si la estuviera viviendo de nuevo. Pero no era ningún buen recuerdo, sino que todos esos recuerdos, hacían que la maestra tratar de quemar su niñez. Por eso le dice a Sara que ya no puede ayudarla y abandona su casa. Sara fue con su profesor de pintura y la maestra recordó que su tío era malo con ellay se dirigió al estudio del profesor a salvar a Sara. La maestra dijo que tenían que denunciarlo, pero Sara no quizo pues decía que su muñeca era la que disfrutaba lo que a Sara le hacía sufrir. ¿Por qué te gustó el libro? Es como una historia para comprender que todos necesitan atención, para no entrar en soledad y dejar que las personas te hagan daño sólo por sentirse al borde de la locura y soledad. Y hay que hablar de lo que nos molesta, sin importar nada. (Natalia González, 11 años).





miércoles, 11 de enero de 2012

Leer como propósito de Año Nuevo


Eduardo Campech Miranda[1]

Navegando por distintos portales, foros y listas de intenet, intentaba comprobar si los propósitos de año nuevo que me imagino son los más comunes, en verdad lo eran. Y sí, el bajar de peso, dejar de fumar, caminar o ejercitarse, etc. En Yahoo! Respuestas, alguien solicitaba la sugerencia de algunos títulos para hacer de la lectura un gusto. Las respuestas fueron variadas: desde García Márquez en general, hasta la saga de Crepúsculo, pasando por Harry Potter, varios betsellers, algunos de autoayuda y superación personal, por géneros, y más.

Reflexioné en torno a la amplia oferta que se le ofrecía a esta persona. Cada una de las respuestas reflejaba las preferencias lectoras de cada persona. Preferencias que fueron delineándose con lecturas, con historias de vida, con visiones del mundo. Ahora el turno es para la persona que lanzó la pregunta.

¿Qué hubiera sugerido yo? Aclaro que no lo hice porque me pareció que las contribuciones ya eran demasiadas. Le hubiera recomendado algún blog de reseñas bibliográficas, que se enterará del contenido del libro. Le hubiera preguntado por sus gustos musicales, cinematográficos, de esparcimiento, para identificar sus intereses.

Hay también quien define desde la misma pregunta que es lo que busca en concreto. Por ejemplo, libros románticos, sobre triángulos amorosos (aunque no se especifica si lo que busca es cómo construir uno o cómo salir de uno), de desprendimiento astral. También un gran número de sugerencias se hicieron llegar.

Ya he mencionado en otra colaboración que mucho del éxito de formar lectores es la libertad, de elegir, de leer, de imaginar. Desde hace unos tres meses trabajo regularmente con alumnos de sexto grado de una escuela primaria. El propósito fundamental es apoyarlos para presentar el examen de admisión a secundaria. Sin embargo, aprovecho para realizar algunos ejercicios de comprensión lectora y cultivar el gusto por la lectura.
Después de aproximadamente cinco sesiones expuse ante ellos un acervo de alrededor de 60 títulos infantiles y juveniles. Ante sus miradas de asombro colocaba los libros en el suelo, como si los fuera a vender. Eso propició un poco de desorden en el grupo. Bajo la consigna de que yo iba a mencionar quién iba a pasar a seleccionar un libro, guardaron compostura. La dinámica fue la siguiente: deberían elegir un solo libro, regresar a su lugar, revisarlo y si no les gustaba lo regresaban y tomaban otro. Sólo debería estar un alumno de pie buscando su libro.

Algunos, los menos, cambiaron su libro. Pero la mayoría acertó en su elección. De los primeros surgieron preguntas como ¿no hay libros de miedo? ¿tiene Crepúscuo? ¿hay más de Francisco Hinojosa? (a este autor tuvieron la oportunidad de conocerlo en persona).Las recomendaciones también fueron sencillas: cuidar el libro, si no les gustaba no tenían ninguna obligación de leerlo y entregarme su opinión del texto por escrito.

Una pequeña me sorprendió. En un fin de semana leyó una novelita de 160 páginas y entre lunes y viernes de la siguiente semana leyó otra novela de más de cien páginas. Los libros han comenzado a circular entre ellos. Cuando lo entregan hacen también un pequeño resumen oral del argumento. Creo que si queremos hacer de la lectura un propósito de año nuevo, comencemos por estas sencillas acciones y los frutos serán abundantes.


[1] http://lecturascompletas.blogspot.com

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, enero 9 de 2012.

lunes, 12 de diciembre de 2011

De las botas de León a los mocasines de San Mateo Atenco

Eduardo Campech Miranda[1]

El problema del libro no está en los millones de pobres que apenas saben leer y escribir, sino en los millones de universitarios que no quieren leer, sino escribir.
GABRIEL ZAID

La presentación de Enrique Peña Nieto en la fil 2011 inevitablemente nos hizo recordar a Vicente Fox. Las redes sociales de inmediato daban cuenta del suceso. Uno de los primeros portales en difundirlo fue el del diario español El País, bajo el título:”El candidato presidencial que no es capaz de citar tres libros que le han marcado”.

La burla, el escarnio, el ingenio y hasta la frustración hicieron su aparición en Facebook y Twitter. Siguiendo las publicaciones sobre el tema se pueden encontrar aspectos positivos y negativos. Por el lado de los primeros, pocas veces la lectura es un tema sobre el que hablen, escriban, opinen y lean un gran número de personas casi en un mismo tiempo. Es, asimismo, una muy buena oportunidad para que la clase gobernante que no lee (y que supongo que es una mayoría), lo haga. Ahora le tocó el turno a Peña Nieto, pero los demás candidatos, si no son lectores, no están exentos: cuando veas las lecturas de tu vecino postear, pon las tuyas a deletrear.

Durante la pasada campaña proselitista en la entidad zacatecana, fui testigo (y lector) de una discusión vía Facebook de dos políticos de partidos distintos (hoy ambos son diputados locales). Dejando de lado el nivel de debate, que además era paupérrimo (“pero tú votaste por….”, “y tu apoyaste a…”), la ortografía dejaba mucho qué desear. Metiche, como soy, se los hice saber y uno de ellos, el propietario del muro, ni tardo ni perezoso, me bloqueó, impidiéndome con ello seguir atormentándome la vista y el cerebro.

Si el mexiquense no fuera parte de la clase que gobierna esta nación (la cual, dicho sea de paso, pareciera que vive en otro país, si no lo cree, pregúntele a Pau), además de su deseo por ocupar la silla presidencial, tal vez el acto hubiera quedado como simple anécdota que engrasa el nada envidiable currículo de personalidades de la farándula. Sin embargo, las condiciones que vive el país exigen un estadista como tal. Y un estadista no es un analfabeto funcional.

Si leer, como se ha demostrado, ejercita y mejora la memoria, incrementa el lenguaje, agudiza la postura crítica, entonces las defensas que se puedan hacer del candidato tricolor son insustentables por naturaleza. Ahora bien, ¿cómo convencer a la infancia y a la juventud para que lean si los hechos muestran que la lectura no te lleva al éxito? Es decir, la imagen del éxito no es compatible con la lectura, situación que no se limita al ámbito político, pero es el que más nos afecta. ¿Cómo convencer de la importancia de la lectura en el desarrollo humano cuando se pueden publicar libros sin ser lector, y aspirar a conducir un país? En las respuestas a estas preguntas radica parte de la trascendencia del hierro de Peña Nieto.

Por otro lado, y tal como escribió un amigo: “Ahora resulta que todo mundo lee!! Y las bibliotecas y las librerías vacías!!” ¿Cuántos de los títulos parodiados fueron leídos en realidad? La gran mayoría de ellos corresponden a best sellers. De todas las publicaciones que leí (hasta el miércoles 7 de diciembre al mediodía), ninguna refirió La Gaviota de Fernán Caballero, mucho menos conocida que Juan Salvador Gaviota, el cual sirvió para jugar con el título y el incidente. Se reproduce así una práctica común en la promoción de la lectura: invitar a la lectura desde la condición de no lector.

Sirva pues este episodio para incentivar a la clase política a leer, a prepararse, a hacer de la alternancia democrática algo más que un simple tránsito, en ignorancia de primera clase, de León a San Mateo Atenco.


Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, diciembre 12 de 2011.

El lector

SCHLINK, Bernhard: El lector,  México, Anagrama, 2009, 203 p. (Colección Compactos 235).
El lector (Der Vorleser en alemán, literalmente "el que lee en voz alta") es una novela escrita por el profesor de leyes y juez alemán Bernhard Schlink. Fue publicada en Alemania en 1995 y en los Estados Unidos (traducida al inglés por Carol Brown Janeway) en 1997. El libro fue traducido a treinta y nueve idiomas. El tema es el Holocausto, y la forma en la que han de ser juzgados los culpables, y plantea por ello un dilema moral. Al mismo tiempo, trata del conflicto generacional de posguerra, sobre todo en la descripción de la relación del personaje principal, un adolescente, con su padre. El libro de Schlink fue muy bien recibido en su país natal, tal y como lo fue en los Estados Unidos, donde recibió numerosos premios. Se convirtió en la primera novela alemana en llegar al primer lugar de la lista de mejor vendidos del New York Times. A su vez, fue incluido en la currícula universitaria de los cursos de la literatura sobre el Holocausto, de alemán y de literatura alemanaEn 2008 el director Stephen Daldry dirigió la versión cinematográfica del libro, que fue nominada a cinco premios de la Academia, y Kate Winslet ganó por su interpretación de Hanna Schmitz.

De El Lector, me atrajo mucho, la forma de combinar el despertar sexual en la adolescencia, con el crecimiento personal, sumado al romanticismo de una relación afectiva, más el holocausto y el analfabetismo. Me gusto la seriedad al abordar temas dolorosos e incluso díficiles, es un texto bastante digerible, preciso e interesante, pues te conduce a seguir avanzando en la lectura... Otro aspecto, en lo personal importante, es que el escritor mostró la parte humana de cada uno de sus personajes, dejando ver la dualidad. Vanessa Rojo.

Clubes Rivales

MALPICA, Javier: Clubes Rivales, 3ª ed., México, Ediciones SM, 2006, 120 p. (El barco de vapor, serie naranja)

Clubes rivales es la historia de lo que acontece entre niños y niñas que dedican mucho tiempo y esfuerzo a buscar cosas entretenidas que hacer, en molestarse mutuamente, en sorprenderse por sus sentimientos y en descubrir cada día que eso de juntarse con el otro bando tiene sus ventajas.Los personajes son niños y niñas que, conforme avanza la historia, encuentran formas de convivir y crecer juntos, debido a la llegada al barrio y a la escuela de una niña extraordinaria que padece una difícil situación familiar. El caso de Angie y la enfermedad de su mamá dan a Alfredo y a Susana la oportunidad de actuar como uno solo, de convocar a los miembros de sus respectivos
clubes a superar el mayor reto, cuya finalidad no es vencer al contrario, sino ayudar a una amiga. Juntos descubrirán lo que significa la amistad y la solidaridad entre hermanos y entre amigos; entre niños y niñas.

  • Se trata de dos mellizos que pelean mucho (Susana y Alfredo). Susana es muy lista con los quebrados, están en 4º, Alfredo es menos listo. Después de un tiempo llega una niña nueva, Angélica en el vecindario, muy bonita. Se hacen buenas amigas, pero su mamá está enferma y la encierra en el ático y se olvida de ella. Alfredo y Susana reúnen fuerzas para rescatar a su amiga. Me identifiqué con Susana porque ella es un poco lista y no se cree y no es presumida y reúne fuerzas con su hermano. ¡Me encantó! el libro porque hay aventura, acción, amor, amistad y comprensión. Ana Karen Esparza Cuevas, 11 años (12 de diciembre de 2011).
  • ¿De qué trata el libro? De 2 hermanos que son mellizos que eran para todo rivales. ¿Con qué personaje me identifiqué? ¿Por qué? Con Susana porque tenemos un poco de cosas en común. ¿Te gustó el libro? ¿Por qué? Sí, porque al último Alfredo y Susana ya no fueron rivales y se pasaban la tarea y que encontraron a Angélica (Angie). Joana Aidé Ortega Caldera, 11 años (12 de diciembre de 2011).
 

Imparten a jefes de familia taller para mejorar técnicas de lectura en niños


CESAR PEREZ
Con el objetivo de mejorar la comprensión de la lectura en los niños, así como abordar técnicas que permitan mejorar la lectura en voz alta, se realizó un taller sobre este rubro, el cual fue impartido por Eduardo Campech Miranda.
El responsable del Departamento de Fomento a la Lectura de la Coordinación Estatal de Bibliotecas Públicas, comentó en entrevista que la mejor estrategia para formar lectores es leer en voz alta.
“Pero ya lo decía Fernández de Lizardi en el siglo 19: no se trata de dar un sermón somnoliento, lo que se pretende es obtener la mejor lectura en voz alta”, puntualizó. Explicó que es necesario encontrar la oralidad en la lectura para que sea mejor comprendido el contenido de texto.
“Leer es otorgarle significado al texto, darle un sentido. Mientras un lector decodifique únicamente lo que dicen las palabras, pero no le asigne un sentido, pues no va a incidir en su comprensión. Por ello es importante crear el vínculo entre el texto y los niños”, opinó Eduardo Campech.
Agregó que la realización del taller obedece a que hay competencias escolares en las que se evalúa la lectura en voz alta, de tal manera que se le da importancia a leer un determinado número de palabras en un tiempo establecido; sin embargo, además de la práctica es necesario tener conciencia de cuál es la técnica para leer en voz alta, ya que la respiración es distinta a comparación de hacer una lectura de manera convencional, explicó.
El taller fue impartido para un grupo de 30 padres de familia de estudiantes de sexto grado de la escuela Roberto Cabral del Hoyo, principalmente. La clase fue dividida en dos horas de trabajo; en la primera parte se dieron algunas técnicas sobre cómo generar que sus hijos adquieran una mayor comprensión de lectura.
Para esto se les debe preguntar a los niños para que identifiquen información concreta, otros cuestionamientos son para relacionar el contenido con experiencias que los infantes hayan vivido, y otras más son para reflexionar.  En la segunda hora se abordaron técnicas para mejorar la lectura en voz alta.
Anteriormente ya se había trabajado sobre el mismo asunto con docentes, aunque opinó Campech Miranda que hacía falta que se incluyeran este tipo de actividades en la capacitación de profesores de educación básica y de los padres de familia, para observar en toda su dimensión cuáles son las técnicas y metodologías aplicadas, porque esto es un proceso mecánico, sostuvo.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Léperas contra mocosos

HINOJOSA, Francisco: Léperas contra mocosos, México, Fondo de Cultura Económica, 2007, 78 p. (A la orilla del viento).

Las Distinguidas Damas Torres son respetadas y admiradas por todos los adultos de la Ciudad Torrealta. Sin embargo, los niños las odian, porque son un manantial de leperadas contra ellos. Tres Mocosos hábiles e inteligentes deciden darles una sopa de su propio chocolate y comienzan así una guerra feroz.


  • Es un libro muy padre y lo recomiendo a toda clase de personas, está muy divertido, pero lo que más me gustó fue sus peleas y sus palabras, y me identifico con el personaje La Chica Reygadas. Rubí Alejandra Salazar Martínez, 12 años (9 de diciembre de 2011).
  • Se trata de 3 señoras: Dulcilanda Colorada, la Señorita Chucha y Reina Cristina de los Cielos. Y tres niños mocosos: la Chica Reygadas, Dadito Procuna y Pacorro el Guapo, estos chicos se llaman los Príncipes Mocosos y las Distinguidas Damas Torres (las léperas). Me identifiqué con la Chica Reygadas porque juega con su perro. Me gustó porque me dio risa. Ana Karen Esparza Cuevas, 11 años (12 de diciembre de 2011).

Un pacto con el diablo

LENAIN, Thierry: Un pacto con el diablo, México, Fondo de Cultura Económica, 2003, 67 p. (A la orilla del viento).


Roxana ha vuelto a pelear con el esposo de su madre así que decide irse a vivir con su padre. Cuando todos duermen huye de casa y desde un café le llama, pero sólo le contesta la fría voz de la grabadora: "... estaré fuera de la ciudad, deje su mensaje..."
En el café conoce a David, un muchacho mayor que le ofrece alojamiento. Entre Roxana y David crece la amistad. Él la llama hermanita y la protege. Ella confpia en él. Pero al pasar los días Roxana descubre dolorosamente que su nuevo amigo está atrapado en el infierno de las drogas. David ha hecho un pacto con el diablo. ¿Cómo puede ayudarlo?




  • ¿De qué trata el libro? De un muchacho involucrado en las drogas. ¿Con qué personaje me identifiqué? ¿Por qué? Con una niña, porque ayuda a un hombre. ¿Te gustó el libro? ¿Por qué? Sí, porque habla de lo malo de las drogas. Jorge Emmanuel Lumbreras Sánchez, 11 años (9 de diciembre de 2011).
  • ¿De qué trata el libro? De un muchacho que se drogaba y de una niña que se fue de su casa porque su padrastro no la quería. ¿Con qué personaje me identifiqué? ¿Por qué? Con el diablo que sale con un cigarro. ¿Te gustó el libro? ¿Por qué? Me gustó porque dice muchas cosas sobre las cosas que causan las drogas. Yair Missael Escobedo Márquez, 12 años (12 de diciembre de 2011). 

Asesinato en el "Canadian Express"

WILSON, Eric: Asesinato en el Canadian Express, Madrid, Ediciones SM, 1982, 160 p. (Serie Naranja, a partir de 9 años).


Tom es un muchacho canadiense que viaja para visitar a sus abuelos durante las vacaciones. Se toma el Canadian Express, un tren sale de Montreal y, después de tres días de viaje cruzando el continente, llega a Vancúver. En el tren,Tom coincide con un compañero de colegio y ambos conocen, durante el trayecto, a varios de los viajeros. En la segunda noche, una mujer bellísima es asesinada y todo hace pensar que el marido es el culpable.Tom, que es un amante de las novelas policiales, decide investigar el caso. Hay varios sospechosos y Tom se inclina por una pista falsa: el señor Faith, que lleva un misterioso maletín esposado a su muñeca. Finalmente, descubre al asesino por pura casualidad. Cuando decide contarle sus sospechas a una amable anciana que viaja con él, se da cuenta de que esta es en realidad la asesina.No es una anciana, sino una joven que, disfrazada, quiso vengarse de la víctima y su marido, y ahora matará a Tom porque la descubrió. Durante un forcejeo entre Tom y la mujer, ambos caen del tren y continúan su lucha en el túnel. Por fin, aparecen unos operarios del ferrocarril y ayudan a Tom a apresarla. Se trata de la clásica novela policial. Tiene todas las características propias del género: el ambiente perfecto (el viaje en tren); la existencia de varios sospechosos, que se van presentando en las primeras páginas del libro; y un investigador al margen de la policía. La intriga va aumentando a medida que se avanza en la lectura, hasta llegar al clímax en las últimas páginas del libro.Hay momentos de verdadera tensión, que culminan en el descubrimiento del culpable.

¿De qué trata el libro? De un hombre que se vuelve espía y empieza a seguir a un maleante.

¿Con qué personaje te identificas? ¿Por qué? De Tom, porque se vuelve espía y es muy divertido y no tiene miedo.

¿Te gustó el libro? ¿Por qué? Me gustó porque es muy interesante y divertido porque es de espías.

Francisco Alejandro Jacobo Robles, 11 años (9 de diciembre de 2011)

Aunque parezca mentira

MACHADO, Ana María: Aunque parezca mentira, Madrid, Anaya, 2000, 59 p. (Sopa de libros, 51).

Pedro tiene un compañero muy especial: vuela, es negro, con cuernos, flores de colores bordadas... Su familia cree que se trata de una broma o de algo que se ha inventado. Hasta su abuela pone mala cara cuando le oye contar ciertas cosas...


¿De qué trata el libro? De un niño que dice que tiene un compañero que es un buey volador y nadie le creía. Un día que todos estaban en la cena aparece el buey volador.

¿Con qué personaje me identifiqué? ¿Por qué? Con nadie porque todos son muy raros y con mucha imaginación.

¿Te gustó el libro? ¿Por qué? Sí, porque está muy interesante el texto y las fotos.

Daniel Alberto Esparza Medina , 11 años (9 de diciembre de 2011).

lunes, 5 de diciembre de 2011

Las bibliotecas públicas y los estándares de lectura


Eduardo Campech Miranda[1]

En colaboraciones anteriores he mencionado lo ambigua que resulta la campaña del Consejo Coordinador Empresarial para promocionar la lectura. El decir “lee”, se pierde en el laberinto de las posibilidades, propósitos, soportes de lectura. Sin embargo, el laberinto puede tener su hilo de Ariadna: la biblioteca pública y el bibliotecario.

Se aconseja que los niños lean veinte minutos diarios. Pero ¿qué leer? Si el objetivo o el propósito es leer por leer, entonces lo mismo da coger un directorio telefónico que un informe de gobierno (finalmente la lectura no dejará de ser aburrida). Pero si buscamos matar dos pájaros de un tiro (ejercitar la lectura en voz alta y propiciar el gusto por la lectura), podemos acudir a las bibliotecas públicas (primordialmente a aquellas que tengan mínimo quince años de servicio) y localizar la colección “Los cuentos de Polidoro”.

Escritas para ser leídas en voz alta, a diferencia de la gran mayoría de los textos que circulan por nuestra sociedad, los títulos que conforman la colección (Los sueños de José, El viaje de Jonás, El arca de Noé, Daid y Goliat, Jehová y la creación del mundo, Simbad del marino, Aladino y la lámpara maravillosa, Alí Babá y los 40 ladrones, La bolsa encantada, El caballo volador, David y Goliat, Teseo y el Minotauro, Aventuras de Don Quijote, etc.) son adaptaciones de relatos bíblicos, de Las Mil y Una Noches, de la mitología griega y de El Ingenioso Hidalgo, Don Quijote de la Mancha. El tamaño de la fuente, su diagramación, las ilustraciones, todo confluye para hacer posible una lectura en voz alta más fluida, entendible y, sobre todo, disfrutable (amén de desarrollar la técnica adecuada para lograr una lectura oralizada profesional).

No se trata de ninguna manera de una sesión de doctrina bíblica extracurricular, ni mucho menos. La intención es acercar lecturas accesibles (en lenguaje, elementos paratextuales, referentes culturales) tanto a las niñas y niños, como a sus familiares.
Ahora bien, si lo que se pretende es que estos pequeños adquieran el gusto por la lectura, pues incluya a la biblioteca como un lugar de esparcimiento y convivencia familiar. No vayan en familia sólo a tramitar la credencia de préstamo a domicilio, porque fue una tarea y hay que ganarse el punto extra. Exploren juntos, libremente, comenten gustos y disgustos de los libros, sus portadas, sus sinopsis, su contenido. Consulte al personal bibliotecario o a algún promotor de lectura, sobre temas, títulos, tendencias, recomendaciones. Y otra vez, una vez más, mil veces más: predique con el ejemplo. No le impida fumar con la cajetilla de cigarros en la mano, y no le obligue a leer mientras usted mira la televisión.

El personal bibliotecario debe estar atento a las demandas tácitas de la sociedad. Aprovechar esos “nichos de mercado” donde pueda incidir a favor de la lectura, y por ende, de la biblioteca. Con ello engrandece el aporte de las bibliotecas públicas en la promoción de la lectura.


[1] http:fomentocebpz.blogspot.com y http:lecturascompletas.blogspot.com

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, noviembre 5 de 2011.

Querido hijo, estás despedido

SIERRA i Fabra, Jordi: Querido hijo: estás despedido, México, Alfaguara Infantil, 2009, 111 p.

¿Puede una madre despedir a su hijo? Pues eso es lo que le ha ocurrido a Miguel por desordenado, por desobediente, por travieso, por su falta de interés por los estudios... Transcurrido el plazo de 30 días que le han dado, e incapaz de enmendar su comportamiento, ha de abandonar su casa. Sí, su madre lo ha despedido.

Me gustó Querido hijo: estás despedido porque al último, el niño Miguel aprendió a no desobedecer y hacer ordenado para no volver a ser despedido, e irse a un centro de huérfanos y porque volvieron a contratar a Miguel.

Joana Aidé Ortega Caldera, 11 años. (5 de diciembre de 2011)

sábado, 3 de diciembre de 2011

Los contextos y el conocimiento previo

Eduardo Campech Miranda[1]

Sin lugar a dudas uno de los factores que inciden dentro del proceso de la comprensión lectora, son los conocimientos previos y los contextos. Paulo Freire lo resumía así: “La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra.” Si tuvo oportunidad de ver la cinta Quisiera ser millonario, pudo observar cómo las experiencias cotidianas permiten la adquisición de conocimientos (sí, es una perogrullada, lo sé). En la película referida, éstos permiten al chico avanzar durante el concurso televisivo.

Otro ejemplo es un texto adjudicado a Marshall McLuhan, titulado “W.C.”, en el cual se presenta una confusión epistolar entre un comprador de un predio cercano a una iglesia, por lo que era conocido por las iniciales del títulos (White Chapel) y el servicio sanitario. Cada uno, el destinatario y el remitente, se referían a cuestiones distintas. O como aquella otra anécdota del novio que le compró unos guantes a su novia, pero la empleada se confundió y envío unas pantaletas. El escrito que acompañaba al obsequio, permite una buena dosis de hilaridad.

De ahí la importancia de tener más experiencias, más conocimiento del mundo, más cosmovisiones compartidas. Sin embargo, no sólo para el acto lector es necesario el contexto y los referentes. En la vida cotidiana, durante la más mínima conversación son de suma utilidad para asignarle un significado y un sentido a las palabras.

Claudio Suárez, fue un futbolista mexiquense. Su longeva carrera propició que batiera varios récords en el balompié nacional. No obstante su fama y exposición de los medios masivos de comunicación, no llegó a tener la presencia de algunos otros futbolistas a los que los vemos anunciando tarjetas bancarias o refrescos. Suárez, debutó profesionalmente con los Pumas de la unam, de ahí pasó a ser campeón con el Guadalajara, siendo los Tigres de la uanl, su tercer equipo.

En cierta ocasión, realizando una pretemporada en los Estados Unidos, con mayor precisión, en Los Ángeles, dos damas (una aficionada y conocedora del futbol, amén de su amor por las Chivas Rayadas; y la otra con poco o nulo conocimiento del tema), se encontraron con Suárez. De inmediato la rojiblanca lo identificó y emocionada le decía a la otra: -¡Mira!, ¡Es Claudio Suárez!, ¡Claudio Suárez!. El nombre de Suárez en sí le decía nada o casi nada a la otra mujer, quien preguntó quién es Claudio Suárez. La primera, exaltada, sólo dijo: -Pues el de los Tigres.
Con la emoción a flor de piel ambas acudieron a solicitar el autógrafo. Mientras el originario de Texcoco firmaba, la mujer no aficionada al futbol, quiso entablar una breve conversación con el deportista, pero su intervención fue tan desafortunada que no sólo consiguió la ansiada rúbrica, sino una sonrisa, quizá de compasión, quizá de humor: -Entonces, ¿usted es el de los Tigres del Norte?

PD. La anécdota de este texto es real. Se evitó utilizar los nombres propios de las mujeres para evitar su identificación y con ello cumplir una promesa: no delatar a mis cuñadas.



[1] ecampech@yahoo.com.mx


Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, noviembre 28 de 2011.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Los hijos de Marx... mi consuelo

A Emiliano se le leyó desde el vientre materno. No ha habido un año en que no se le obsequie al menos un libro. Se le cantaron rondas infantiles, juegos de palabras, pusimos a su alcance muchos juegos y juguetes que inciden positivamente en el desarrollo cognitivo y motriz de un niño. Se le leyó en voz alta. Emiliano nos fue enseñando muchas cosas, consolidando unas y desmintiendo otras.

En el vientre materno, él escuchaba y opinaba cuando había lectura en voz alta. Daba patadas a su madre en cuanto ésta se callaba. Dejaba de hacerlo si continuaba escuchando su voz. Cuando tenía cuatro años me pidió que le leyera un libro, pero “de esos de aprender”. A su edad, insípidamente, ya lograba diferenciar la ficción de la divulgación. Ya en la primaria, en primer o segundo grado para precisar, un día llegó platicando que habían llevado a su grupo a la biblioteca, y que les habían preguntado algo que nadie supo, sólo él. La incógnita resuelta que lo llenaba de orgullo era el nombre “del hoyito por donde respiran las ballenas”. Ufano, se respondía a sí mismo: “Espiráculo”. Hasta entonces jamás había escuchado tal palabra. Confieso que si hubiera salido de la boca de un adulto, pensaría que me albureaba.

Desconfiado, indagué cómo había obtenido aquel conocimiento. Me respondió que los fines de semana, no le atraía la programación televisiva y leía una enciclopedia infantil. Ahí estaba el dato. Por esos mismos días, buscando ingenuamente algo diferente en la televisión, di con Discovery Kids. En la pantalla aparecía una animación de un niño y una ballena. El pequeño explicaba lo que es el espiráculo. Llamé a Emiliano y le dije que la palabra en cuestión la había aprendido de la televisión. Acudió a su librero y me llevó el libro donde había leído el dato. Una vez más me manifestaba una predilección por los textos de divulgación versus los literarios (los cuales insistía y sigo insistiendo en acercárselos).

Debo decir que pocas veces, muy pocas, me ha solicitado un libro por iniciativa propia.  En un principio eran libros de dinosaurios, de trenes, de barcos piratas, de autos. Hace casi un año, durante una Feria del Libro, me pidió un título: Diario de Greg. Un renacuajo de Jeff Kinney. Revisé el libro y no me convenció. Pero reflexioné un poco más y accedí. Eso fue en diciembre. Hacia abril o mayo de este año, ya había leído los cinco volúmenes de la saga. Y en el verano, adquiría el sexto título, pero ahora con la característica que él podría escribir su diario. No leía lo que a mi me gustaría, pero fue importante respetar su decisión.

A la par de los libros aparecieron los videojuegos. Primero por cortesía de sus tías, después por los padres. Emiliano tiene sus preferencias lectoras, sus preferencias de esparcimiento y entretenimiento, su tiempo de lectura y escritura; sin presionarlo. Tal vez no sea el lector que me gustaría que fuera, pero es feliz. Como padre promotor de la lectura, ante tal escenario me consuela pensar que los hijos de Marx, seguramente fueron capitalistas. Hasta la próxima.

Publicado en "La Gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, noviembre 7 de 2011.