lunes, 17 de octubre de 2011

Propuesta para nueva campaña de promoción de la lectura



Eduardo Campech Miranda

Durante los últimos meses hemos sido testigos de una campaña de invitación a la lectura, llevada a cabo por el Consejo Coordinador Empresarial, y en la cual aparecen figuras públicas, del deporte y el espectáculo, hablando de las virtudes de la lectura. Como he mencionado en una colaboración anterior, el mensaje es muy general, de tal manera que una propuesta más personalizada quizá pudiera funcionar mejor (porque se promueve un libro en específico). He aquí la mía:

El ex presidente Vicente Fox podría recomendar El lector de Bernhard Schlink; el actual mandatario de la nación nos podría hablar de tres títulos: País de mentiras de Sara Sefcovich, Vivir y beber de Hugo Hiriart y Los mil y un velorios de Carlos Monsiváis; la sempiterna lideresa del SNTE, La peor señora del mundo de Francisco Hinojosa; Andrés Manuel López Obrador, Vida de un agitador de César Godoy; el todopoderoso asesor José Córdoba Montoya, El extranjero de Albert Camus; el gobernado veracruzano Javier Duarte, Elogio de la locura de Erasmo de Rotterdam; Enrique Peña Nieto dariá doblete y recomendaría Los disfraces del diablo de Félix Báez-Jorge y Que se mueran los feos de Boris Vian; el ex secretario de Hacienda, Ernesto Cordero, Un mundo feliz de Aldous Huxley; el llamado “Jefe Diego” Fernández de Cevallos, Vivir para contarla de Gabriel García Márquez.

Pero, para hacer recomendaciones más personalizadas aún, daremos una vuelta por los prospectos estatales: el contralor Guillermo Huiizar anunciaría no un libro, sino un cuento de García Márquez: “En este pueblo no hay ladrones”, el director del Instituto Zacatecano de Cultura, Gustavo Salinas, El hombre ilustrado de Ray Bradbury; Arturo Nahle, Crónicas marcianas de Ray Bradbury; el ejecutivo estatal, Miguel Alonso, dos títulos: El tragasueños de Michael Ende y La Divina Comedia de Dante Alighieri; por vox populi el secretario de gobierno Esaú Hernández, De ausencia de María Luisa Mendoza; Jesús Pinto, desde la Secretaría de Seguridad Pública, comentaría Narraciones extraordinarias de Edgar Allan Poe; Víctor Infante, después de acudir a un famoso noticiero radiofónico matutino, Confesiones de Paul Berlain; Claudia Corichi, El pozo de los ratones de Pascuala Corona; la ex titular de la Secretaría de Educación y Cultura, Lucero Medina, La excluida de Luigi Pirandello; el ex vocero oficial Mario Caballero, Pinocho de Carlo Collodi, y finalmente, la ex gobernadora y ciudadana a pie, Amalia García, también se haría presente en dos ocasiones, una con La muchacha que tenía la culpa de todo de Gustavo Sáinz y después con No me agarran viva de Claribel Alegría.

Ahora bien si lo que se quiere es ampliar la oferta y pensar en lectores colectivos, también hay sugerencias. Los priístas recomendarían La historia interminable de Michael Ende; los perredistas Puros cuentos de Juan Manuel Aurrecoechea; los panistas El libro de los desastres de Fernando Benítez; los petistas El origen de la familia, la propiedad privada y el Estado de Federico Engels; los verdecologístas Una sarta de mentiras de Geraldine McCaughrean; los del panal, Un pacto con el diablo de Thierry Lenain y los convergentes, Guía de los perplejos de Maimónides y todos los aspirantes (y suspirantes) al 2012: ¡Ahí viene la plaga! de José Agustín.

Por último, para aquellos que están hartos de que los personajes aludidos aparezcan todos los días en su vida y busquen otros espacios de esparcimiento, también hay una lista: aprovechando la alta popularidad de sus tweets, Ninel Conde aparecería con El idiota de Fedor Dostoievski; a aquellos adolescentes que gustan de hacerse justicia a sí mismos, La mano derecha de Pablo Soler Frost; para los cosmopolitas, Silvio Berlusconi y Memoria de mis putas tristes de Gabriel García Márquez; y la más lamentable, la infancia mexicana: Hijos de la violencia de Doris Leesing.

Publicado en "La Gualdra", suplemento de La Jornada Zacatecas, octubre 17 de 2011.

lunes, 10 de octubre de 2011

Dejad que los libros se acerquen a mí.



Eduardo Campech Miranda

Cien años de soledad es sin duda mi libro paradigmático. Como la inmensa mayoría de los adolescentes el acto lector (autónomo, placentero, independiente) era algo que no estaba en mi presupuesto de vida. Sería la extraña combinación de circunstancias la que me llevaría a su contacto: la extinta estación de radio, en amplitud módulada, de la Ciudad de México, "Espacio 59"; las horas que pasaba acomodando (y desacomodando) la biblioteca familiar en casa de mi abuela paterna y la suerte de que en tal acervo existiera un ejemplar de la novela en cuestión.

En la radiodifusora mencionada a menudo hablaban de libros. Mi condición ajena al mundo de las letras, los libros y la literatura, propiciaban que confundiera El laberinto de la soledad con Cien años de soledad. Hasta ese entonces, en mis pletóricos 17 años, sólo había leído completo el libro Canasta de cuentos mexicanos de B. Traven. Además de identificar, y saber de memoria, algunos versos de Neruda, principalmente de los poemas XV y XX. No se piense con ello que la poesía era mi fuerte. No. Porque así como confundía los títulos de las obras de Paz y García Márquez, de pronto me encontraba cantando "Nocturno a Rosario" a ritmo de "Ella", que recitando la canción de José Alfredo Jiménez como si fuera obra de Acuña, y sospecho que más de una vez intercambié versos.

Durante las visitas a casa de mi abuela aprovechaba y pasaba horas en uno de mis espacios predilectos: la sala, puesto que allí se encontraban dos libreros abarrotados de libros y discos de acetato. Del material bibliográfico sólo me interesaban los Atlas, sabía de memoria las banderas del mundo y la gran mayoría de las capitales. En los discos supe de la existencia de Óscar Chávez, con él aprendí lo que es una parodia; tarareaba, como hoy, las canciones de The Beatles; me autoflagelaba (no concibo que sea distinto) con Manuel Bernal y su interpretación del "Credo" o con una pieza larguísima de The Ono Plastic Band (que contaba entre sus integrantes a John Lennon y Yoko Ono) la cual tenía una duración de cuarenta y cinco minutos de gritos.

Sería una de esas ocasiones de acomodo y desacomodo (ahora sé que se llama exploración libre del acervo), cuando dí con Cien años de soledad. El encuentro fue una explosión en mi interior. Era maravilloso imaginarme  a un gitano y a Aureliano Buendía con la lupa, el imán, el hielo. Ese primer capítulo me atraparía no sólo en el libro, no sólo en su historia, sino en la lectura en general. Realmente entendí muy poco, pero lo que sucedía en mi  interior, era motivo suficiente para seguir leyendo. Dios daba prueba de su existencia porque nadie me iba a preguntar de la lectura. Si en eso consitía el leer, entonces podría decir sin empacho: "Dejad que los libros se acerquen a mi".
 
Han pasado más de veinte años de aquel encuentro. He vuelto a tomar el mismo título en mis manos. Y han saltado sobre mi, salvajes, seductoras, explosivas, las palabras y frases que había pasado por alto en la primera lectura. Los encuentros amorosos entre José Arcadio y Rebeca; entre José Arcadio y Pilar Ternera; la hsitoria de amor de Mauricio Babilonia y Meme, enriquecen ese recuerdo del primer capítulo. Sin lugar a dudas, mucho contribuyeron las letras de Álvaro Mutis, Carlos Fuentes, Mario Vargas Llosa, Víctor García de la Concha, Claudio Guillén, Pedro Luis Barcia, Juan Gustavo Cobo Borda, Gonzalo Celorio y Sergio Ramírez. Sin dejar fuera, desde luego, al propio autor y su obra Vivir para contarla, para darle una nueva dimensión a aquella primer lectura.

GARCÍA Márquez, Gabriel: Cien años de soledad, España, Diana, 2007, 666 p.

Publicado en "La Guadra", suplemento de La Jornada Zacatecas, octubre 3 de 2011.

domingo, 2 de octubre de 2011

Cuando regalar libros se vuelve peligroso


Enrique Vila-Matas


En mi caso, lo más peligroso de regalar siempre han sido los libros, tengo una amplia experiencia en ello. Aunque sepa que puedo comprar dos libros y
se acaba el problema, acabo comprando el libro sólo para mí, pues me parece inmoral comprar dos y regalar uno, porque entiendo que eso no es pensar en el otro, entiendo que eso no es regalar, pues sé que regalar es cesar súbitamente de vivir para nosotros mismos y pensar en la persona a la que vamos a obsequiar, pensar y concentrase mucho en ella y quererla de verdad, quererla muchísimo. Amarla de verdad exige que le regalemos el libro y nosotros tengamos paciencia y nos fastidiemos unas horas o unos días, hasta haberle entregado el regalo. Y entonces, ya con el regalo hecho, comprar tranquilamente nuestro ejemplar, con cara de idiotas, eso sí, con cara de ser los típicos manirrotos, esos que regalan siempre lo que más necesitan.



He pasado por situaciones como ésa en muchas ocasiones y siempre he acabado regalando el libro y esperando unas horas o días para comprármelo yo. Pero, como en todo, hubo un día que fue la excepción a la regla, fue un día en el que entré en una librería y descubrí que mi autor preferido, sin previo aviso, acababa de publicar su nuevo libro. Lo compré para regalarlo, porque había entrado allí con la idea de buscar algo para regalar a una amiga. Salí de la librería. Volví a entrar. Compré un segundo ejemplar, éste para mí. Entonces pensé que era inmoral comprar dos y regalar uno y me dije que debería haber comprado sólo el ejemplar de regalo, tal como estaba acostumbrado a hacerlo cuando se me presentaba ese dilema ético. Después, todo se complicó aún más cuando de pronto pensé en la amiga a la que iba a regalarle el libro y me di cuenta de que, a pesar de ser una de las personas que más quería en el mundo, en el fondo apenas sabía nada de ella –creo que en realidad no sé nada de nadie–, apenas sabía qué necesitaba o le gustaba. En realidad, me dije, es una completa desconocida para mí. Acabé ampliando mi biblioteca con los dos libros idénticos, diciéndome que era muy improbable que a alguien a quien en el fondo no conocía pudiera interesarle, gustarle exactamente el mismo libro que a mí. Al final, le regalé una lámpara, una que estaba de rebajas en la tienda de la esquina. Y ella, como si hubiera intuido lo que había sucedido, por poco me la tira por la cabeza. Es peligroso regalar.


(...) Es complicado regalar un libro porque muchas personas se fijan sólo en el título de la novela que les ofreces y creen que contiene un mensaje velado para ellos, y algunos acaban incluso sintiéndose aludidos. Me ha ocurrido varias veces. El día, por ejemplo, en que regalé En busca del tiempo perdido a un amigo que creyó que trataba de indicarle que había hecho siempre el imbécil, que toda su vida había estado perdiendo el tiempo. El día en que regalé El arte de callar, del abate Dinouart, a alguien tan susceptible que pensó que trataba de indicarle que fuera menos charlatán, que hablara menos, sobre todo en mi presencia. El día en que regalé El laberinto de la soledad y el amigo tímido que lo recibió y que llevaba años sufriendo en silencio su condición de solitario casi rompió a llorar porque había creído leer El laberinto de tu soledad. Me acuerdo del día en que regalé Rumbo a peor de Samuel Beckett a una amiga deprimida. Y también el más que inolvidable día en que por equivocación regalé una novela al autor de la misma, que precisamente acababa de mandármela a mi domicilio y entendió, con razón, que me burlaba de él y de su libro.

Publicado en 
http://archivo.lavoz.com.ar/09/01/31/secciones/cultura/nota.asp?nota_id=485740

jueves, 22 de septiembre de 2011

Las manipuladas comparaciones

Eduardo Campech Miranda

Para Alfredo Valadez, con mi reconocimiento.

Desde hace algunos meses vengo escuchando propuestas para legislar la lectura, desde hacerla obligatoria hasta leyes estatales, a imagen y semejanza de la federal. Y entre las argumentaciones llama mi atención un dato que manejan contundentemente: el porcentaje de población lectora de naciones como Japón, principalmente, y algunos países nórdicos.

A mi juicio es una analogía tramposa y amañada (a pesar de respaldar una iniciativa a favor de la lectura). Y lo es, sencillamente, porque el indicador de lectura se presenta como un dato aislado, sin relación alguna con las condiciones socioeconómicas, políticas, culturales, educativas, y hasta de seguridad pública de los países citados. Como si la formación de lectores dependiera sólo de una ley, de un buen propósito de políticas públicas; dejando de lado otros aspectos igualmente trascendentes.

También la considero así porque casualmente esos personajes que hablan a favor de la lectura (como dice Juan Domingo Argüelles: “queriendo que leamos como finlandeses, pero viviendo y comiendo como mexicanos), no apelan a la comparación de prácticas primermundistas, como la renuncia por ineptitud, la cárcel por corrupción, entre otras situaciones.

El lamentable suceso del casino regiomontano es sólo el botón de muestra (también está la Guardería ABC, y muchos casos más). Los responsables administrativa, gubernamental o institucionalmente se aferran al cargo que ostentan de forma desesperada y cínica. Y ahí no valen las comparaciones con otros lares, ahí impera la política a la mexicana.

No estoy en contra de propuestas a favor de la lectura. Siempre (o casi siempre) serán bienvenidas las propuestas que mejoren la calidad de vida de la ciudadanía (y lamento decir que la lectura por sí misma y como práctica aislada quizá no pueda hacerlo), que abran espacios de desarrollo personal, social y humano. Lo que molesta, lo que irrita, lo que ofende, como promotor de lectura, como bibliotecario público y, primordialmente, como ciudadano mexicano es que se enarbole la bandera de la lectura con fines que poco tienen que ver con ella.

Si en su carácter de legisladores, de servidores públicos piensan que con argumentos y propuestas, como las mencionadas, han cumplido con el país y con su responsabilidad cívica y social, deben reconsiderar su postura y sentir vergüenza a flor de piel por ocupar cargos que están muy lejos de sus posibilidades y límites personales, profesionales, éticos (cuando sea el caso). De respaldar a individuos cuya filosofía se resume en la frase “Vivir fuera del presupuesto, es vivir en el error”.

La ausencia de compromiso queda latente en un anteproyecto de ley estatal de alguna entidad federativa mexicana. Dicho documento plantea unas especies de brigadas de promotores de lectura. ¿Quiénes las conformarían? Palabras más, palabras menos, la respuesta es: quien quiera hacerlo, pero principalmente, estudiantes, amas de casa, desempleados. Además de promotores de lectura, bibliotecarios públicos, mediadores de Salas de Lectura. Lamentablemente, en ninguna línea hace alusión a la profesionalización del promotor de lectura (o mediador, como se quiera llamar). Eso no importa, lo primordial es que quieran hacerlo. Lo demás, es lo de menos…

Publicado en La Gualdra, suplemento de La Jornada Zacatecas, lunes 19 de septiembre de 2011.

miércoles, 7 de septiembre de 2011

Ver a Ninel en el post ajeno


Eduardo Campech Miranda

En los últimos días las redes sociales, en particular twitter y facebook, se han visto invadidas por un nombre: Ninel Conde. Los constantes tropiezos de la figura televisiva han sido motivo de múltiples publicaciones (post) de un negro y mordaz sentido del humor. No me asombra la capacidad del pueblo mexicano para hacer de un acontecimiento todo un jolgorio. En cambio, sí percibo con curiosidad, que muchas de esas personas que mueren de hilaridad ante el nuevo chiste de Ninel, tengan graves deficiencias de escritura, en particular de ortografía.

De antemano tienen conciencia de sus fallas (en eso estarían aventajando a la Conde), pues las justifican con frases como “¿me entendiste, no?”, “no pongo acentos porque me da flojera”, “yo escribo como se me da la gana”. Además de argumentos “tan sólidos”, los aludidos tienen a su favor el anonimato o el no ser figuras públicas. Aunado al orgullo de ser universitarios.

La mayoría de nosotros, si no es que todos, alguna vez hemos cometido errores al hablar o escribir (en la colaboración de la semana pasada, “Palabras”, daba cuenta de una de mis múltiples metidas de pata). Y también la mayoría de las veces autocorregimos. Cuando no lo llegamos a hacer, no falta algún samaritano que nos indique la falla. Lo cual, dependiendo del nivel de madurez y de la intencionalidad de la corrección, desata o no nuestra furia.

Otro aspecto de las publicaciones en redes sociales es esa manía de cambiar, con alevosía pero sin tener idea de sus implicaciones, las palabras. Ejemplos de aplicar estas dos habilidades son las siguientes publicaciones en Facebook:

NO SOII UN PADRE PERO TE DARE UN CERMON... HAII MUCHOS GRAFFITEROS PERO SON FAROLES.. LOS GRAFF DE ESTOS DIAS IIA NO AVIENTAN BOMBAS NI CORRIDAS SOLO PEGAN SUS PINCHES CALCOMANIAS...”, 

oceea.. oi qee llevee la tareea jeje oceea io la tareea jejej mee levntee tempraano qee seguun praa llegar bn i tdoo iiegaa unoo bnn felizz i nu nu ai clases aii nu :@”.

Hace un par de años, durante una edición del Encuentro sobre Problemas de la Enseñanza del Español en México “Dr. Marina Arjona Iglesias”, defendí una propuesta de revalorar esa escritura que utilizan los jóvenes en redes sociales y celulares, además de utilizar ambos soportes para la promoción de la lectura y la escritura. Soy partidario y defensor de los nuevos códigos de escritura, pero en soportes de comunicación inmediata como el chat, el Messenger o los mensajes de celular. Pero repruebo su uso en soportes con mayor caducidad, lo anterior en virtud de las funciones del lenguaje oral y el lenguaje escrito:

(…) el hablar y el escribir desempeñan funciones diferentes. Parece razonable afirmar que en las sociedades donde se conoce la escritura, el habla se emplea para establecer y mantener las relaciones humanas (uso primariamente interactivo), mientras que el lenguaje escrito está más bien reservado fundamentalmente para la elaboración y transmisión de información (uso primariamente descriptivo), así como para organizar y reorganizar el pensamiento[1]

Por ello creo que más allá de la jocosidad involuntaria que causa, en este caso, la esposa de Juan Zepeda, debemos reflexionar y revisar nuestras publicaciones en las redes sociales, con el ánimo de disminuir el terrorismo visual que impera. Dejar de mirar a Ninel en el post ajeno y atender al Conde que tenemos en la escritura.


[1] Padrón Amaré, Olga: “La diversidad de la palabra, una postura ante el lenguaje”, p. 19.

Publicado en "La gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, nº 13, lunes 29 de agosto de 2011.

viernes, 2 de septiembre de 2011

Palabras


Eduardo Campech Miranda

La semana pasada comenté que estaba releyendo Cien años de soledad y la potencialización del placer de la primera lectura. Retomaré uno de los múltiples fragmentos que me encantan. En el primer capítulo, en la primera página, dice: “El mundo era tan reciente, que muchas cosas carecían de nombre, y para mencionarlas había que señalarlas con el dedo.” No me imagino un mundo así. Quizá desesperante como la constante. “pásame la desa que está en el dese.”

Tenemos necesidad de nombrar y ser nombrados. La palabra nos da identidad. Requerimos de la palabra para crear el mundo y para ser parte de él. Incluso, hay quien sostiene –y concuerdo con esa posición-, que el lenguaje, la manera de utilizar las palabra nos definen, dicen a qué nos dedicamos, cómo asumimos la vida, etc. Esa necesidad de nombrar es tan imperiosa que cuando no encontramos las palabas idóneas o correctas, las inventamos.

Emiliano tenía unos tres años. Cierto día pidió se le comprara un rehilete. Llegando a casa lo colocó en una maceta que estaba a un costado de una ventana. Un par de semanas después el rehilete había pasado a formar parte del inventario del basurero municipal. Emiliano lo echó de menos y preguntó: “¿y mi <<ventoso>>?”. La asociación de la fuerza motriz del artefacto fue el detonante para asignarle nombre al rehilete.

Hace un par de meses, durante las actividades de lectura que realizamos en el Mercado “Alma Obrera”, cruzó el cielo helicóptero. El suceso llamó la atención de los pequeños. Ángeles Valle aprovechó los comentarios para realizar una actividad de escritura. Tenían que crear una historia donde interviniera un helicóptero. Uno de ellos inventó que había sucedido un accidente y el helicóptero llevaba a los heridos rumbo a la “doctoría”. Ángeles lo corrigió, diciéndole que se llamaba enfermería. El pequeño reviró: “No, doctoría, porque no hay enfermeras y sí doctores.”

Julio Cortázar tuvo la sensibilidad y el sentido del humor suficientes para desacralizar a las palabras. Por eso inventó el giglico, prueba de ello son un capitulo de Rayuela y su cuento “La inmiscusión terrupta”. Como adultos pocas veces nos permitimos inventar, e inventar palabras lo percibimos como un error. Alguna vez, contando la leyenda zacatecana “El árbol del amor” a unas amigas, al momento de presentar en la historia al aguador, el sustantivo se me fue de la mente y no encontraba la palabra adecuada. Lo primero, lo más lógico y lo más natural que pude decir fue “el agüero”. Con un signo de interrogación en la cara, una de ellas me preguntó: “¿Un qué?”, -Un agüero, respondí. “¿Y qué es eso?”, volvió a inquirir. “Pues un señor que repartía agua”, dije convencido de mi respuesta. El “¡aguador, güey!” sonó al unísono.

Vulnerable, avergonzado y sacando fuerzas de flaqueza alcancé a argumentar: “Es que además de aguador, era rubio.”

Publicado en "La gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 15 de agosto de 2011.

martes, 16 de agosto de 2011

El derecho (y placer) de releer.



Eduardo Campech Miranda[1]
Entre los derechos del lector, enunciados por Daniel Pennac, está en derecho a releer. Viéndolo fríamente en realidad es una oportunidad que pocas veces nos damos. Por ejemplo, cuando compramos un disco, lo escuchamos un sin número de veces, pero no sucede lo mismo con los libros, al menos no con regularidad. Con esto no quiero decir que sólo hay que leer el mismo libro, no. Me refiero a volver a leer un texto años después de haberlo hecho. Es una nueva lectura, sin lugar a dudas, que adquiere dimensiones no contempladas.

Mi contacto con la lectura parecería extraño (al pasar de los años, me doy cuenta que hubo varias situaciones que me tenderían puentes hacia los libros). Hasta los diecisiete años la lectura era para mí la actividad más intrascendente en el mundo. Mi pasatiempo predilecto era escuchar radio, en particular una estación de A. M. de la Ciudad de México, llamada “Espacio 59”. Ahí hablaban constantemente de libros, pero lo soportaba con tal de escuchar la música de mi agrado.

Es claro que en la secundaria no leía lo que la maestra Claudia Pastrana nos dejaba de tarea, salvo Canasta de cuentos mexicanos de B. Traven, que aunque me gustó, no me impulsó a seguir leyendo. El encuentro vendría después. Una noche de sábado, en casa de mi abuela paterna, me encontré con un título que había sido mencionado recurrentemente en “Espacio 59”: Cien años de soledad. Algún motivo me llevó a abrir las página y sumergirme en una historia que me envolvía con palabras, construyendo situaciones cómicas e ingenuas (y que yo devoraba sin cuestionar) propiciadas por José Arcadio Buendía. El texto me encantó, fue algo maravilloso que explotó en mí. Aunque también confieso que conforme iba acrecentando mis lecturas, me daba cuenta de lo limitado que había sido aquel primer contacto con el placer de leer.

Este año, aprovechando las vacaciones, volví a tomar la obra cumbre de García Márquez. La experiencia ha sido magnífica. Me encuentro frente a otra lectura. Saltan ante mí, situaciones que fueron subvaluadas o de plano ignoradas. El inicio de la guerra civil ya no fue una parte aburrida, y la ingenuidad y absurdos que vislumbré, ahora sé son parte del realismo mágico latinoamericano.

Algo similar sucedió con El Zarco, no cabe duda que la vida nos permite tejer nuestra red de significados, de ampliar nuestra visión del mundo, de contar con más elementos para elegir. Durante algún tiempo creí que esta modalidad de relectura era la única que practicaba la gente. Sin embargo, para quien la lectura no es una actividad cotidiana, placentera y autónoma, el derecho a releer. Así lo dejaron de manifiesto la gran mayoría de los alumnos de los docentes que cursaron el Diplomado en Formación de Lectores y Escritores hace unos años. Ellos referían que es un derecho releer cuando no se entiende el texto, el derecho a regresar para encontrar sentido. Y tienen razón, finalmente es un derecho que cada lectura tenga un sentido y significado para el lector.


[1] ecampech@yahoo.com.mx

Publicado en "La gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 15 de agosto de 2011.

martes, 9 de agosto de 2011

Comprensión lectora: lo que se olvida enseñar.

EDUARDO CAMPECH MIRANDA[i]
En el proceso de la lectura, lo que sucede en nuestra mente, las operaciones y estrategias que efectuamos y las imágenes mentales que creamos cuando leemos, son situaciones que, desafortunadamente, no se explican e ilustran “con manzanas” como sucede con las operaciones aritméticas. Regularmente damos por un hecho que la simple acción de decodificar las letras, dará por resultado la misma construcción mental que realizamos. Esta omisión da por obvio resultado, el ignorar la llamada polisemia de la lectura, es decir su multisentido. Es claro que siendo la lectura un acto sociocultural, se vea influido por situaciones contextuales y circunstanciales del lector. Pongámoslo así, con un ejemplo sencillo:

En alguna ocasión, impartiendo un módulo de un Diplomado de Formación de Lectores, inicié la sesión jugando con palabras. Éste consistía en decir una palabra asociada a una palabra previa, es decir, si yo decía: “Cuando pienso en descanso, pienso en vacaciones”, el siguiente participante tomará la palabra “vacaciones” como columna de su oración, de tal manera que podría decir algo así: “Cuando pienso en vacaciones, pienso en hamaca”, y sigue la dinámica hasta agotar a los asistentes. En el grupo aludido, se llegó a la palabra “roja”, la cual derivó en “sangre”, ésta en “urgencia” y luego en “ambulancia”, para dar paso a “sirena”. Hasta ahí estoy seguro que la mayoría del grupo esperábamos algo similar a “ruido”, “velocidad” o algo por el estilo. El grupo estalló en carcajadas cuando el maestro en turno dijo: “Cuando pienso en sirena, pienso en senos”.

Un caso parecido se presentó pero ahora con personal bibliotecario del estado de Zacatecas. La misma dinámica nos llevó a “dinero”, “quincena” y “banco”. Nuevamente el “quiebre” en la lógica, un compañero soltó “cansancio”. En ambos ejercicios quedó de manifiesto la inmensa posibilidad creadora y evocadora de la palabra. Por ello el creer que todos los lectores construyan las mismas imágenes a partir del mismo texto, es un error que constantemente se repite en las aulas, principalmente en nivel básico, y que se sigue fomentando con la utilización de las preguntas cerradas como instrumento para evaluar la comprensión lectora.

El indagar propiciando un diálogo posibilita y muestra al lector incipiente algunas operaciones mentales del lector. El preguntar a rajatabla cortamos cualquier posibilidad de mostrar cómo funciona la lectura, dejando la impresión de que el mediador (docente, bibliotecario, padre de familia) es el único capaz de construir la imagen y el sentido correcto del texto, el único. Algo idéntico sucede con las inferencias y analogías. Mi hijo leía una novela titulada Corazón de piedra de Charlie Fletcher. La trama fantástica narra las aventuras de un niño y una niña que se encuentran en medio de una guerra entre las estatuas antropomorfas versus estatuas zoomorfas. La acción se desarrolla en Londres. En uno de los primeros capítulos, un pterodáctilo persigue al protagonista y está a punto de atraparlo, pero un autobús de pasajeros se interpone entre ellos. Cuando mi hijo me platicaba lo que había leído, y llegaba a esta parte, le pedí que se detuviera y me respondiera algo: ¿de qué color es el camión? (el texto no lo mencionaba). Guardó silencio unos momentos y respondió: “amarillos” (cerca de nuestro hogar transita la Ruta 17, que es de color amarillo). En un examen tradicional estaría ante una respuesta errónea. Lancé una segunda pregunta: ¿dónde suceden las acciones?, con más rapidez que en la primera ocasión, respondió rápido y sin darme oportunidad de volver a intervenir: “¡Londres!, ¡Harry Potter!, ¡Es rojo y de dos pisos!” Sobra decir que mi hijo jamás ha estado en Londres, pero si vio las películas del famoso mago. ¿Tan difícil es para las autoridades y burocracia capacitadora del magisterio darse cuenta de ello?


[i] Pasante en Economía, no se titula para no darle ese gusto a sus padres.

Publicado en "La gualdra", suplemento cultural de La Jornada Zacatecas, 8 de agosto de 2011.

lunes, 8 de agosto de 2011

“Leer no es un placer fácil”


Domingo, 10 de Agosto de 2008
ENTREVISTA A LA COLOMBIANA SILVIA CASTRILLON “Leer no es un placer fácil” La escritora, editora, librera y bibliotecóloga plantea que la promoción de la lectura es un problema político. Especialista en literatura infantil, señala que “la escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar”. Por Silvina Friera Cuando decidió estudiar bibliotecología en Bogotá, su padre, un médico que le contagió el gusto por los libros, le aconsejó que no siguiera esa carrera. “Te gusta mucho leer, sos buena lectora y un bibliotecario no es un buen lector”, le decía para desalentarla. Pero Silvia Castrillón, que no se amedrentó por la recomendación paterna, se recibió de bibliotecóloga y desde entonces es una de las especialistas en literatura infantil que sigue peleando para que los colombianos tengan más y mejor acceso a la cultura del libro a través de las distintas instituciones por las que pasó, como la Asociación Colombiana para el Libro Infantil y Juvenil, Fundalectura y Asolectura, entre otras. De visita en Buenos Aires, donde participó de la Conferencia Editorial, un ciclo de charlas organizado por Opción Libros en la librería El Ateneo, esta mujer orquesta, escritora, editora y librera, simpática y tan jovial que no parece que tuviera 65 años, plantea que la promoción de la lectura es un problema político. “Tengo la necesidad de trabajar contra la injusticia y la inequidad que implica la falta de acceso a la lectura y a la cultura escrita”, dice Castrillón a Página 12. “La lectura ya no es una manera de mirar la realidad. Antes se creía mucho más que la realidad se narraba a través de los libros. Ahora la forma de mirar la realidad es a través de otros medios”, advierte la especialista colombiana. “Se lee más, pero el sentido de la lectura se ha transformado muchísimo.” –¿Cuál es el sentido de la lectura que prevalece en la escuela? –El problema de la escuela es que casi todos los aprendizajes han perdido el sentido, por lo menos en Colombia. El sentido ahora es la evaluación, los estándares educativos, las pruebas. Son políticas educativas impuestas por el Banco Mundial que responden a un modelo de educación donde lo que se quiere es que la escuela forme trabajadores que puedan tener un desempeño laboral con éxito individual. Pero la sociedad no le ofrece trabajo y el éxito de uno implica el fracaso de muchos otros. En las escuelas, los niños preguntan: ¿Por qué tengo que aprender a leer y escribir? ¿Eso para qué me sirve, profe? En este momento los países están muy interesados en ver cómo se ubican en el ranking internacional. Los colombianos estamos siempre fijándonos si estamos primero que Argentina, y todo el mundo está trabajando alrededor de la evaluación y los estándares educativos; estándares, que como bien lo dice Emilia Ferreiro, implican homogeneización. –Ante la pregunta para qué leer, ¿qué responde la escuela como institución y qué respondería usted? –La escuela dice que hay que leer para cumplir con las normas y para alcanzar un diploma, aunque no sea garantía de trabajo. Cuando la escuela admite que hay que pensar de otra manera, propone una lectura lúdica, que los niños se interesen por la lectura mediante la consigna del placer, pero este concepto está desnaturalizando las prácticas de lectura y quitándoles el sentido que tienen. Leer es un placer, uno no lo puede negar, pero no es un placer fácil de alcanzar. Es un placer que también hay que construir y hay que invertir mucho esfuerzo tanto por parte de la escuela como parte de quien está aprendiendo. Lo que la escuela ofrece es un placer intrascendente, un placer que se agota en una actividad llamada lúdica entre comillas. Lo lúdico también se ha convertido en un derecho que exigen los niños. “Profe, es que usted no enseña de manera lúdica, nosotros tenemos derecho al placer.” Si no es por el lado de la evaluación, nos vamos por la respuesta de lo lúdico, pero eso tampoco permite crear condiciones para que el niño descubra cuál sería el sentido que puede tener la lectura en su vida. Para mí la lectura está asociada con necesidades del ser humano, que no son todas iguales, porque somos diferentes, pero tenemos la necesidad de aprender, de tener una experiencia estética, de comprender el mundo y de transformarlo. La respuesta estaría en tratar de crear las condiciones que permitan que los niños y jóvenes asocien la lectura y la escritura con una necesidad interna de ellos, no con una necesidad externa, impuesta. La escuela y las sociedades han debilitado por completo la necesidad de pensar. Lo que la escuela tiene que hacer es tratar de crear esas condiciones que permitan a los niños descubrir que leer es una necesidad. No es un lujo ni una obligación. –¿La escuela está trabajando para crear esas condiciones? –No, pero soy muy cauta porque la escuela es blanco de todos los problemas que tiene la sociedad. Si la sociedad pierde el sentido de la lectura, pues sí, a la escuela le toca recuperarlo, pero es una recuperación muy difícil porque a la escuela, que de por sí es una institución muy conservadora, le correspondería ir en contra de lo que la sociedad le está proponiendo. Ir contra la corriente es una pelea muy dura para la escuela. Pero hay muchos maestros lectores que tienen un compromiso ético con los niños. En este momento no creo que pueda haber grandes transformaciones educativas sino pequeños cambios impulsados por el maestro al interior de las aulas. Todavía creo en la utopía y me parece que los maestros están logrando pequeñas transformaciones. –¿Por qué se promueve más la lectura y no tanto la escritura? –Hablamos mucho de la lectura y poco de la escritura y eso también es una postura ideológica. La lectura también es producción, creación, pero está mucho más relacionada con el consumo de libros porque hay intereses económicos vinculados con un sector de la economía del mercado, que es el de la producción de libros. Además, se promueve más la lectura que la escritura porque la escritura es una forma de emancipación; la lectura también, pero la escritura más. Dar la palabra, expresarse a través de la escritura, es un paso más allá en la emancipación, es tener un pensamiento más libre. Muchas personas dicen que el maestro tiene que ser un ejemplo de escritor y de lector, pero esa idea de ser ejemplo estaría en desacuerdo con lo que pienso que es ser lector. El lector parte de la duda, de la ambigüedad, como dice Graciela Montes “parte del enigma y no de la consigna”, y si yo estoy mostrando como modelo y ejemplo al maestro no estoy creando las condiciones para que el niño dude también del maestro. –Entregar libros es necesario, pero no suficiente; parece ingenuo pensar que los libros tienen alguna cualidad mágica que hace que sean leídos inmediatamente... –Las escuelas tienen que estar bien dotadas de libros, es muy importante que los gobiernos adquieran y distribuyan libros, que haya bibliotecas al servicio de la comunidad, y que las bibliotecas se construyan como proyectos de la comunidad. El libro por sí solo no alcanza, pero es necesario. Ahora muchos de los discursos educativos plantean que ya no es necesario el libro, que está siendo sustituido por las nuevas tecnologías. Alguien en Bogotá, que tiene un cargo muy importante dentro de la administración pública en educación, dijo: “Ya no leemos libros, buscamos la información en computadoras”. Ahí es donde yo digo que es necesario que los libros estén en las escuelas. Lo que me preocupa es que cuando uno dice que el libro no basta, puede tener muy buenas intenciones en decirlo, pero también detrás de eso puede estar la idea de que el libro es sustituible. © 2000-2008 www.pagina12.com.ar | República Argentina | Todos los Derechos Reservados
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jueves, 4 de agosto de 2011

PARA LEERTE MEJOR: ESTRATEGIAS Y METODOLOGÍA PARA EL DISEÑO E IMPLEMENTACIÓN DE TALLERES DE LECTURA

RESPONSABLE: EDUARDO CAMPECH MIRANDA

Planteamiento del problema
Muchas veces, cuando se plantean estrategias de promoción de la lectura se suele caer en lo que se combate, es decir, los sistemas alfabetizadores no arrojan por sí mismos lectores: se lee en voz alta de manera más que solemne, se cuentan cuentos sobreactuados, la selección de los libros está en función de lo que creemos es de la conveniencia de los asistentes a las sesiones de lectura, los ejercicios de escritura a partir de un texto están en función de qué dice el autor, dónde se desarrolla la acción, etc. Aunado a lo anterior se asocia a la dinámica de animación con un título específico, sin considerar que esa misma dinámica se puede realizar con un libro que cumpla con las características del utilizado en un primer momento. Por ello la parte medular de este trabajo es determinar, aunque parezca verdad de Perogrullo, en qué medida la promoción de la lectura obtiene mejores resultados con herramientas más lúdicas que académicas, en un contexto de libertad (de escribir, de leer, de expresarse).

Justificación

El valor de la lectura es insustituible. Sin ella no es posible comprender la información contenida en los textos y asimilarla de un modo crítico. La lectura estimula la imaginación y ayuda al desarrollo del pensamiento abstracto. En la actual sociedad de la comunicación, caracterizada por la sobreabundancia de datos, la lectura comprensiva tiene un papel clave para convertir la información en conocimiento.
            Dada la trascendencia de la lectura en la conformación del individuo y, por tanto, de la sociedad, la adquisición y consolidación del hábito lector debe ser un objetivo prioritario de la política educativa. Pero la formación de los ciudadanos no debe circunscribirse exclusivamente al sistema de enseñanzas regladas, sino que ha de convertirse en un elemento clave del desarrollo personal y profesional de la persona que influye a lo largo de toda la vida y que se manifiesta también en el empleo del ocio. Es en ese sentido en el que debe resaltarse el carácter estratégico de la lectura en la sociedad moderna.
Asimismo, tras la revolución tecnológica, es necesario ampliar el concepto de lectura y no ligarlo exclusivamente a un soporte concreto, sino a cualesquiera de los nuevos medios. La tecnología no sólo no pone en peligro la pervivencia del hábito lector, sino que incluso ha convertido la lectura en la llave de la sociedad de la información.
Si capacitamos a los promotores de lectura para que lean y narren, el trabajo de formación de lectores será más cordial para ambos entes, si estos promotores se especializan, los resultados (en cuanto a promover a la par que la lectura, los espacios donde se efectúa) se reflejarán más rápidamente que formando nuevos promotores de lectura.

Objetivos del proyecto educativo

Los objetivos básicos de este proyecto, son los siguientes: potenciar los instrumentos que faciliten la mejora en la promoción de los hábitos de lectura, considerando ésta como una herramienta básica del aprendizaje; convertir la lectura en un asunto de interés general presente en la vida cotidiana de la sociedad y promover la participación, la colaboración y el desarrollo de iniciativas propias por parte de bibliotecarios; fortalecerlos como promotores y mediadores de la lectura capaces de propiciar encuentros significativos entre los lectores y los libros, a través de los cuales las personas integren la lectura como una actividad enriquecedora y placentera en su vida diaria; proporcionar a los participantes elementos teórico-metodológicos para la comprensión y disfrute de diferentes textos. Todos los objetivos anteriores se enmarcan dentro del objetivo general que es la especialización de personas que han estado trabajando con niños, jóvenes o adultos en los últimos doce meses, que realicen un trabajo efectivo y no simulado.

Propósitos generales del curso

Profundizar en el uso de las herramientas del promotor y poner en práctica diversas estrategias para la lectura, la escritura y la expresión oral.

Contenidos

            REVALORACIÓN DEL CONCEPTO Y ESPACIOS DE LECTURA

Contenidos
Objetivos
¿Dónde, cómo y cuándo leemos?
Hacer conciencia de los espacios, maneras y tiempos para leer.
El acto lector.
Definir qué es leer.
Diferentes códigos de lectura.
Descubrir que siempre estamos leyendo y que para hacerlo requerimos antecedentes previos.

HERRAMIENTAS DEL PROMOTOR DE LECTURA

Tema
Contenido
Objetivo
Lectura en voz alta



La respiración como medio fundamental del aparato fonador.
Facilitar la modulación de la voz mediante la respiración.

Técnicas de lectura en voz alta.
Ofrecer a los participantes técnicas y recursos para la lectura de poesía y prosa.

Identificación y creación de ambientes y personajes desde la perspectiva auditiva.
Crear contextos sonoros que refuercen la creación de imágenes mentales.

Apoyo corporal.
Proporcionar posturas corporales que faciliten el apoyo de la lectura en voz alta.
Narración oral



La selección del cuento.
Establecer criterios de selección de un cuento con el fin de narrarlo.

Apropiación del cuento.
Diseñar esquemas de selección de cuentos a partir de la personalidad de cada participante.

Diferencia entre cuento escrito y cuento narrado.
Definir cual es la diferencia de un cuento cuando se presenta por escrito y cuando se presenta narrado.

El lenguaje mímico.
Introducir al lenguaje corporal.


ANIMACIÓN DE LA LECTURA

Contenido
Objetivo
¿Qué es la animación de la lectura?
Definir que es la animación de la lectura.
Elementos de la animación de la lectura
Identificar los elementos que intervienen en la animación de la lectura.
Propuestas de animación de lectura “para los que aún no saben leer”.
Proponer actividades de animación de la lectura para niños de 0 a 4 años.
Propuestas de animación de lectura “para los que empiezan a leer”.
Proponer actividades de animación de la lectura para niños de 5 a 7 años.
Propuestas de animación de lectura “para los que leen bien”.
Proponer actividades de animación de la lectura para niños de 8 a 11 años.
Propuestas de animación de lectura “para los grandes lectores”.
Proponer actividades de animación de la lectura de 12 años en adelante.


TRÁNSITO E INTERACCIÓN ENTRE LA ORALIDAD Y LA ESCRITURA

Contenidos
Objetivos
¿Qué es escribir?
Reflexionar en torno al acto de escribir.
La relación entre lenguaje oral y lenguaje escrito.
Analizar la vinculación de la oralidad con la escritura, como componentes de la comunicación.
Escuchar para leer y escribir.
Ejercitar el escuchar con fines comunicativos no verbales.
La lectura y la escritura al servicio de la oralidad.
Valorizar los vínculos existentes entre lectura, escritura y expresión oral.
Escritura libre de riesgo.
Facilitar la escritura sin temor a estar en el error.
Actividades de escritura.
Proporcionar actividades de escritura libre de riesgo.

SELECCIÓN DE TEXTOS

Contenidos
Objetivos
¿Por qué seleccionar?
Clarificar el propósito de la selección de libros para proyectos de promoción lectora.
Intereses lectores, ¿cuáles y cuántos son?
Descubrir posibles fuentes de intereses lectores.
El interés por la imagen e interés por la narración.
Analizar los elementos de la imagen y de la lectura de imágenes. Aplicar como criterio de selección de materiales gráficos la graduación de la complejidad de la imagen.
Sugerir distintas formas de emplear un material de acuerdo a sus características adecuándolo al interés, habilidad lectora, motivación, etc., del participante en el proyecto de promoción lectora propuesto.

            COMPRENSIÓN LECTORA: LECTURA EFERENTE Y LECTURA GRATUITA

Contenido
Objetivo
Lectura eferente
Mostrar los efectos de la lectura eferente.
Lectura gratuita
Presentar las virtudes de la lectura gratuita.
El multisentido de la lectura.
Exponer las interpretaciones de la lectura a partir de los referentes del lector.
La intertextualidad
Resaltar la importancia de los referentes lectores para la comprensión de otros textos.

Si hay interés por este curso-taller, comuníquese al correo electrónico: ecampech@yahoo.com.mx