viernes, 21 de enero de 2011

YA ERES UN GRAN CHICO

YA ERES UN GRAN CHICO
Francis Ford Copola

Ya eres un gran chico es el primer film que  Francis Ford Copola lleva a la pantalla grande en los años sesentas. Su  contenido podría abordarse desde distintos aspectos; no obstante, los que más interesan en esta ocasión se refieren a la correlación entre la idea de madurez que añora el joven Bernard Chanticleer a fin de despertar a la vida adulta y el escenario de la Biblioteca Pública de Nueva York donde se desarrolla parte de la historia. Las dicotomías temáticas que van definiendo la historia  en el film se presentan desde un inicio. Aparece la imagen de una extraordinaria sala de lectura que alberga la biblioteca,  una sala que nos invita a la solemnidad, a la armonía y por supuesto a la gestación del conocimiento,  el espectador se adentra  silenciosamente  al interior de este recinto con apariencia medieval que custodia la sabiduría; sin embargo, esta imagen se ve atropellada por la aparición abrupta de Bárbara Darling, una chica histérica que va a representar a una sociedad artificial y de consumo.

Las escasas imágenes que aparecen  de la Biblioteca exhaltan la grandiosidad del acervo bibliográfico y la disposición de salas de lectura que muestran un poderío norteamericano. La biblioteca deifica la importancia de la cultura en el destino de Norteamérica, no en balde hasta  estos momentos tiene el poderío tecnológico más sorprendente y sofisticado de la historia de la humanidad y esta tecnología es justamente lo que se relaciona y asocia con el término conocimiento.

En la película de Copola la biblioteca además de ser un espacio de extraordinaria belleza,  representa un recinto de culto  al libro,  un detonador  de la acreción cultural, cómplice  de un acelerado desarrollo tecnológico como se muestra en el filme la aparición del pupilente,  vemos, sin embargo, que el joven protagonista jamás logra percibir  que tiene a su alcance inmediato un universo de conocimientos para encontrar su identidad, un patrimonio cultural que podría incidir  extraordinariamente en su educación y formación individual. Así, ni la madre del joven Bernard, una mujer edípica, sobreprotectora y egoísta, y quien es la represión disfrazada de amor, de crianza y educación, así tampoco el padre lujurioso, pese a ser el director de la biblioteca, logran percibir que su hijo pudiera obtener una próspera formación y educación y no únicamente desempeñarse como un mozo deambulante del patinaje que tiene por oficio la transportación del libro, su labor consiste en buscar los libros que solicitan los usuarios  y una vez encontrados los deposita en una máquina transportadora tipo elevador para que al final los libros sean entregados a los destinatarios. La inmadurez de Bernard no le permite  reparar en que esta tarea podría incidir en su desarrollo y sobre todo  beneficiar el tránsito de su adolescencia a los inicios de una juventud madura.

En general,  las preocupaciones de los personajes se perciben  totalmente ajenas a lo que esencialmente les brinda la biblioteca, una incidencia cultural y educativa, sobre todo, como ya se mencionó, en el caso del joven Bernard.

Por otro lado, Copola describe a una sociedad cosificada en donde el mismo  libro como el automóvil rojo convertible, las imágenes de apetito sexual, la muñeca plástica  de Bárbara Darling, el perro, constituyen  un objeto más de consumo,  un artificio imperante para la época.

En la película  podrían destacarse algunos otros elementos o figuras que si bien son imprescindibles para la historia del film no son en esencia paralelos a la importancia de la biblioteca como escenario principal. Está por ejemplo, la aparición de Amy Partlet, una chica empleada de la biblioteca quien está enamorada de Bernard y quien además es seducida por el padre de éste. Amy es, finalmente, quien ofrece un apoyo  incondicional al conflicto de Bernard por alcanzar la madurez. 

Raef del Grado es otro chico empleado de la biblioteca quien induce a Bernard a la experiencia de las drogas y es quien además lo traiciona acostándose con Bárbara Darling, la chica de la cual Bernard está enamorado y con quien no logró satisfacer sus primeras experiencias sexuales.

Bárbara Darling una actriz neurótica  adicta a la fama y al glamour, la moda, la belleza y quien presume experiencia  en el mundo de la seducción no hace más que jugar con la inocencia de Bernard, ella lo reta, lo humilla, lo compara. Su fama logra el éxito cuando al final de la película persigue a éste quien huye con la Biblia de su padre.

La película de Copola se presenta provocadora debido  a que el libro -de acuerdo al filme- no representa el epicentro para el desarrollo de la cultura, como un elemento por excelencia transformador de la sociedad. En este sentido, la estratagema debe ser cómo convertir estos inmuebles en centros educativos culturales y sociales, en espacios  de un verdadero desarrollo integral humano.

La película incita a la reflexión y  preguntar cuál es el verdadero papel de quienes fungimos como bibliotecarios o mediadores de la lectura, del libro y los lectores. El compromiso y  responsabilidad van más allá de la simple atención al usuario o de gozar con inmuebles sofisticados que alberguen un acervo bibliográfico amplio y diverso. Quienes somos responsables de acercar a los lectores a los libros suponemos gozar de una apertura amplia a la cultura de los libros y la lectura, al conocimiento, a la reflexión y el diálogo. Los libros los tenemos a nuestro alcance y representan para nosotros una exquisita fuente de vida. Aprovechémoslos y leámoslos.

María de los Angeles Valle López

Desde dónde plantear los hábitos de lectura, con qué finalidad, desde dónde plantear las competencias lectoras a desarrollar. Qué es eso de la obligación y el gusto de leer. Dónde radica la preocupación de los maestros, de los padres, de la sociedad por los pocos hábitos lectores. Qué es finalmente lo que la lectura nos proporciona, en qué sentido. Qué se pretende con leer. Quiénes leen y quienes no.


María de los Ángeles Valle López
(Texto leído en las XLI Jornadas Mexicanas de Biblioteconomía)

De la lectura del libro a la lectura de la realidad en el mismo viaje y de regreso: los talleres de lectura en la biblioteca pública como herramienta de formación del bibliotecario.

In memoriam Armando Gómez Pozos

Que ahora dudes creer, lector sesudo,
lo que a decirte voy, no me molesta:
yo lo vi por mis ojos, y aún lo dudo.
Dante Alighieri

Como casi siempre que inicio un escrito todas las ideas previas a él, se esconden, se encogen, se ocultan, desaparecen. Eso resulta muy frustrante porque no tengo esperanza siquiera de decir un inspirado ¡Wingardium leviosa!, o al menos un Chin, pun, pan, tortillas, papas, para hacer aparecer las palabras adecuadas de esta comunicación. Siendo de esta manera, se me ocurre que tengo poco que decir en un evento como este, es por ello que durante los siguientes minutos dejaré hablar a las y los asistentes a los talleres que oferta la Biblioteca Pública Central Estatal “Mauricio Magdaleno”, de Zacatecas, Zac., siendo materia prima principalmente “Mis Vacaciones en la Biblioteca” con alguna que otra moderación inmoderada de este servidor.

Hasta principios del milenio, la biblioteca en cuestión atendía en los talleres de verano “Mis Vacaciones en la Biblioteca” a niños y preadolescentes. En escasas ocasiones se atendió el público juvenil y adulto. Al momento de escribir estas líneas la memoria no me alcanza para ubicar el año con exactitud, pero debió ser 2002, cuando se conjugaron varios factores para que se abriera un grupo para mayores de 13 años. La asistencia fue de apenas superior a una decena. Ahí fuimos testigos del desencuentro familiar de una madre y su hija por la elección de la carrera profesional. No existía una planeación como tal para las sesiones. Dialogábamos y a partir de ahí surgían lecturas y adaptaciones de las actividades de los manuales.

Al siguiente año el pequeño espacio ya no fue suficiente. El grupo se había duplicado. Habían regresado algunos y con invitados, otros más se integraron por curiosidad. Pero para nosotros no representaba eso sino un aumento en la estadística. No conservábamos copia de los trabajos realizados, no pedíamos opiniones o sugerencias a los asistentes. Eran las inscripciones, el taller, la clausura y el convivio.

Para 2003, la inscripción había superado las treinta personas. Aunque regularmente acudían alrededor de 28. Ese fue un grupo muy especial porque de ahí surgieron inquietudes, se detectaron intereses, aparecieron ideas, nos comprometía a mejorar.

De ese grupo, tomaré la evaluación de una pequeñita de trece años que descubrió que podía escribir algo propio, ser dueña de su discurso. Para variar, y como he mencionado, aún en ese tercer año se planificaba al momento o un día antes. Así sucedió con el siguiente ejercicio. La consigna fue llevar a la biblioteca aquel objeto que fuera altamente significativo para ellos. Llegaron almohadas, peluches, pulseras, libros, discos, ¡piedras!, sí también llevaron piedras.

La actividad consistía en hacer una serie de preguntas en torno al objeto significativo, responderlas y con las respuestas elaborar un texto. Dejemos la palabra a Cristina Silva Jiménez que en aquel entonces tenía 13 años:

Mis muñecos huelen a hospital, medicinas, inyecciones, enfermedades y enfermeras y esto me lleva a recordar a las personas que me las regalaron. Mi mamá huele a tela e hilo y mi abuelo a soledad, entonces recuerdo las noches de miedo que mi mamá me consolaba, y mi abuelo nos veía jugar con las mangueras del parque Sierra de Alica y nos llevaba a ver el teleférico desde el mirador del periférico.
Mis muchecos (sic) son tierno, caliente, bello y mientras veo llover me provoca ronchas, pienso en las tardes cuando nos mojabamos (sic) con mi abuelo y regresabamos (sic) a la casa para que mi mamá me regañara.
El sabor del limón me lleva a las fiestas donde mi mama (sic) tomaba tequila Jarro viejo con limón.

Al momento de compartir los escritos esta niña fue la que se llevó la ovación y también la primera sorprendida con su producto. Quiero resaltar, de igual manera, la presencia de un chico de nombre Francisco y al cual le agradaba le dijeran Paco. Pues bien, Paco nos había acompañado desde un año antes, cuando él tenía 12. Siempre había acudido con sudaderas de capucha que le cubría la cabeza. En esa época alguien en la biblioteca consideró pertinente que quien ingresara a la misma se descubriera la cabeza cual si entrara a un templo religioso. Siempre me pareció absurda la medida, pero había que acatarla. A Paco se le permitía que no cumpliera con esa norma, había algo en él que manifestaba su rechazo absoluto a ella. Hacia la segunda semana, por sí solo, Paco se quitó la capucha y descubrimos algo: sólo tenía una oreja, pero nadie hizo el más mínimo comentario ni expresión alguna. Paco se desenvolvió bastante bien, se interesó por la poesía de Neruda e incluso bosquejó un grafitti a partir de un soneto del vate chileno, en su cuaderno con la firme intención de realizarlo en una pared de su colonia.

Ese fue el primer taller donde pedíamos a los asistentes que nos evaluaran junto con  el espacio, la temática y la coordinación. Comparto la opinión de Paco:

igual que el año pasado al curso que vine estuvo un poco mas divertido por casi no asemos (sic) nada y puro juego y en este taller es igual pero por mayor rason (sic) pues aprendi (sic) cosas que no sabia (sic) bien o no las memorisaba (sic) y me yevo (sic) un recuerdo de unos amigos muy especiales por varias rasones (sic) que me trataron como una persona.

Cuando leímos las últimas seis palabras de Paco nos conmovimos. ¿Entonces cómo lo habían tratado en otros espacios? ¿Hablamos de la escuela, la calle, incluso la casa? Ese año aprendimos lo importante que es hacer consciente al ser humano de su propio discurso, de su capacidad de crear con las palabras. Por eso Cristina estaba emocionada. Escribir ya no era sólo copiar, era inventar, recrear, componer el mundo. También aprendimos que la biblioteca pública siendo una institución humanística, antes que formar lectores, debe formar seres humanos. Paco nos dio la muestra.

No tengo muy claro si fue ese mismo año o uno anterior que al momento de las inscripciones llegó un señor con una edad oscilante entre 65 y 70 años: J. Carmen Carrillo C., lo llamábamos Don Carmelo. Él llevaba a su nieta de 14 años a los talleres. Lo convencimos que se inscribiera también él y después de mucho negociar lo conseguimos. Después de dos días de actividades, la jovencita no regresó. Pero Don Carmelo estuvo las cuatro semanas. El primer día se quiso retirar cuando observó que él era el mayor y había muchos adolescentes. Siempre participaba y era escuchado, siempre aportaba y consolidaba el respeto de los jóvenes anarquistas. Al concluir esa edición de los talleres, Don Carmelo nos pidió unos minutos para compartirnos algo muy especial: sus poemas. Vaya sorpresa, el hombre en plenitud, vendedor de chocolate de metate, el cual se autodescribía como precario culturalmente, era un poeta. Un poeta con sus fronteras, pero un poeta.

Si la biblioteca no es capaz de despojar del aura académica a la lectura. Poco se puede realizar. Los siguientes testimonios también aportaron luz en este interminable aprendizaje de la promoción de la lectura:
Qué me pareció? `¡Uff! Yo quisiera decir muchísimas cosas, ya que me parecieron excelentes, la verdad yo no me los imaginaba así y me llevé una grata sorpresa al ir descubriendo lo maravilloso que era.
Si quisiera hacer un resumen diría lo siguiente: Hagan de cuenta que yo fui a divertirme, a pasármela bien, y al mismo tiempo aprendía cosas, me daba cuenta de muchos textos interesantes, por otra parte, conoces gente, y lo que más me gustó es que como cada quien tenía muchas cosas que aportar y compartir, el enriquecimiento y el aprendizaje fue increíble. Cada día aprendí algo nuevo que nunca me hubiera imaginado.
Cada sesión era relajante, motivante, estaba ansiosa de levantarme cada mañana porque ya quería llegar a la biblioteca al taller, ya que no sabíamos qué veríamos ese día, pero estaba segura de que sería algo padrísimo, como siempre.
Se puede decir, que con sólo haber venido a este taller valieron la pena las vacaciones.
María Fernanda Arellano Iracheta (17 años)

Y ahora que se acerca el final de esta historia, donde aprendí muchas cosas, quien (sic) lo diría en un mes pueden cambiar muchas cosas, y en ocasiones una vida entera.
Elizabeth Villasana Mercado

Quando (sic) estube (sic) sabendo (sic) que ia (sic) tener “mis vacaciones en la biblioteca” yo pensaba que além (sic) de me ocupar mis tiempo en cosa util (sic), aprender el español, pues me gustou (sic) mucho pues los dos persona que coderna (sic) ese evento son muy buena onda. Sei (sic) que esse (sic) tempo (sic) que passei (sic) solo fue cosa buena y que cada dia que vengo aqui (sic) aprendo cada vez mas (sic). Pensava (sic) que yo iria (sic) ler (sic), jugar, bromar mucho y ser cosa muy divertida y no abujida (sic). Me quedo muy contente (sic) pues fue la mejor cosa que puedo hacer. Como normalmente en mis vacaciones me voy a la playa y aqui (sic) me voy a la biblioteca, se me mamá de Brasil soubese (sic) disso (sic), ella vas a pensar que yo estoy doente (sic)…
Pues ella sabe que yo no me gusto (sic) a ler (sic) y tanpoco (sic) estudiar… en vez de ir a la playa voy en la biblioteca a ler (sic), divertir y hacer muchas cosas buenas.
Yo me sinto (sic) muy contente (sic)... fue mi mejor vacaciones que passey (sic) en mi vida… yo solo aprendi (sic) y aproveitei (sic) tudo (sic) de bueno.
Sabe yo ler (sic) um (sic) Livro (sic) es un drama y aquí leio (sic) el libro de una forma mas simples. mi (sic) vida vai (sic) cambiar… pues ahora voy a impesar (sic) a ler (sic) mas (sic) libro, pues yo percibi (sic) como (sic) el libro nos dan (sic) mucha (sic) conocimiento. Vale a pena ira na (sic) biblioteca invez (sic) de ir para la playa.
Carolina De Pontes Picudo (18 años).

Al inscribirme pensé que todas las dos horas y media nos ivan (sic) a tener leyendo un libro grueso, grueso y sin dibujos y que para el siguiente dia (sic) tendriamos que traer un resumen del libro y asi (sic) todo el triste curso.
Ricardo Dávila Gutiérrez

Sin que fuera nuestro propósito y sin tener los conocimientos, fuimos y seguimos descubriendo los alcances de las actividades de lectura. Como escuchamos a María Fernanda, no sabía que íbamos a hacer cada día. A fuerza de ser francos, tampoco lo sabíamos nosotros. En esa época las sesiones se desarrollaban así: esperábamos que llegara la mitad más uno del grupo, lanzábamos alguna pregunta detonadora, por ejemplo: ¿qué te atrae de una persona? ¿qué haces en tu tiempo libre? ¿qué música te gusta?, las respuestas nos daban luz en torno al tema. Lo que siempre tuvimos claro, y también debo reconocer que en ese momento tampoco lo podíamos explicar, es que las actividades de lectura deberían estar acompañadas de la escritura. La circulación de la palabra debería ser explotada en todas sus vertientes.

Lo más sencillo para diseñar estas actividades de escritura era, y sigue siendo, reproducir los esquemas, es decir, reescribir, pero a partir de sus propios referentes, experiencias, palabras. Mi moderación en este diálogo pluripersonal volverá a ser inmoderada y me permitiré platicar una experiencia en torno a este asunto de la escritura.

En noviembre pasado acudió a la oficina un profesor que estaba a punto de doctorarse en un proyecto de lectura con jóvenes. Pidió el apoyo para implementar una actividad de animación a la lectura con alumnos de tercer año de secundaria. La sesión se llevaría a cabo en la misma escuela, ubicada en Sombrerete, municipio al norte de la capital zacatecana. Hay actividades que tenemos como caballitos de batalla. Una de ellas surgió en los primeros talleres. Y consiste en leer y narrar algunos capítulos de la novela de Antonio Skármeta, El cartero de Neruda. La trama que se trabaja tiene que ver con una historia de amor del cartero, Mario Jiménez, y Beatriz González. La tercera en discordia es la “institución temible en Chile”, según palabras de Skármeta: la suegra, quien se opone terminantemente a la relación. Esta situación la aprovechamos para dividir al grupo en tres equipos: uno conformado por puras damas serán Beatriz González y le escribirán una carta a Mario Jiménez contándole que su madre la envía a Santiago para alejarla de él. El equipo decidirá qué es lo que sigue. El segundo equipo, conformado por varones, será Mario Jiménez pero como todo lo que utiliza para enamorar a Beatriz González sale más que de su inspiración de los libros de Neruda, pues se les pide a los chicos que escriban una carta de amor con frases copiadas de poemas o canciones que se sepan (una aclaración, queda estrictamente prohibido el reegeton), Finalmente, el tercer equipo será el de la suegra, Rosa viuda de González, este equipo también estará conformado por mujeres, y ellas elaborarán una carta para Mario donde le piden que deje en paz a Beatriz.

Durante la primera parte de la actividad había un joven que se manifestaba inquieto. Guardé silencio y le sugerí que saliera si lo creía conveniente, pero que nos dejara trabajar. Siguió la lectura y narración. Al momento de pasar a la escritura, el equipo de Mario Jiménez no escribía pero discutía mucho. Me acerqué y pregunté: ¿qué pasa que no escriben?. Uno de ellos preguntó: ¿Jiménez se escribe con “J” o con “G”?. Haciendo señas con los brazos los invité a hacer “time back” como los jugadores de futbol americano y les dije: “A mi me vale madre la ortografía, es más que chingue su madre la ortografía, ¿cómo ven?” El resultado no se hizo esperar. El escrito que era por equipo pasó a segundo término y la mayoría quería leer su propia creación. Al final hubo aplausos para ellos mismos y reconocimiento por sus escritos.

De regreso a Zacatecas capital, el maestro me dijo: “Le voy a comentar algo, pero también quiero que me diga algo”. Adelante, respondí. “El grupo que le tocó es el más difícil, siempre se salen de la clase. Al muchacho que le llamó la atención lo venían a buscar para irse, pero él no quería, por eso se mostraba inquieto. Es el mismo que leyó el poema mejor hecho (y aprovecho para decir que fue de su propia inspiración), ahora dígame, ¿cómo le hizo para que escribieran? ¿qué les dijo cuando los juntó?”. Le platiqué la táctica y también le dije que esa era una ventaja mía: el poder comunicarme con los jóvenes con su lenguaje, sin ofendernos mutuamente.

Dicha situación me ha permitido entablar diálogos más estrechos con esta generación. Alguna ocasión tuve a un chico del Distrito Federal que iba de vacaciones a Zacatecas. Estuvo en los talleres y de la manera más natural se dirigía a mi como güey, al principio me incomodó, después pensé que era su registro oral e intenté ingresar en él, diciéndole también güey. El chico, lejos de molestarse, se mostró agradado. Meses después me lo encontré en el Messenger y me escribió que le había platicado a sus amigos que había conocido un maestro en Zacatecas con el que se hablaba de güey. Me dio risa y sólo respondí: Sí, somos dos güeyes bien contentos.

Otra enseñanza, los jóvenes se acercan más a la lectura cuando los registros del lenguaje están más cerca de su oralidad, cuando sienten que el libro les habla como un amigo y no como un sermón de alguien que ni conocen. Ellos, y siendo sinceros ni nosotros, hablan así: “Por cierto, fermosas señoras, yo soy muy contento de hacer lo que me pedís”, ellos utilizan la economía del lenguaje en su máxima expresión (y ahora con las tic’s más) y sólo mencionan: Me late lo que me pides.

Quiero apuntar que no se trata de desdeñar ni minimizar las grandes obras de la literatura, que por algo son grandes, ni matar a la ortografía, que por algo existe. Se trata de hacer más accesible el camino hacia la palabra escrita. Se trata de mostrarles que el mundo de la lengua es más rico que “Dame más gasolina” o Jordy Rosado o Luis García (con todo y su limitadísimo léxico). Que escuchar es más que oír. Que la lectura, la escritura, la conversación serán herramientas de aprendizaje permanente en la medida en que las utilicemos de forma creativa. Que si yo quiero ser Juan del Diablo, usted señora, puede ser con toda justicia Quiela y mentarle la madre a Diego Rivera. Se trata de asumir la palabra como algo propio, espejo que nos crea, nos modifica y nos perpetúa como especie y como individuos (e indivuduas).
Concluiré esta participación compartiendo una carta de Cristina Silva Jiménez, esa muchachita con la que inicié, la misma de los muñecos de peluche. Hace dos años había decidido que serían los últimos talleres que impartiera en la biblioteca. Problemas y desencuentro laborales con mis superiores me llevaban a tomar tal consideración. Así lo manifesté a los asistentes y el día de mi cumpleaños recibí un correo electrónico que me hizo rectificar:

Hace 4 años aburrida y cansada de las vacaciones, literalmente mi hermana mayor me jaló a la biblioteca argumentando que un tipo que habían conocido ella y mi papá años atrás, estaba dando unos cursos de verano en la biblioteca, cuando escuché esa palabra “biblioteca, letras, libros, leer” ¡no!, era  semejante a ir a las tortillas a los dos de la tarde con el sol a todo lo que da.
Cuando llegué lo primero que vi fue a hombres y mujeres  de diversas edades reunidas por el mismo gusto o disgusto, según el caso – la lectura -, una cueva que le llamaban salón llena de cajas que goteaba y un niño que me pedía que le hiciera aviones de papel por que su papá no sabía.
Pasaron las semanas critique y disfrute a un tal Pablo Neruda que tenía un cartero un tanto distraído que años después llego para todos los que llevaron obligatoriamente al curso de verano, le gusta cuando callas y escribió los versos mas tristes en una noche.
A un tal Gabo que me dio un texto para dedicar a un par de personas:
“Por vos nací, por voz tengo la vida, por vos he de morir y por vos muero”
Me contó la vida de Úrsula al lado del otoño del patriarca y me enseñó que hay más demonios aparte del amor.
Francisco Hinojosa con léperas contra mocosos, y su peor señora del mundo. Don Luis y Gala paliando el amor de Solé, Quiela escribiendo cartas a su querido Diego y Tita sufriendo su triste destino.
Y lo mejor un fulano que se comía la luna a cucharadas, los amorosos lloraban cuando se iba canonizo a las putas, sufría la muerte de la Tía Chofi, odiaba que enterraran a los muertos evitando a que vinieran a contarnos de su muerte, miraba – junto al gato- a una niña tocar el piano, hay un de hacérsele completamente feliz, y me ayudo a entender que no moría de amor si no de los insoportable que era sin él, aunque la verdad yo no lo se de cierto pero supongo.
Cambiamos de edificio que “la verdad” también se goteaba pero solo cuando llovía, pero al menos teníamos muchos estantes en un salón denominado “tertulias y algo mas”, lleno de libros que conocieron cientos de historias en cada casa que visitaron y fueron tocados por muchas manos.
En julio de 2008 llegué a inscribirme y me encontré con un salón vacio, sin estantes y libros en cajas o en le suelo; y un maestro triste por que tal vez no llevaría acabo el curso, peor eso no permitió que el ánimo decayera y el curso se llevó a cabo.
Cuando menos acorde ya tenía una caja repleta de poemas, cuentos, definiciones de palabras raras, trabalenguas, incluso conocí el síndrome de Candy Candy y el de la Tía Sandra cosas que jamás yo podría haber hecho.
Y todo esto gracias a una sola persona que a pesar de las trabas, falta de material, espacio y de la desconfianza e incredulidad de sus superiores logró, a pesar de su odio a  mi afición al América, el Cuau y mi amor por Arjona enseñarme todo esto.
Lamentablemente tal vez éste sea el último año que nos veamos y que des curso, pero tendrás la satisfacción de que – así como conmigo- muchas personas sin ni siquiera darse cuenta escribieran y empezaran a disfrutar de la lectura.
Lo único malo es que escribí esto escuchando Arjona.

Cristina S. Jiménez
25 de Julio de 2008

La biblioteca propicia que hagamos cosas por otros y ni nos demos cuenta. He compartido con ustedes algunas historias de éxito, sin embargo, tengo mucho más de fracasos, de esas platicaremos en otra ocasión. Muchas gracias.

(Ponencia leída en el Encuentro Estatal de Fomento a la Lectura, Pachuca, Hidalgo, 22 de abril de 2010)

LA COMPRENSIÓN LECTORA COMO UN PROCESO DE RESIGNIFICACIÓN



Leer es escribir en el mundo como signo, entrar en la cadena significante, elaborar continuamente interpretaciones que dan sentido al mundo, registrarlas con palabras, gestos y trazos. Leer es significar y al mismo tiempo volverse significante. La lectura es una escritura de sí mismo, en la relación interactiva que da sentido al mundo.

                                                                                                                                                               Eleana Yunes


El presente trabajo tiene como finalidad compartir algunas ideas en torno a la comprensión lectora de acuerdo a las experiencias con docentes de preescolar, primaria y secundaria en el marco del Diplomado “La formación de lectores y escritores: una tarea integral de la Educación Básica” ciclo escolar 2008 – 2009”. El propósito consistió en que los profesores  conocieran, experimentaran y analizaran algunas propuestas elementales de formación de lectores y escritores en el aula, acordes con los nuevos programas curriculares y que les permitieran diversificar y enriquecer su práctica docente a favor de los alumnos. Los temas fueron los siguientes: la conciencia lingüística donde se abordaron los principios básicos de morfología, sintaxis, semántica y pragmática; la producción de textos; técnicas para la lectura en voz alta del maestro; exploración y disponibilidad de las bibliotecas escolares y de aula;  diversidad de textos y comprensión lectora.             Los productos finales del diplomado consistieron en la elaboración de registros que los maestros realizaron de acuerdo a la puesta en práctica en el aula de las diversas actividades  que se vertieron en cada uno de los módulos. De esta manera los registros  fueron el motor que dio  impulso a la realización de este trabajo.

El tema de la comprensión lectora se delimitó  y sólo se abordaron algunos  factores que intervienen en  este  proceso, tales como: propósitos de lectura, la información previa del lector, desarrollo de inferencias y las preguntas como formas propiciadoras de diálogo y apoyo al proceso de comprensión. Los cuestionamientos compartidos con los profesores fueron varios: cómo era tradicionalmente y sigue siendo concebido el concepto de comprensión lectora en las aulas, cómo entienden ellos este proceso que no sólo tiene que ver con el desarrollo de habilidades sino en el que intervienen distintos factores que en muchas escuelas siguen sin ser analizados aún. Cuáles son las herramientas necesarias, los procedimientos adecuados para que los alumnos comprendan lo que leen e interpreten “correctamente”. Y aunque fueron muchas las preguntas se dilucidó en lo posible. Ahora, entro en materia.

Por definición, la comprensión lectora se entiende como un proceso a través del cual el lector elabora un significado en su interacción con el texto, aquélla se deriva de sus experiencias acumuladas que entran en juego y se ven actividades a medida que descodifica las palabras, frases, párrafos e ideas del autor; la interacción entre el lector y el texto es el fundamento de la comprensión. Bajo esta premisa la comprensión no corresponde únicamente al entendimiento del mundo del texto porque el acto de lectura exige activar siempre los conocimientos del lector al mismo tiempo que actualiza los del texto. Comprender no es entender de una vez y por todas lo que dice el texto, al penetrar en su sentido  se hace posible la interacción de esos dos universos: texto y lector. Leer supone significar, resignificar, construir, modificar y recrear. Concebir así la comprensión fue necesario remitirse a una reflexión sobre el concepto de lectura en términos amplios y quizás abarcadores. La lectura y su comprensión está precedida por otra lectura de textos no escritos, y aquí se trae a colación las reflexiones de Paulo Freire de su ya famoso discurso “La importancia del acto de leer” donde señala que dicho acto no se agota en la descodificación de la palabra escrita sino que se anticipa  y se prolonga en la inteligencia del mundo

La lectura del mundo precede a la lectura de la palabra, de ahí que la posterior lectura de ésta no pueda prescindir de la continuidad de la lectura de aquél. Lenguaje y realidad se vinculan dinámicamente. La comprensión del texto a ser alcanzada por su lectura crítica implica la percepción de relaciones entre el texto y el contexto [1]


                Penetrar en la comprensión del texto es penetrar en el entendimiento y comprensión del mundo. Las primeras experiencias “significativas” de percepción y significación de las cosas constituyen aquellas lecturas que más tarde se presentan a través de las letras, las palabras, los textos. La significación del contexto responde, si no igual, sí semejante a la significación de la palabra escrita, de esta manera, los acontecimientos del mundo ya sean naturales o culturales no se presentan “naturales”, sino como un discurso. La posición y desempeño de las cosas en el entorno se presentan bajo una lógica gramatical, sintagmática, semántica.

El desciframiento de la palabra fluía naturalmente de la “lectura” del mundo particular. (…) la lectura de la palabra, de la frase, de la oración, jamás significó una ruptura con la “lectura del mundo. [2]   

Se  transita el tiempo y el espacio a través de  lecturas infinitas,  lecturas que obligan a comprender el mundo, a descifrarlo y habitarlo. La lectura está ahí prevista e imprevista haciéndose desde siempre, desde antes de leer  las grafías, las palabras, las que  forman y por siempre  nombran. De ahí la importancia de ofrecer y compartir con los profesores una connotación más amplia del acto de leer,  una reconceptualización de  lectura donde  leer no es sólo descifrar, descodificar la palabra escrita, y comprender no es sólo recuperar datos específicos de un texto.

La reflexión anterior cedió el paso a uno de los objetos de análisis en este acercamiento a la comprensión lectora: los conocimientos previos del lector, conocimientos que están estimulados por la inteligencia del mundo y su constante interacción. Se piensa, se evoca y se rememora antes de asistir a la lectura formal del texto, y en consecuencia se pone a prueba el cúmulo de conocimientos de los lectores. Al abordar el texto es necesario  cuestionar cuál es el bagaje de información con que cuentan los alumnos de manera que se condiciona y garantiza en gran medida la interpretación y construcción de sentido; además de referir elementos temáticos en relación a los contenidos del texto, a las expectativas, intereses, vivencias, ámbitos afectivos del alumno, el conocimiento previo pone a prueba su competencia lingüística: conocimientos sobre la organización interna del texto: coherencia y cohesión, conocimientos morfológicos, sintácticos y semánticos. La información acumulada del entorno y de nosotros mismos se presenta, según la psicología cognitiva, en forma de esquemas mentales, facilitando la comprensión de lo leído, permitiéndonos hacer asociaciones y conexiones pertinentes para lograr la comprensión.

Los esquemas se definen como las estructuras mentales que construye el sujeto en interacción con el ambiente y que organizan su conocimiento y el modo de usarlo. Los esquemas de conocimiento se aplican a cualquier ámbito de la experiencia (...) Todo lo que se sabe se va organizando y reorganizando cada vez que se incorporan nuevas informaciones en una especie de redes interrelacionadas.[3]

Los tres siguientes ejemplos son el registro de lo que los maestros realizaron en el aula con relación a la activación de conocimientos previos:[4]

Caso 2       Alumnos de cuarto grado de primaria.                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                         
Mo. Antes de comenzar me permití preguntarles si alguna vez habían escuchado historias o cuentos de Piratas, o bien, visto alguna película en donde protagonizaran ellos y por supuesto las respuestas fueron inmediatas diciendo a coro que sí…les platiqué que la lectura que compartiría habla o involucra precisamente éste tipo de personajes siendo para mí un género de mucho agrado (el de cuentos e historias), mencioné que el libro era de una pequeña colección de historias de diferentes países de continente Americano como por ejemplo: Venezuela, Colombia, México, Uruguay, etc. Y la lectura  que había elegido era “El tesoro del monaguillo”, cuento chileno.

Caso 3  Alumnos de segundo grado de primaria.
Ma. El hacer esta tarea se me hizo muy interesante; primeramente tuve que volver a leer algunos cuentos del Rincón que se me hicieron interesantes, pero que los leí con la intención de dárselos a los niños y aplicar la estrategia de comprensión lectora por medio de la resolución de algunas preguntas (cerradas y abiertas).
El cuento que escogí fue el de “El príncipe feliz” de Oscar Wilde, lo leí varias veces y después diseñé las preguntas. Trabajo con niños de primero y segundo grados, primeramente activé conocimientos previos a partir del título del cuento por medio de cuestionamientos diversos entre otros: ¿Qué es un príncipe? ¿Conocen a los príncipes? ¿Dónde viven los príncipes? ¿Cómo son los príncipes? etc, hubo una buena socialización y participación de los niños; la mayoría de los niños sí supieron qué es un príncipe, después me enfoqué a los personajes del cuento, que en este caso es una estatua, una golondrina y el guardián de los cuales realicé diferentes cuestionamientos para que los niños discutieran acerca de ellos, dándome cuenta que “estatua” no comprendían qué era, pero finalmente se comprendió lo que organicé”.

Caso 4  Alumnos de sexto grado de primaria.
Ma. Se comenzó la actividad repartiendo la lectura de manera individual, después les comenté que el cuento que iba a leer era de origen maya y que era tipo leyenda, es decir que los papás les contaban la historia a sus hijos y éstos cuando eran mayores también se la contaban a sus hijos y así sucesivamente. Se les comentó que el cuento se llamaba ”La muerte, comadre del Batab”  y que Batab es una palabra maya que significa cacique del pueblo, además se explicó que un cacique es una persona que en determinado lugar ejerce excesiva influencia en el pueblo, que por lo general son personas adineradas.”

                Las acotaciones previas a la lectura que los maestros realizaron sirvieron de estímulo a las aportaciones de los alumnos, así vemos que, en los casos dos y tres el maestro hace preguntas con el fin de propiciar el diálogo y la reflexión en torno al contenido del texto, en el caso cuatro la maestra inicia con una explicación introduciendo a los alumnos en el tema y asegurándoles la comprensión de algunos conceptos clave en el cuento. La intervención previa de los maestros a la lectura puede garantizar una comprensión compartida al menos en términos generales. En este sentido, los alumnos lectores podrían compartir un esquema o plan de lectura que les permitiera entender qué saben y qué no acerca de lo que van a leer. Otros maestros, sin embargo, de acuerdo a sus registros, desatendieron los propósitos de conocimiento previo ya que no se hizo presente la participación activa de la maestra y los alumnos. El ejemplo siguiente muestra lo anterior:

Caso 1 Alumnos de quinto grado de primaria.
Ma. La maestra repartió una hoja del texto a cada niño y les dijo que tenían 5 minutos para leerlo y quien terminara antes de tiempo que no hablara y se esperara a que pasara el tiempo; todos los niños se mantuvieron en silencio y concentrados en la lectura; terminando el tiempo la maestra dijo: favor de entregarme las hojas, en ese momento se pararon todos los niños a entregar  el texto; la maestra les dijo que se sentaran, en cuanto los niños se sentaron la maestra les dijo que les iba a entregar unas preguntas para que las contestaran; dio un paquete de preguntas al inicio de cada fila y los niños las fueron pasando el último fue Isaac y enseguida la maestra dijo que podían empezar a contestarlas.

El ejemplo destaca una de las prácticas tradicionales en el tratamiento de la comprensión lectora. La dinámica de lectura por lo general se presenta bajo el esquema lectura/pregunta/respuesta, y en este caso, aunque el propósito no es propiamente la evaluación de la comprensión, la maestra carece de iniciativa para activar conocimientos sobre el texto. Lo anterior nos lleva a reflexionar y confirmar que la lectura en el aula, en el mayor de los casos, está intimidada por la presencia de las preguntas, pero este procedimiento de lectura no coincide con mucho en situaciones reales de lectura, a menos de que se trate, reitero, de evaluación de la lectura.

                La activación de conocimientos previos se haya en estrecha relación con la activación de inferencias en el proceso lector. Ambos factores coinciden y se ponen a prueba para determinar el proceso global de la comprensión. Así pues, las inferencias representan un factor condicionante en la construcción de sentido e interpretación de los textos, ya que por medio de ellas se establecen hipótesis de aquello que no se explicita en la lectura. Las hipótesis pueden formularse a manera de expectativas o preguntas concediendo al lector la posibilidad de anticiparse a los aspectos del contenido, su formulación se establece en todos los niveles del texto, es decir, desde el nivel morfológico (forma y función de las palabras), sintáctico (estructura de las oraciones) léxico-semántico (distintas acepciones de las palabras de acuerdo a la naturaleza del texto), coherencia y cohesión (organización de párrafos y estructura integral del texto). Cabe señalar que el tema de las inferencias en el diplomado se realizó con prácticas de lectura tanto de textos en prosa como de imagen.

                El desarrollo y aplicación de las inferencias en el proceso de lectura, así como su verificación y autocorrección que ayudan a determinar el sentido e interpretación del texto muestran claramente la imposibilidad de asumir la comprensión lectora como un puro acto de transferencia de información del texto, no es suficiente extraer datos específicos o aprender sus elementos de memoria; al ser comprendido el texto, el lector es capaz de establecer relaciones entre la información del texto y esas otras que él posee, de tal manera que logra construir el significado con sus propias explicaciones.

El mecanismo de control de la comprensión implica un estado de alerta del lector que permite detectar el error tanto respecto al procesamiento de las sucesivas hipótesis y verificaciones como a su integración en una comprensión global de lo que se lee. Se trata de una actividad metacognitiva, de autoevaluación constante del lector sobre su propio proceso de construcción del sentido que le permite aceptar como válida la información recibida y, por lo tanto, continuar con la lectura, o bien, en el caso contrario, adoptar alguna estrategia que le permita rehacer el proceso para reconstruir el significado.[5]

                En seguida se exponen dos registros que muestran el procedimiento en la activación de inferencias a partir de dos textos narrativos con alumnos de primer grado de secundaria.

Caso 1  Alumnos de sexto grado de primaria.
Texto “La muerte, comadre del Batab”

Ma: ¿Qué hizo el Batab para que la muerte no pudiera reconocerlo?
Ao: Se peló a rapa y se puso un pañuelo.
Ma: -Les di la palabra a varios alumnos-
Aa. Se disfrazó
Ma: Y ¿Qué es disfrazarse?
Aa: Vestirse de otra manera para ser otra persona.
Ma: Muy bien, alguien tiene alguna otra cosa?
Ma: Crees que el Batab sentía miedo de morir? ¿Por qué?
-varios niños levantan la mano-
Aa: Sí tenía miedo porque él quería seguir disfrutando la vida.
Ma: ¿Por qué crees que él quería seguir disfrutando de la vida?
Aa: Por que (sic) él enterraba a los muertos y no quería morir y él quería seguir haciendo lo que hacía.
Ma: ¿En la lectura dice que enterraba a los muertos?
Ao: No, sólo dice que él veía cuando los enterraban.
Ma: Entonces por esa razón crees que tenía miedo morir. –la alumna no contesta nada y le doy la palabra a otro alumno-
Ao: yo pienso que él quería seguir disfrutando de la vida porque como era el cacique él tenía mucho dinero y hacía lo que él quería pues mandaba a todos y era muy feliz haciendo eso.
Ma: Muy bien, ¿tú crees que tener dinero y que todos hagan lo que nosotros queremos nos va a dar felicidad? –el alumno se queda pensando, otra alumna contesta-
Ao: Yo pienso que la felicidad es tener salud.
Ao: Yo también pero a lo mejor el cacique no.
Ma: Tienes razón, no podemos saber lo que para él es la felicidad, pero tal vez eso lo podemos suponer por el texto. ¿Alguien tiene algo diferente?
Aa: Sí tenía ganas de morir, porque quería formar una familia?
Ma: ¿Por qué piensas que quería formar una familia?
Ma: escucha con atención voy a volver a leer la lectura, quiero que te fijes si en algún momento la lectura dice que quería formar una familia, o sólo tú lo supones.
Ma: Menciona en algún momento algo de su familia, que la quería formar o bien que ya tenía hijos.
Ao: Ahí no dice nada de eso.
Ma: ¿Qué semejanza existe entre este cuento y el de la muerte pies ligeros? –varios alumnos levantan la mano-
Aa: Que la muerte pies ligeros quería acabar con el mundo y a esta muerte le dan órdenes.
Ao: En que en las dos la muerte se lleva a las personas, sin decir nada.
Ma: Sí, la muerte en los dos cuentos se encarga de que las personas mueran pero, de qué forma?
Ao: sin respetar a nadie
Otras preguntas que hace la maestra:
¿Qué se imaginan que hubiera pasado si el Batab en lugar de irse a la fiesta se hubiera ido a misa?
¿Qué opinan de que el Batab decide convertirse en compadre de la muerte para que no se lo lleve?
  
Caso 2
 Texto “La cerillera”

Mo: ¿Qué fue lo que perdió la niña al cruzar la calle?
Ao: Las zapatillas gastadas que traía.
Ao: Una zapatilla la perdió al cruzar entre dos coches y la otra se la llevó un niño que quería jugar con ella como si fuera un barco.
Mo: ¿Por qué creen que la niña vendía cerillas?
Ao: Porque era muy pobre.
Mo: Cómo sabes que era pobre.
Ao: Porque traía unas zapatillas bien gastadas y no eran de su número y además porque andaba desabrigada y la demás gente estaba bien protegida del frio (sic).
Aa: Maestra, yo creo que la niña vendía cerillas porque su papá la obligaba a trabajar en eso, porque él era un borracho que no tenía trabajo y explotaba a su propia hija.
Ao: Yo creo que vendía cerillas porque no tenía mamá y le tenía mucho miedo al papá, porque le pegaba si no vendía nada.
Mo: Por qué dices que no tenía mamá
Ao: Porque si tuviera mamá…
Mo: Por qué la niña se imaginaba varias cosas cada vez que encendía una cerilla.
Ao: Se imaginaba las cosas que ella deseaba…(sic)
Aa: Pero también se imaginaba ver un árbol de navidad.. (sic)
Ao: Yo creo que la niña sólo encendió la primera cerilla y se murió, y su espíritu se imaginaba todas las demás cosas.
Mo: Por qué dices que la niña murió después de encender la primera cerilla.
Ao: Porque una niña no puede andar mucho tiempo descalza…
Otras preguntas que hace el maestro:
Mo: Bien, sigamos con otras preguntas ¿En qué se parece el texto al cuento de Hansel y Gretel?
Mo: ¿Conocen a alguien que le haya sucedido a lo sucede algo parecido a lo que le ocurrió a la niña del cuento?
Mo: ¿Qué opinan de los niños y las niñas que trabajan a temprana edad?


Prescindimos en esta ocasión de un análisis riguroso y sistemático de las preguntas y respuestas de ambos registros; no obstante, el propósito ahora es destacar que la intervención de los maestros en alguna medida ejercitan los procesos y habilidades implicados en el proceso de lectura, pues con ella, los alumnos apuntalan a una construcción, al mismo tiempo colectiva y particular, del significado a través de las inferencias que se propician por medio de las preguntas de los maestros, las mismas que a su vez se generan en relación a las respuestas de los alumnos.

La práctica constante de estos procedimientos en el aula favorecerá a los alumnos en el desarrollo de sus competencias lectoras, e incidirá naturalmente en ellas,  en sus prácticas habituales de lectura que realicen tanto dentro  como fuera de la escuela.

Los conocimientos previos y la estimulación de inferencias están presididos por los  propósitos de la lectura. Qué se va a leer y para qué se va a leer, son cuestionamientos implícitos que de manera imperceptible y muchas veces inconsciente se vierten en el pensamiento del lector al estar frente a un texto. Este rubro fue motivo de discusión y análisis con los profesores, ya que según lo expresaron, a las prácticas en la enseñanza de la lectura muchas veces les resta claridad en relación a sus objetivos. El tema es crucial porque los objetivos van a determinar tanto las estrategias aplicadas para la comprensión como el control inconsciente que se ejerce sobre ella.

De la misma manera los propósitos de lectura  están presididos por los diferentes tipos de textos. La diversidad textual, como se sabe,  cumple funciones distintas y  cada acto de lectura en la escuela requiere propósitos específicos. Desde hace algunos años, a través de los programa Rincones de Lectura y posteriormente Programa Nacional de Lectura se promueve en las aulas la “lectura gratuita” cuya finalidad es que el maestro, en un momento determinado de su jornada, comparta con los alumnos, a través de la lectura en voz alta, un texto preferentemente literario del gusto de ambos, un cuento corto, un poema, una fábula, un fragmento de  novela u otro;  y, de esta manera, poco a poco  familiarizar a los alumnos con el lenguaje literario, establecer vehículos de afectividad con los libros, los temas, los autores, los distintos formatos textuales, las ilustraciones, y en fin, con todo lo que tiene que ver con la  palabra escrita (y oral) en el ámbito preferentemente literario. Esta práctica se realiza sin ningún otro motivo que el de propiciar, si el tiempo así lo permite, el diálogo, la conversación, el compartimiento  de lo que se lee, entre alumnos y maestros.[6]

Cuando se trata de la enseñanza de la comprensión lectora los propósitos de la lectura podrían quedar también muy claros, el maestro se ve obligado a conocer muy bien el texto,  saber por qué eligió ése  y no otro si se trata de uno literario, informativo o científico. Es fundamental aclarar a los alumnos cuál es el propósito de leer ese texto  cuando se trata de una lectura gratuita por ejemplo y cuando se aborda la enseñanza de la comprensión lectora de algún texto en particular, de este último por ejemplo saber en lo posible cómo trabajar la información previa de acuerdo al tema –preguntas, diálogo, esquemas, mapas conceptuales, cuadros sinópticos-, si es un texto adecuado para activar conocimientos previos o realizar anticipaciones, predicciones, inferencias y de esta manera orientar y ayudar a  los alumnos a  comprender el texto, construir su sentido  e interpretarlo. La interpretación que los alumnos realicen de una lectura en particular va a depender en gran medida del objetivo que se antepone a esa lectura, y así, aunque el contenido de un texto permanezca invariable son posibles interpretaciones distintas.

La determinación del propósito de lectura permite al lector adoptar una conducta eficiente respecto a cuestiones como la localización del texto apropiado, la adopción del tipo de lectura conveniente (de búsqueda rápida, de información amplia, de entretenimiento, etc.) y la apreciación del nivel de exigencia comprensiva que requiere.[7]


En el caso de los ejercicios que los maestros realizaron en el módulo de comprensión, los propósitos de lectura estuvieron encaminados a estimular los conocimientos previos y las inferencias de los alumnos de acuerdo a los diferentes tipos de textos que ellos abordarían, así como a establecer el propósito de lectura en cada uno de los textos.

                La comprensión lectora, como se mencionó al inicio de este trabajo, no puede concebirse  como un proceso que requiere, para su desarrollo,  de una enseñanza  rigurosamente sistemática y técnica. En la escuela,  el proceso de comprensión resulta ser complicado –sobretodo cuando se trata de evaluación de la misma- en la medida en que los alumnos lectores ponen en juego sus conocimientos y experiencias particulares para la construcción de sentido e interpretación; en este sentido no es posible definir con exactitud un listado de habilidades de comprensión. Sin embargo, para que la escuela incida verdaderamente en el desarrollo de las competencias lectoras de los alumnos tiene mucho por hacer. Si la misión de la escuela es convertir en lectores y  lectores competentes a los alumnos, es necesario –a pesar de las condiciones muchas veces adversas: el tiempo, la saturación de actividades, las evaluaciones, cubrir los programas curriculares, etc.- que los maestros realicen con frecuencia ejercicios de comprensión con distintos tipos de textos y adecuados para el grado escolar con el que trabajan, propiciar el diálogo a partir de  preguntas y respuestas; que en las aulas se lleven a cabo  frecuentes encuentros con los libros y se les brinde a los alumnos diversas oportunidades de lectura colectiva e individual –hacer usos frecuentes de las bibliotecas escolares y de aula-; que el maestro se asuma como un mediador y  provocador de la lectura, debe encarnar en el aula su experiencia lectora,  entablar con los alumnos una relación “de lector a lector”.

                Para terminar, considero que cualquier acto de lectura -trátese del propósito que se trate- por naturaleza propia se pone en juego la comprensión de lo leído, leer es comprender; quien lee se anticipa a lo leído, predice sobre lo leído, infiere, comprende e interpreta; escucha, dialoga, cuestiona, busca, encuentra y se reencuentra, se significa y resignifica.

María de los Ángeles Valle López


Bibliografía

 Cabalen, Donna Marie y Margarita A. de Sánchez, La lectura analítico-crítica. Un enfoque cognoscitivo aplicado al análisis de la información, Ed. Trillas, México, 2005.

CAIRNEY, T. H., Enseñanza de la comprensión lectora, Ed. Morata, Madrid, 1996.
Chambers,  Aidan, Dime, Ed. FCE, México, 2007
Colomer, Teresa, Enseñar a leer, enseñar a comprender, Ed. Celeste, Madrid, 1990
Cooper, David, Cómo mejorar la comprensión lectora, Ed. Visor, Madrid, 1998.
Competencias, Evaluación PISA, Manual de Maestro, SEP, México, 2009

Freire, Paulo La importancia del acto de leer y el proceso de liberación, Ed. Siglo XXI, México, 2006



[1] Freire, Paulo La importancia del acto de leer y el proceso de liberación, Ed. Siglo XXI, México, 2006, p. 94.
[2] Op. Cit. p. 99.

[3] Colomer, Teresa, Enseñar a leer, enseñar a comprender, Ed. Celeste, Madrid, 1990, p. 41
[4] La simbología que se eligió para la elaboración de registros fue la siguiente: Ma: maestra, Mo: maestro, Aa: alumna, Ao:alumno.
[5] Colomer, Teresa, Op. cit. p. 53.
[6] La lectura gratuita es sólo una de las muchas actividades que los maestros pueden hacer en relación a la promoción de la lectura,  a compartir con sus alumnos el gusto por la misma.
[7] Colomer, Teresa, Op. cit. p. 142