sábado, 19 de marzo de 2011

¿La literatura infantil es literatura?


Casi ignorados por la academia y la crítica, los libros que encuentran a sus lectores entre los niños y jóvenes tienen un rol en su formación y un lugar considerable en el mercado. Autores y especialistas lo analizan como producto cultural, en su función pedagógica y el espacio que queda para la imaginación.

POR IVANNA SOTO


Son los padres quienes compran y leen primero los libros orientados a niños, una disciplina que no tiene ni una cátedra en la Universidad de Letras pero varios estantes en las librerías. Entonces, ¿se trata de literatura infantil o literatura “a secas”? En un encuentro a propósito de la presentación de Torre de Papel y Zona Libre 2011, dos colecciones de la editorial Norma destinadas a un público infantil, autores y especialistas buscaron delimitar sus alcances y plantear preguntas acerca del papel de la crítica, su función pedagógica y su rango como producto cultural.
 
En principio, la llamada literatura infantil o juvenil no existió hasta el siglo XIX simplemente porque no se entendía la infancia como un período diferenciado. Entonces, la literatura a la que accedían los niños era la misma que estaba destinada a un público adulto, pero era pasible de tantas lecturas e implicaciones políticas, morales y religiosas como lectores se encontraran con ella. “Las obras tienen que ser para todos, no tiene que haber dos literaturas”, dictaminó en el inicio el chaqueño Gustavo Roldán, autor de El último dragón, cuyo protagonista adopta como padre a un sapo. “Me crié en el monte escuchando historias y no había una diferencia: si había un grande, era para grandes, si había un chico, era para chicos”, señaló.


A pesar de su entusiasmo, conoce que las clasificaciones en la actualidad no funcionan de ese modo y son escasas las situaciones en las que se eleva la literatura infantil a un producto cultural del mismo rango que la Literatura en general: se niega su calidad y se la toma como una adaptación de menor nivel de las creaciones adultas a la mentalidad y experiencia del niño.
 
Así lo entiende la academia, que excluye a la literatura orientada a niños del programa de las cátedras que abordan a la literatura en general, relegándola a seminarios aislados y específicos. Mirta Gloria Fernández, egresada de la carrera de Letras de la UBA y docente del Seminario de Literatura Infantil en la misma facultad, puede dar fe de ello, y va más allá: “Tampoco se institucionaliza la crítica en la literatura infantil, y esto supone una paradoja: porque al no haber crítica negativa hay más libertad por parte de los escritores. Sin embargo, el hecho de que no haya meta-discursos circulando alrededor de los montones de obras que se editan, no implica que la literatura infantil esté en los márgenes del capitalismo, sino al contrario: es el género que más vende”.

 
Martín Blasco, autor de El bastón de plata, una novela histórica ambientada en la España islámica, cree dar en la diferencia: “La única condición real de la literatura infantil y juvenil no es que está dirigida a los jóvenes, sino que tiene que tener en cuenta que el lector que la va a agarrar no tiene una cultura previa”, explicó. “La edad no es criterio de diferenciación”, opinó Fernández, que añadió que la literatura infantil no se trata de un subgénero sino que se podría pensar como un macro-género, en la medida que en su interior se despliegan distintos géneros, como la ciencia ficción, la poesía, los clásicos ilustrados, entre otros.

 
“A la hora de escribir, el género define la escritura, porque cuando trabajás en un libro para adultos lo hacés de manera distinta que cuando está dirigido a chicos. Una vez que tengo definido el público, trabajo dentro de los límites que produce el género en cuestión”, comentó Sergio Olguín, autor de Cómo cocinar un plato volador, una historia sobre el encuentro entre un padre separado y su hijo. “Tanto mis novelas juveniles como de adultos son de género policial. En este caso la ciencia ficción es una excusa, podría haber sido el género fantástico o incluso un cuento maravilloso, pero tenía ganas de trabajar algo distinto de lo que me permito hacer cuando escribo literatura para adultos”, agregó.

 
¿Hay temas para los lectores niños? No según Roldán: “Todos los temas son para el público infantil, especialmente los grandes. A los chicos les interesan las temáticas más fundamentales que les interesan a los grandes, no los temas tontos”. Pero no sólo los niños son lectores de estos libros. Para Mirta Fernández, la literatura infantil cuenta con un doble receptor: los padres y los chicos. “Lo que deseamos la mayor parte de los adultos es que los niños lean. Pero, ¿coincide el deseo infantil con la propuesta adulta? Los niños leen, en gran parte, desde un horizonte ajeno a los afanes disciplinantes, ya que aún no están presos de arengas mitigadoras, ni de discursos políticamente correctos”, señaló.

 
Pero el lector adulto, según su opinión especializada, “es resultado de una operación que pregona la subalteridad de la literatura con respecto a la ética, la moral o la ideología”, donde las instituciones que seleccionan las obras cobran importancia. A lo largo del tiempo, fueron sucediéndose distintas representaciones uniformizantes de la infancia que cambiaban según los condicionamientos de cada época; y la literatura infantil, que está asociada a las categorías de la infancia y los avatares políticos y económicos, fue adaptándose.

 
“La escuela es la que determina cómo es la literatura infantil de cada tiempo y está asociada a lo que la sociedad necesita que se construya como idea de infancia. El riesgo siempre en este campo es que queda la finalidad pedagógica demasiado al descubierto; el libro de literatura infantil suele adolecer de un discurso ejemplificador”, remarcó Fernández. Roldán compartió la posición, y señaló: “Hay demasiados educadores –los padres, la policía, la escuela y las iglesias–; la función de la literatura es cualquier cosa menos esa. Que de paso también educa, sí, pero esa no es su función”.

 
En la actualidad, la literatura infantil como domesticadora del niño está más vigente que nunca según Fernández. “El niño hoy está más condicionado que antes por lo que el adulto quiere que él sea –explicó; con el advenimiento de las nuevas tecnologías, su espacio de imaginación está más invadido y censurado, y ya no le queda lugar para la creación propia” –sentenció. “Toda literatura siempre va a tener una ética, dado que siempre va a estar allí el valor apreciativo de un sujeto, pero la literatura infantil debería cuidarse de quedar pegada a determinados valores. El mensaje estético no debe estar soslayado por un mensaje moral o ideológico; la obra debe ser polisémica”.  


Ni subgénero ni género menor, a modo de conclusión el encuentro arribó a la certeza de que “la literatura infantil –en palabras de Fernández – no es literaturita”.

lunes, 14 de marzo de 2011

El hábito de leer también se adquiere sin utilizar libros

Consejos para estimular la lectura a partir de las actividades cotidianas.



Los libros no son la única herramienta para que los chicos experimenten por qué es interesante y atractivo leer.

Por Raquel San Martín
De la Redacción de LA 
NACIÓN

Hablar de lo que se lee y de cómo está escrito, recordar lecturas de la infancia con los chicos, usar el correo electrónico y hasta actividades cotidianas como armar la lista del supermercado o compartir el diario a la mañana pueden ser tan eficaces como una biblioteca para crear un ambiente hogareño que despierte la pasión por leer y escribir.



Más allá de la indiscutible utilidad de leer habitualmente a los chicos, y de que ellos vean a los adultos leer -y disfrutarlo-, los especialistas invitan a los padres a tener una concepción amplia de la lectura y pensar que en una casa circula una gran variedad de textos, incluidos los que habilita Internet.



"El libro es una excusa interesante, pero no es el único medio para entrar en la cultura escrita. Además de los que están en la biblioteca, en una casa hay otros textos circulando, algunos menos visibles, como el diario, que también ayudan a la vinculación con lo cultural. Leer no se da sólo con textos escolares o eruditos", señaló a LA NACIÓN Andrea Brito, investigadora de Flacso, donde coordina un posgrado sobre lectura y escritura.



Para la Fundación Leer, las actividades cotidianas son "excelentes oportunidades" para crear "un ambiente lector

estimulante".

En una serie de consejos que la entidad dedicada a promover la alfabetización y la lectura difundió recientemente, se sugiere pensar en revistas, notas, envases, carteles y diarios como soportes para textos domésticos. También aconseja leer y escribir en presencia de los chicos con diferentes fines (por placer, para informarse, para resolver una tarea) y compartir situaciones cotidianas con ellos, como leer una receta o instrucciones para hacer funcionar un aparato, escribir una nota a la maestra, dejar recordatorios en la heladera o mensajes para otros miembros
de la familia.

Empezar por conversar.



Hablar sobre la lectura y la escritura es una recomendación que se repite. "Hoy se habla de lectura compartida, porque la producción de sentido es social. Hay que generar situaciones que inviten a compartir. En relación con los libros, se puede hablar de los contenidos y de la ficción de un texto, pero también del lenguaje en el que está contado, de la edición del propio libro (si tiene fotos, dibujos u otros elementos), o hablar del acto de leer, de lo que produce y modifica en cada uno una lectura", dijo Gustavo Bombini, doctor en Letras y coordinador del Plan Nacional de Lectura del Ministerio de Educación.


"Esto apuntala otros procesos de aprendizaje. Hablar sobre la propia lectura es abrir un camino potencial que sirve de base para aprender otras cosas", advirtió Bombini. "La entrada de la lectura y la escritura en el ámbito familiar se puede dar por el lado de la oralidad y la conversación. Hablar de lo que se lee es un modo de ingresar en la cultura escrita", coincidió Brito. Se puede, por ejemplo, encontrar similitudes entre personajes de distintos libros, hablar de lo que no se entiende o resulta difícil en un texto, o relacionarlo con otros lenguajes. Una película, un dibujo animado y ciertos videojuegos, apuntó Brito, son puertas de entrada a textos literarios porque se basan o hacen referencia a ellos, o porque despiertan su recuerdo.


En ese sentido, los adultos tienen una herramienta clave que no siempre aprovechan: sus propias experiencias de lectura cuando eran chicos o adolescentes, que se pueden compartir. "No hay que ser un especialista. El adulto debería pararse en las preguntas que él mismo se hace frente a la lectura; admitir que no todo gusta; que se puede elegir lo que se lee; que hay diversidad de géneros y soportes para leer, y transmitir a los chicos los criterios de selección", dijo Brito.


Internet también puede aprovecharse, en la medida en que demanda lectura.


"En lugar de tenerles miedo, lo interesante es ver cómo las nuevas tecnologías colaboran para resignificar la lectura y qué experimentación se da con la lectura en la pantalla. El libro tradicional ya se combina con otros lenguajes, como la imagen. En las nuevas tecnologías, lo escrito se combina con lo visual, lo musical, lo icónico, la imagen en movimiento", describió Brito.


La escuela propone.


La escuela es una aliada natural para formar futuros lectores. Más aún, en muchos sectores sociales es quien hace entrar los libros a las casas. "Un modo de potenciar el lugar de la familia como promotora de la lectura se da cuando la escuela establece vínculos con la familia y la compromete. Hay, incluso, hogares donde los libros entran de la mano de los chicos", apuntó Bombini.


Comentó experiencias en marcha en distintas escuelas del país en ese sentido. Por ejemplo, convocar a los papás fuera del horario escolar a talleres de lectura ("hay experiencias de padres inmigrantes que intercambian relatos sobre sus culturas", contó) o invitarlos a la biblioteca escolar, un importante centro de irradiación de textos escritos en muchas comunidades, a leer a los chicos. "Esto tiene un impacto formativo en los padres, que luego pueden replicar estas experiencias en sus casas", apuntó Bombini.

También hay libros que salen de la escuela y circulan por las casas de los alumnos junto con un cuaderno de notas de lectura que la familia debe completar.  La escuela es clave, además, cuando se da el caso contrario: chicos o adolescentes con inclinación a leer en hogares donde la lectura no es una práctica cotidiana. Hay quienes piensan que ésa no es una situación infrecuente.

"No hay una fractura entre una sociedad con adultos que leen y jóvenes que no. Los adultos tienen incorporada la retórica de la lectura y la escritura, pero no su práctica", señaló Martín Kohan, escritor (reciente ganador del Premio Herralde, con su novela Ciencias morales ), docente universitario y ex profesor en escuelas medias. "Está muy extendida la falacia de imaginar una sociedad adulta lectora que no lo sabe transmitir a los jóvenes. Hay un discurso moral sobre la necesidad de leer, y si hay algo que tienen los adolescentes es entrenamiento para detectar esas hipocresías", opinó Kohan.

Para el escritor, "la casa es decisiva", pero aclaró: "Si la lectura fuera una práctica natural e incorporada en los adultos, no habría que enseñar nada ni tener tantas estrategias y disciplina. Ver a tus padres leer te da por lo menos cierta intriga".

Desde la casa

 *  Pensar que en una casa circula una variedad de textos que se pueden usar como puerta de entrada a la lectura: diarios, revistas, notas, mensajes e Internet, entre otros.

*  Hablar de la lectura y de los libros. Se puede conversar sobre los personajes y la historia, compararlos con los de otros libros; sobre cómo está escrito un texto, sobre las dificultades que presenta, sobre las ilustraciones, sobre las cosas que uno aprendió, recordó o imaginó leyéndolo.

*  Compartir con los chicos las lecturas de la infancia y adolescencia. Contarles y mostrarles qué libros eran los preferidos, cómo y dónde se los leía, por qué se los elegía.

*  Usar el cine, los dibujos animados y los videojuegos que hacen referencia a textos literarios. Buscar esos libros y compararlos.


*  Aprovechar situaciones cotidianas, como hacer la lista del supermercado, leer una receta, desayunar leyendo el diario (los chistes son particularmente atractivos para los chicos), leer instrucciones para hacer funcionar un aparato, dejar mensajes para otros miembros de la familia o escribir notas para la maestra. Leer y escribir en presencia de los chicos con distintos fines (para informarse, por placer, para resolver una tarea).

*  Utilizar Internet y el correo electrónico como medios que dan un lugar renovado a la lectura.

 
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sábado, 12 de marzo de 2011

Oración del narrador de cuentos

Señor, haz de mí un instrumento para que quien no pueda
leer si pueda
escuchar muchas buenas historias:
donde exista distancia al libro, ponga yo cercanía;
donde haya un “no me gusta leer” ponga yo los medios
para lograr un nuevo
entendimiento con los libros;
donde haya pereza, apatía, desesperación, tristeza, ponga
yo la alegría
de los cuentos y las narraciones orales.

Señor, que no me empeñe tanto
en ser escuchado como en lograr el milagro que surge a
través de las
historias narradas, la comunicación,
en ser comprendido como en comprender que es lo que
realmente necesita ser
escuchado;
en ser querido y aceptado como narrador como en amar y
aceptar las
diferencias de niños, jóvenes, adultos, ancianos…

Porque es olvidándose del propio ego que uno se encuentra;
es escuchando como se es escuchado;
es entregando todo de sí como se puede incitar a conocer
el placer de la
lectura.

Mariela Ferrada-Cubillos. Inspirada en la Oración de San
Francisco de Asís. 20 noviembre, Santiago de Chile.


Mariela Ferrada-Cubillos; Bibliotecaria Documentalista. Académica en la Escuela de Bibliotecología Departamento Gestión Información. Santiago de Chile UTEM. Actualmente me encuentro investigando sobre bitácoras en biblioteconomía y documentación en España, como doctorando, en la Universidad de Barcelona. Soy además administradora del foro animacionalalectura en RedIris.

domingo, 6 de marzo de 2011

Una historia leída en voz baja

I
Vivíamos lejos, lejos, muy lejos... yo siendo la pequeña andaba siempre con mamá, ella para mantenerme entretenida, en el camino hacia la escuela, leía en voz bajita novelas de amor, lo hacia así para que los demás pasajeros no se molestaran y a mí me gustaba, porque imaginaba que la protagonista nos platicaba sus mejores secretos sólo a nosotras. Pero pasó el tiempo, 'Jazmín' ya no era muy de mi agrado -A quién le interesa el sufrimiento voluntario de una chica por un hombre mayor-; cuando mamá se dio cuenta de ello, trató de buscar otro tipo de lectura, antes habló con papá para buscar una nueva forma de mantenerme quieta, era traviesa, era demonia... decía mi abuela. Papá propuso algo más conforme a mi edad, algún cuento, algún cómic, mamá no accedió, -quiero su atención, quiero su tranquilidad, que imagine...- buscó algunas novelas ya no amorosas, y por fin Las aventuras de Huckleberry Finn, Los viajes de Gulliver, Mujercitas y algunas más me mantenían en un suspenso indescriptible. Mamá en los asientos de la central de autobuses, yo entre sus piernas y un libro entre nuestras manos, era lo que completaba la espera perfecta, la llegada de papá y Dulce, mi hermana mayor.
En casa recuerdo una sala muy oscura, de un lado un espacio donde estaban los aparatos electrónicos, en el otro el librero, lleno de polvo, lleno de figuras de cerámica y, claro, libros, que papá o mamá tomaban para leernos de vez en cuando. Yo, esperaba el momento para escuchar.

II
Era tanta mi inquietud de saber qué más decían los libros que cada domingo papá acomodaba en los estantes de un viejo y casi destruido librero, que tomé uno al azar, le pedía a papá que lo leyera cada que llegaba del trabajo. Después comencé a leerlos yo sola, era fabuloso imaginar cómo Robinson Crusoe vivía en la isla, o cómo El Principito viajaba de planeta en planeta descubriendo a cada ser.
Cada página era una isla o un planeta, era un espacio donde descubriría algo nuevo.
Pasó el tiempo, pasó una etapa tras otra, pasó una generación y otra, el interés creció.

III
Actualmente disfruto de la lectura de igual manera que hace varios años, busco un espacio donde esté muy cómoda, donde haya un silencio o una musicalidad que ayude a mi nueva expedición, busco enfrentarme a esa nueva realidad. A veces me gusta contagiar de esa buena sensación que da la lectura, a quienes se dejan.   
Abrir un libro o ver que abren un libro es casi ritual, es entregarse totalmente a las letras, dejarse envolver por las líneas que conducen a una maravillosa historia, a un nuevo descubrimiento.

Acariciar un libro con las pupilas es rozar a una libertad alterna.


Marge Zam Rosso 

Crónicas desde el mercado III

Esta tercera sesión ha sido distinta. Nos acompaña Margarita Camacho, estudiante de la maestría de Enseñanza de la Lengua Materna, de la Unidad Académica de Letras de la Universidad Autónoma de Zacatecas. Su intención es medir la complejidad léxica de los pequeños. Sin embargo está ocasión hay muy pocos niños, la escuela primaria más cercana al mercado no tuvo clases y eso ha impactado en la asistencia. Nos llama la atención esta situación.

Quienes más llegan, en número no mayor a diez, son los preescolares, siete para ser preciso. De primaria tenemos ocho niños. Nos damos cuenta que el hecho de exponer los libros es un gancho que ahora no tenemos. Sólo llevamos los libros con lo que íbamos a trabajar. Las escaleras están limpias como nos prometió una señora la semana anterior. Ahí los reunimos y para hacer tiempo en lo que llegan más niños, comienzo a narrar El Grúfalo. Antes, José Luis realizó una actividad de integración. Los niños piden jugar físicamente además de las lecturas y dibujar. Poco a poco iremos trabajando la escritura también, además de otras formas de circulación de la palabra, y que sean tan demandadas como las actividades citadas primero.

Margarita trabaja con los niños de primaria y les pide que escriban la experiencia de uno de los paseos que han realizado. Los preescolares dibujan al Grufaló. Antes de la narración se les preguntó ¿qué les daba miedo? las respuestas fueron desde la llorona hasta el chupacabras, pasando por Chucky. Pancho, el niño del chupón de la primera sesión, se volvió a integrar. Cuando terminó su trabajo y le decíamos que se lo llevara, no quiso porque su mamá "lo regaña si llega con un papel".

Al final, piden jugar al lobo y así lo hace José Luis. Nos vamos, pero ahora con un sabor un tanto frustrante. Cada uno reflexiona en qué sucedió esta vez y cómo podemos solucionarlo.


Crónicas desde el mercado II

Es el segundo martes de visita al mercado. La incertidumbre de la primera sesión había dejado su lugar al entusiasmo. Ahora sí llevábamos algunas actividades planificadas. El calor era más intenso que la ocasión anterior. Buscamos una sombra que nos permitiera trabajar. Descartamos hacerlo en esta época adentro del mercado porque por las puertas de acceso ingresan ráfagas de viento frío y helado. En lo que el señor Márquez les hablaba a los niños, otros iban llegado, Ángeles consiguió una escoba para tratar de limpiar un poco una escalera bajo un árbol. Sin embargo, no sólo eran las hojas caídas, había también un nauseabundo olor a orines. Una señora se acercó y cuando tuvo conocimiento de nuestra actividad, se comprometió a tener limpio todos los martes.

José Luis inició con una dinámica de integración. Ángeles decide realizar una actividad de exploración libre. Para ello llevamos dos bolsas repletas de libros y decidimos que el mejor lugar para colocarlos era una barda que está al frente del acceso principal.  José Luis también había preparado durante la semana unos dibujos en cartulina que le ayudarían como material didáctico para su actividad. La barda fue cubriéndose de portadas multicolores y los niños poco a poco (en un principio algo tímidos) se acercaban a los libros.

Es gratificante observar que hay madres y padres que llevan a sus hijos a la actividad, que depositan su confianza en nosotros y en las personas del mercado. La exploración es con plena libertad, la única consigna es que si no les gusta el libro elegido lo puedan cambiar. De esta manera, los niños se dejan llevar por los elementos paratextuales del libro. Pero no nada más los infantes fueron atrapados por el colorido de los libros, también los adultos. El primero que se atrevió a coger uno de los libros fue el propio señor Raymundo Márquez, lo miraba detenidamente, absorto.

Otro caso que nos llamó la atención fue el de un señor, suponíamos que carnicero después supimos que vende frutas y verduras. Se acercó a observar los libros, recorrió toda la barda y de pronto, se detuvo en uno en particular. Comenzó a leerlo, le tomamos fotografías y no se percataba de ello. Dejo el libro y se metió al mercado. Minutos después salió con una libreta y un bolígrafo, comenzó a copiar algo de lo que había leído. El libro se llama ¡Feliz cumpleaños! y ofrece distintos tipos de felicitación dependiendo de la personalidad del destinatario.


Uno de los libros que más llamó la atención de los niños fue el de una nadadora que se lanza desde el trampolín, El libro tiene la característica que las imágenes al pasarlas rápido dan la sensación de movimiento. Los niños hacían turno para tenerlo, hubo alguno que se lo mostraron a su padre y éste también disfrutaba del libro. Fue tal el éxito que se extravió.

También durante este periodo de exploración una señora buscaba "Cien Años de Soledad" porque lo había leído en su juventud y quería volver a hacerlo. Un pequeñito aún no alfabetizado, nos narró "La sopa de piedra". Fue muy rico escucharlo recrear y reinventar la historia original, así como la explicación de una de las últimas imágenes, en la cual aparecen unas casas de madera en medio de un paisaje invernal. El niño concluyó que los personajes de su historia esperaban a Santa Claus. Le preguntamos por qué decía eso y nos mencionó que "Santa Claus llega cuando todo está blanco". Aquí vemos cómo es importante el conversar y dialogar para descubrir los conocimientos previos o referentes del lector.

Después de darles tiempo para la exploración, Ángeles realizó una actividad, un juego que consistía en que yo sacaba tarjetas al azar y leía un título, ellos tenían que buscarlo en el acervo. Se divirtieron bastante y también eso propició que revisaran libros que no les habían llamado la atención en un primer acercamiento.

José Luis preparó la lectura de "El rey del desierto". Preparó a los niños para que participaran en la actividad, les presentó a los personajes del texto y repartió el material didáctico que utilizaría. La historia de una estructura lineal y sencilla, permitiría a los chicos estar atentos para participar e intervenir cuando la historia así lo requiera.

Cuando terminó José Luis, los niños pedían otro cuento. Entonces aproveché que en la actividad de Ángeles se había escrito el título de "El topito Birolo que quería saber quién se había hecho eso en su cabeza". Durante la lectura en voz alta los niños permanecieron quietos y no intentaban tomar el libro o acercarse, miraban las imágenes cuando yo se las mostraba.

Hubo algunos niños que no se integraron a ninguna actividad, sencillamente tomaron un libro y comenzaron a leerlo por cuenta propia. Esta segunda sesión nos llenó de satisfacción.